A lo largo de la historia, pocas cosas consiguen dar un testimonio tan fiel y detallado de una época como los libros. En ese sentido, casi se les podría considerar los fósiles de las ideas, salvando las distancias y teniendo en cuenta que en muchos casos pueden ser objetos muy vivos porque nunca pierden vigencia. Pues bien, la artista Alexis Arnold ha decidido hacer una interpretación completamente literal de los libros como fósiles y para ello ha creado su serie de libros cristalizados.
Utilizando cristales de bórax Alexis ha convertido en objetos de arte únicos desde libros como El guardián entre el centeno, Matar un ruiseñor o La Biblia hasta revistas como National Geographic o la Rolling Stone, pasando por un manual de Linux y de Photoshop o la guía de teléfonos de San Francisco.
Para crear sus libros cristalizados Alexis se inspiró, sobre todo, en la infinidad de publicaciones que se desechan diariamente y en el creciente protagonismo de los libros electrónicos. Según la artista su obra aborda la materialidad del libro impreso frente a su contenido, además de señalar su vulnerabilidad. Los cristales hacen que el libro, congelado en el tiempo, pierda su función original y se convierta en una especie de muestra geológica llena de nostalgia.

Llevará su tiempo, pero ocurrirá. Sucederá que nuestros libros de papel se conservarán en algunos lugares por razones de nostalgia y se mostrarán en otros para satisfacción de la curiosidad de las gentes. Su destino no será distinto del de los manuscritos antiguos, en papiro, pergamino o papel. La esperanza de vida de los libros en papel es mucho mayor que la nuestra, pero el implacable tiempo los va royendo en silencio. Atraviesan los siglos, pero devendrán en polvo.
Otros mueren por accidente. Yo tuve una perra a la que amé irracionalmente, como no podía ser de otro modo, que siendo cachorra y viéndose sola en casa durante casi todo un día, se dedicó a comer el lomo de dos volúmenes de las obras completas de Cortázar. Nunca supe por qué eligió esos libros, teniendo como tenía la guía telefónica junto a ellos.
Si digo esto es porque estoy cada vez más convencido de que se está produciendo ante nosotros un cambio de paradigma: el paso del libro en papel al libro en soporte electrónico. Cuando eso ocurra, no se quemarán más árboles (sobre todo si la prensa y las revistas se convierten también de modo total a este medio). No es cosa de cantar las excelencias del nuevo soporte, pero las maravillas no han hecho más que empezar. Una amiga mía no podía leer por serios problemas de la vista, pero ahora vive abrazada a su lector electrónico porque desde que lo tiene es capaz de leer sin descanso. Y yo mismo, sin ir más lejos, tuve que dejar descansar la vista por un tiempo, y me las arreglé para conseguir poner en marcha un programa lector; la lectura robot no está en español muy conseguida, pero es de esperar que todo eso mejore con el tiempo.
La cuenta será de años, decenas de ellos seguramente, pero creo que el sueño de Borges de una biblioteca total se irá cumpliendo, no en el sentido de generación de todos los libros posibles pero sí en el de acumulación de todo lo escrito que lo merezca, en multitud de copias y con medios de fácil acceso.
Vuelvo por aquí porque con mis cavilaciones me olvidé de agradecer tantas maravillas como las que se asoman de continuo en este blog.