Gabriele d’Annunzio en 1922 (Fuente).

Aunque hoy en día es una figura relativamente desconocida fuera de Italia, Gabriele D’Annunzio fue un poeta cuyas ideas inspiraron la visión política de un joven Benito Mussolini. Incluso hoy en día en Italia sigue siendo una figura controvertida, que genera opiniones contradictorias. No en vano fue un prolífico autor admirado por estrellas de la talla de Puccini, Proust o Joyce.

D’Annunzio nació en Pescara, Abruzzo, en 1863 en el seno de una familia acomodada ‒su padre, terrateniente y comerciante de vinos, llegó a ser alcalde de Pescara‒, lo que le permitió recibir una buena educación. A los 16 años D’Annunzio, que ya mostraba algunos de los signos de la extravagancia que vendría a definir su carácter, publicó su primer libro de poemas. Este libro y los siguientes fueron aclamados por la crítica y le convirtieron en uno de los autores de referencia de la literatura italiana. Con la fama llegaron los rumores y, aunque no está claro si fue el propio D’Annunzio quien los inició, desde luego nunca hizo nada para deternerlos y los utilizó en beneficio propio, para construir una imagen de sí mismo. Se afirmó desde que se había quitado las costillas inferiores para poder practicarse felaciones a sí mismo hasta que cocinaba y comía carne humana solo por la curiosidad de ver cómo sabía, pasando por que hacía dormir a su ama de llaves tres veces al día o que se había acostado con todas las mujeres de París.

Casa natal de D’Annunzio en Pescara (Fuente).

Aunque es cierto que estuvo con muchas mujeres ‒probablemente no con todas las de París‒, físicamente no era el hombre más atractivo del mundo. Baste recordar la descripción que hizo de él Liane de Pougy, cuando dijo que era «un gnomo espantoso con ojos rojos y sin pestañas, sin pelo, dientes verdes y mal aliento». Pero lo que a D’Annunzio le faltaba en lo físico lo compensó en carisma y personalidad. Siempre estaba impecablemente vestido y rodeado de lujo, como un caballero de estilo renacentista, simpático si no fuera por sus opiniones extremas sobre el nacionalismo italiano.

Durante la Primera Guerra Mundial fue valiente en la batalla y demostró ser un magnífico aviador, convirtiéndose en un héroe de guerra nacional. Hizo campaña apasionada para que Italia se unificara, argumentando que «una raza solo ganó el respeto derramando la sangre de sus jóvenes». Durante la firma del Tratado de Versalles, convenció a dos mil compatriotas para que marcharan a la ciudad de Fiume ‒designada como parte de la nueva Yugoslavia, que ahora es parte de Croacia‒ y la reclamaran para la corona italiana. A continuación gobernó Fiume como dictador de facto durante casi dos años, hasta que la marina italiana asedió la ciudad y tuvo que huir.

Il Vate en un sello de Fiume (Fuente).

Fue durante la ocupación de Fiume cuando se tomaron forma las ideas fascistas de D’Annzio. Mantuvo el poder a través de una fuerza militar al estilo de las SS que denominó «Centuriones de la Muerte» y escribió: «Los hombres se dividirán en dos razas. A la raza superior, que habrá ascendido por la energía pura de su voluntad, todo le estará permitido; a la más baja, nada o muy poco».

Con el tiempo, la presión por parte de otros estados y la falta de aplomo político de D’Annunzio llevaron al final de la ocupación y se vio obligado a regresar a Italia. Sin embargo, ya se habían sembrado las semillas del fascismo, y no pasó mucho tiempo antes de que Mussolini imitara gran parte de lo que D’Annunzio había creado en Flume, sitiando Roma y haciéndose cargo del gobierno. D’Annunzio y Mussolini a menudo fueron fotografiados juntos, pero lo cierto es que recelaban el uno del otro. D’Annunzio se mostró cauto con el nuevo dictador porque no sabía qué esperar de él y Mussolini vio a D’Annunzio como una posible amenaza a su poder. A pesar de ello, para generar vínculos de agradecimiento, le prodigó títulos y regalos extravagantes para su palaciega casa de Lombardía.

Su muerte, en 1938, está rodeada de misterio. Según la versión oficial se debió a un derrame cerebral, pero existe una leyenda que cuenta que su pareja era una espía nazi que lo envenenó. De cualquier modo, sus ideas dejaron una huella indeleble en la historia, una que todavía estamos tratando de comprender.

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