En el siguiente texto pretendo llevar a cabo una reflexión acerca de la obra de Mary Shelley Frankenstein o El moderno Prometeo, la cual tiene una interesante relación con el segundo capítulo del libro Dialéctica de la ilustración de Adorno y Horkheimer, donde se habla de Odiseo y su papel como el prototipo de hombre ilustrado. Comenzando por este punto, nos encontramos con esta conexión entre Viktor Frankenstein y Odiseo donde estos hombres, guiados por la razón, se convierten en figuras de poder que pueden dominar la naturaleza a su antojo. Aquel cierto poder, que en principio está enfocado a diferentes cuestiones, termina entrelazándose para llegar a la conclusión de que el hombre se percibe en una sociedad capitalista y mecanicista, con gran ambición y carente de sentimientos, puesto que, por un lado, tenemos a Odiseo: quien refleja al hombre capitalista que es astuto y logra triunfar para obtener su propia satisfacción ya que este personaje, gracias al uso de la razón, logra engañar a las entidades divinas y los salvajes propiciando con esto las condiciones adecuadas para poder volver a su patria. Mientras que, por otro lado, tenemos a Viktor Frankenstein: el científico que salta de las normas morales y las barreras de la naturaleza al tener éxito en la creación de una criatura que se formó de cadáveres, creando así, la posibilidad de desaparecer la idea del hombre tradicional que crece en una familia y con presentes lazos afectivos. Con todo esto, se nos muestra como el conjunto de ambos personajes dan como resultado la utopía del capitalismo: una fuerza de trabajo completamente auto creadora y carente de lazos familiares que lo interrumpan de su cometido de acumular riquezas sin cesar llegando a tal punto de que aquel sea el único propósito de su vida. Es decir, que el hombre en sí mismo sea una invención guiada al capitalismo.

Ahora bien, si hablamos de épocas diferentes, puede verse como la evolución de la razón va creando conforme pasa el tiempo la solución a los desperfectos del ser humano, puesto que cronológicamente puede ser visto que Odiseo, con el exclusivo uso de la razón, logra dominar a la naturaleza al poder manipularla y usarla para su beneficio creando así las bases de un pensamiento empresarial. Mientras que siglos después, Viktor se convierte en el creador de la vida artificial, que plantea un prototipo de robot por su origen desarraigado con respecto al seno familiar. Sin embargo, más allá de que este conjunto sea el ideal del hombre ilustrado que se deja guiar por la razón y logra la perfección al entregarse al uso de la misma, estos personajes terminan regresando a su naturaleza humana, donde la ambición puede cegar a los hombres provocando con esto que el menos capaz se vea afectado, justo como en el sistema capitalista. En sí, podría decirse que ambos personajes juegan el papel de Prometeo en sus 2 etapas, donde Odiseo se convierte en el hombre que engaña para obtener y donde Viktor recibe las consecuencias de su osada criatura artificial posteriormente.

 Un ejemplo de lo anterior dicho se nos muestra en la relación de Odiseo con los ciclopes, pues esa relación existe gracias a la opresión del más débil, Homero nos expone a estas criaturas como monstruos infames, sin uso de razón y que jactan de ser los más fuertes representando así a la sociedad más baja, quienes no son capaces de resolver problemas y mostrando con ello que estos son los hombres dominados por quienes tienen el saber.¹ De igual manera ocurre en el caso del moderno Prometeo ya que Viktor se muestra en problemas al no dimensionar la fría condición artificial de su criatura, la cual desarrolla posteriormente una gran ira y sed de venganza debido al rotundo rechazo que obtiene por parte de la sociedad (sociedad arraigada alejada del conocimiento). Justo es en este punto donde Viktor se reconoce humano e incapaz de controlar a su propia creación pues él no espera que su criatura desarrolle ese tipo de emociones ni mucho menos espera que esta misma le exija la creación de una compañera de vida ante el inminente rechazo de a gente.

En conclusión, en ambos casos se muestran ambas posturas: la del opresor y la del oprimido, donde el opresor puede ser capaz incluso de negar su propia identidad al cegarse por la ambición de tener cierto poder sobre los más débiles y donde se plasma un fallido intento de deshumanizar al hombre para convertirlo en un instrumento capaz de producir en masa.

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¹Filosofía Contemporánea [En línea] “Odiseo, el prototipo de la ilustración en Horkheimer” recuperado en http://textosfil.blogspot.com/2012/11/odiseo-el-prototipo-de-la-ilustracion.html (Ultima consulta el 14 de junio de 2018).

Bibliografía

Filosofía Contemporánea [En línea] “Odiseo, el prototipo de la ilustración en Horkheimer” recuperado en http://textosfil.blogspot.com/2012/11/odiseo-el-prototipo-de-la-ilustracion.html (Ultima consulta el 14 de junio de 2018).

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