Después de casi tres meses encerrados en casa subiéndonos por las paredes, llega el calor y, con él, las ganas de salir y recuperar el tiempo perdido. Es verdad que el confinamiento ha llegado a su fin, pero sigue habiendo medidas preventivas (distanciamiento social, restricciones en la movilidad) que han llegado para quedarse un buen rato con nosotros. Por no hablar de la amenaza de un posible y temido retroceso que nos obligue a volver a enclaustrarnos.

Para los que, como yo, disfrutan del verano practicando turismo cultural, esto puede desembocar en agobio, inquietud e incertidumbre. ¿Qué hago? ¿Cómo aprovecho mis vacaciones? ¿Puedo ir al museo o sigue cerrado? ¿Y esa exposición que llevaba meses esperando y que ahora se ha aplazado aún más? ¿Qué hay de las rutas por librerías? ¿O del viaje que llevaba meses planeando a la capital cultural de Europa?

Si te sientes identificado con alguno de estos interrogantes, tengo una propuesta para ti: aprovecha el verano para redescubrir tu ciudad. ¿Qué quiero decir con esto? Seguro que muchas veces hemos querido viajar y visitar nuevas ciudades sin habernos preocupado por visitar antes a fondo nuestra propia ciudad. Si tus planes se han visto torcidos, no te atreves a viajar este año o simplemente no has hecho planes y no sabes a dónde ir, este puede ser el momento perfecto para hacer turismo por nuestro lugar de residencia.

Y es que, desde hace unos años, están floreciendo por todo el país empresas de gestión e interpretación del patrimonio cultural destinadas a la puesta en valor y a la difusión de las riquezas de ciudades, pueblos o incluso barrios entre sus propios habitantes. Suelen ser pequeñas empresas locales que ofrecen actividades de diversos tipos: rutas por una zona en concreto en las que se nos explica algún acontecimiento importante que tuvo lugar quizás a menos de un kilómetro de nuestra actual vivienda, visitas nocturnas a puntos que han visto nacer leyendas que a día de hoy nos siguen poniendo el vello de punta o incluso rutas temáticas que explotan algún aspecto único del territorio (como podría ser, por ejemplo, una ruta por Sevilla recorriendo los escenarios más emblemáticos de la obra de Cervantes). Nos daremos cuenta de que esa calle por la que pasamos todos los días corriendo de camino al trabajo es un espacio con su historia y sus peculiaridades y no la volveremos a ver con los mismos ojos.

Si, finalmente, decidimos apostar por esta forma de hacer turismo, no debemos olvidar que estaremos también apoyando económicamente a empresas locales, que suelen quedar a la sombra cuando las grandes multinacionales entran en juego. Según mi propia experiencia, estos empresarios locales (que, casi siempre, son también los guías que nos acompañan durante las rutas) son antiguos estudiantes de Historia, Historia del Arte o Turismo con amplio conocimiento dentro de su ámbito de especialización a los que se les nota que disfrutan con su trabajo y, por ende, nos hacen disfrutar a todos, a la par que aprendemos. Puesto que no dependen del turismo extranjero para sobrevivir, desde que se empezaron a relajar las restricciones y volvió a ser posible pasear o reunirse con un número limitado de personas, estas empresas han vuelto a la carga y ponen de nuevo a nuestra disposición infinidad de actividades para todos los gustos.

Y por si aún no estábamos muy convencidos, basta con que nos pongamos a pensar cómo sería ser barcelonés, por ejemplo, y pasear por el Park Güell, o que nos imaginemos como compostelanos paseando por la Plaza del Obradoiro sin más compañía que nosotros mismos y nuestros vecinos, aquellos a los que conocemos de toda la vida. Recorrer las atracciones turísticas más exquisitas de cada lugar sin la presencia de las masas de extranjeros que suelen pulular a todas horas por los alrededores es una experiencia totalmente única de la que, en cualquier otra situación, no podríamos haber disfrutado. Por supuesto, no me estoy postulando en contra del turista extranjero, pero si tenemos la oportunidad de experimentar nuevas vivencias, no veo por qué no podemos sacarle partido a la situación y exprimirle todo su jugo a las opciones que nos quedan.

En vez de atormentarnos pensando en la mala suerte que tenemos por no poder pasar las vacaciones que teníamos planeadas y centrarnos en la parte negativa de las circunstancias que nos han tocado vivir (como solemos hacer todos, me incluyo), quizá deberíamos plantearnos cambiar nuestra mentalidad y apreciar las oportunidades únicas que nos brinda esta situación. Si eres de los que disfrutan aprendiendo cosas nuevas y tus planes favoritos son esos que combinan el aprendizaje y el ocio, las rutas turísticas locales te abrirán un mundo nuevo. Te invito a darle una oportunidad a tu ciudad (o tu pueblo, o tu barrio) y a dejarte sorprender por todas esas historias secretas que sus calles quieran contarte.

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