Voy a partir de algo evidente y es que pocas veces coincidimos del todo en el pensamiento, en la opinión de los demás. Yo por ej tengo muchos matices personales, puntos de vista, algo que los demás no comparten y sobre todo que no entienden.

Pero creo que reina el diálogo y que como mucho se trata de convencer al que discrepa y no de aplastarlo con argumentaciones. No se trata de que los que mantienen una idea destruyan a los otros sino de tener una reflexión ante los que piensan diferente a nosotros.

¿Busca también Ortega el pensamiento compartido? Es decir trata de encontrar puntos comunes entre los pocos que decimos lo que realmente pensamos. No hay una única verdad, por lo tanto sigamos con Ortega y con nuestro diálogo porque cada uno es libre de pensar lo que considere razonable.

Pero el día a día es distinto, hay otras reglas y otras actitudes que tratan de arrastrarnos mediante las emociones. Y será la inteligencia emocional el arma a emplear. La mayoría de la gente espera como un milagro que le haga entender a los demás o mejor aún no les interesa en absoluto nada, como quien se pone los cascos para no oír nada.

Me decía uno de mis alumnos, del modulo profesional nocturno, que les llaman la Generación “ni ni” porque ni trabajan ni buscan trabajo. Me confesaba que el problema es que no sabía para qué estudiaban con el panorama que les espera en el mundo laboral que les ha preparado la crisis. Por eso estamos, en contra de lo que diría Ortega desvitalizados, desmotivados laboralmente incluso los que no estudian y están trabajando porque les explotan y les dan los trabajos más denigrantes.

Pero claro a las Generaciones anteriores (aunque no creo que se les pueda llamar así, ya que sus únicos intereses comunes eran enriquecerse a costa de lo que sea) a esos decía, les queda la excusa de que hemos crecido en la sociedad del bienestar, nos han mecido en una época donde mejoraba continuamente nuestra calidad de vida y era cómodo vivir de nuestros padres.

Nuestra sociedad es la del éxito rápido, pero se nos ponen enfrente las enormes dificultades para conseguirlo. Por eso, es fácil abandonar, no esforzarnos. En la otra cara del espejo están los que incluso estudian y trabajan a la vez, motivados. Seremos los de la generación “sí sí”, responsables y luchadores para conseguir los mejores objetivos. No es fácil pertenecer a esta generación de los esforzados. Creo en mí misma y en los demás a pesar de tantas injusticias. NOS ABRIREMOS PASO EN UNA SOCIEDAD DESOLADORA en la que hay tsunamis ocultos. ¿Será el Covid-19 uno de ellos? Y aquí, en este miedo a lo desconocido, a la muerte, es donde cabe la relación entre el pensamiento de Heidegger y Ortega.

Para Heidegger el hombre es un ser al cual le preocupa su ser, de ahí que se angustie. Siente la presencia de la nada y de la muerte. Es un ser que sabe que va a morir. Tiene infinitas posibilidades en su futuro, pero en todas ellas está la posibilidad de la muerte. El hombre, está desbordado por el mundo, está arrojado a él. Para Heidegger: el ser del hombre se define por su relación con el mundo que es su propia existencia. Estamos como algo no terminado y arrojados a un mundo. Abandonados ¿verdad? Heidegger dice que nos hemos olvidado del ser, yo lo interpreto como que nos hemos ocupado de entes como Dios pero no de la verdad de las cosas. ¿Podríamos decir que, como nos suele ocurrir, nos fijamos en las apariencias?

Para Ortega el hombre tampoco podrá estar alejado de la vida, del tiempo y del lugar en que vive. Piensa que todos tenemos nuestro puesto determinado en la historia y por lo tanto no podemos aspirar a salirnos de ella porque esto equivaldría a convertirnos en entes abstractos. Aquí está de nuevo la perdida del sentido del ser de la que hablaba Heidegger como integra renuncia a la existencia. Solo podemos, conocer una parte de la verdad, nunca toda, ya que mientras haya historia la verdad seguirá siendo descubierta. EL HOMBRE COMO PROYECTO EN HEIDEGGER ES EL HOMBRE EN LA HISTORIA Y DENTRO DE UN PUNTO DE VISTA EN ORTEGA.

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