Lengua de pájaros de Víctor Sellés.

Los mitos son uno de los pilares esenciales sobre los que se fundamenta cualquier civilización. No son verdad, pero la contienen. En Mito y realidad, Mircea Eliade afirma que gracias a él «el Mundo se deja aprehender en cuanto Cosmos perfectamente articulado, inteligible y significativo. Al contar cómo fueron hechas las cosas, los mitos revelan por quién y por qué lo fueron y en qué circunstancias». En esta obra, además, el filósofo y novelista deja patente que existe un tronco común del que parten los grandes mitos universales. Basta observar algunos de los mitos de civilizaciones distantes en el tiempo y en el espacio para que las similitudes salten a la vista, como por ejemplo el mito de la cosmogonía o el de la renovación del mundo ‒Alejo Carpentier lo plasma como nadie en su cuento «Los advertidos»‒.

De esa idea también parte y le da forma literaria el escritor Víctor Sellés en su primera novela escrita en español y publicada en España por Obscura Editorial, Lengua de pájaros. El hilo conductor son las tradiciones celtas y feéricas, no en vano la historia tiene lugar en una Galicia fundamentalmente rural, pero toda clase de mitos, antiguos y modernos, tienen cabida en esta novela, desde la clásica mitología grecolatina hasta las modernas leyendas urbanas, pasando por algunos mitos literarios, la magia antigua, los viajes astrales o incluso referencias pop, como puede ser La Aldea del Arce. Todo ello forma un batiburrillo que combina sorprendentemente bien y que incide en esa idea que ya señalara Eliade de que todos los mitos en realidad están emparentados porque provienen del mismo lugar.

La estructura de la novela, como no podía ser de otra forma, también está basada en un mito, en este caso el viaje del héroe, planteado por Joseph Campbell en su libro de 1949 El héroe de las mil caras. El punto de partida de la novela es fácil de reconocer y a un lector de género no le costará mucho trabajo unir la línea de puntos. Como protagonista tenemos a un niño enclenque y enfermizo, incluso algo deforme, rechazado por todos, incluso por su madre, pero perspicaz y muy consciente de sus limitaciones. Justo a continuación se plantea, en una historia paralela, la existencia de la magia, de mundos paralelos y de portales que permiten transitar de unos a otros. Rápidamente se pensará en Harry Potter y en otras novelas de fantasía similares, en los que se produce la catarsis y el rito de iniciación a la edad adulta de un héroe infantil. Llegados a ese punto casi podemos imaginarnos en la vía de un tren, que nos llevará cómodamente a nuestro destino por un itinerario prefijado. Sin embargo, que nadie se deje engañar, el comienzo del libro es un subterfugio para que pensemos que el viaje lo haremos por tierras conocidas.

Por supuesto que hay fantasía en Lengua de pájaros, pero a medida que vamos avanzando en su lectura descubrimos que en realidad estamos ante un sugerente híbrido entre fantasía y terror. No es que Sellés haya inventado nada, sino que más bien ha recuperado el sentido original de la tradición literaria de los cuentos de hadas. No olvidemos que casi todos estos cuentos ‒incluso cuando no hay hadas de por medio se siguen llamando así‒ muestran una realidad cruel y desgarradora, en la hay que secuestros, violaciones, asesinatos o canibalismo. El resultado es una especie de Dark Fairy a la altura de El laberinto del Fauno, o incluso peor, porque tras las hadas de Lengua de pájaros intuimos el horror cósmico de Lovecraft. Es como si esos seres pequeños y hermosos, que la tradición se ha encargado de llenarnos de bondad, fueran el disfraz de un horror innombrable.

No es esa ni mucho menos la única sorpresa que produce Lengua de pájaros. El esquema del viaje del héroe se rompe en algún punto entre la expiación y el regreso y acabamos descubriendo que quizá el héroe no es tan héroe como pensábamos en un primer momento, o, al menos, que no le está destinado una especie de Valhalla simbólico. Es como si a partir de cierto momento de la trama, en la balanza entre la fantasía y el terror hubiera pesado más el segundo término de la ecuación. Que nadie espere finales felices a lo Harry Potter porque Lengua de pájaros es todo oscuridad, con algunos destellos puntuales de luz.

Un último detalle que llamará la atención del lector es la constante referencia metaliteraria. El espacio es un elemento muy importante dentro de la historia, por aquello de la existencia de los dos mundos paralelos, el real y el mundo mágico. No es solo que las referencias a obras donde ocurre esto mismo, como puede ser Alicia en el País de las Maravillas, Peter Pan o Las crónicas de Narnia sean de cajón, es que Sellés ha querido dejar constancia de que esto así, haciendo frecuentes menciones y guiños a ellas. La novela de un escritor no deja de ser una aportación más a la larga cadena de mitos que componen una cultura y, al fin y al cabo, si todos los mitos provienen del mismo tronco, también todas las obras literarias comparten ese acervo común.

Mención aparte merece la cuidada edición en tapa dura de Obscura Editorial, que viene acompañada de tres marcapágina que son como cartas del tarot y que, por supuesto, tienen mucho que ver con la trama de la historia. Todo ello dan como resultado un libro muy recomendado tanto para aquellos que quieran leer cuentos de hadas oscuros como para los amantes del género que se consideren de vuelta de todo e inmunes a las sorpresas.

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