En 2019 Bruno Patino publicó La civilización de la memoria de pez en su edición francesa. Había terminado de escribirlo un año antes, cuando el tiempo de atención de los humanos hiperconectados se estimaba en nueve segundos. Pero mientras el libro era revisado por la Éditions Grasset & Frasquelle, los neuropsicólogos confirmaban la reducción de nuestra capacidad de atención.

La civilización de la memoria de pez bruno patino

En la actualidad se sospecha que, cinco segundos después de un impacto, este empieza a no interesarnos. Hace un par de décadas esta medida estimada era de doce segundos. Pero, ¿qué nos está pasando? ¿Por qué sentimos esa inquietud por mirar el móvil cada pocos segundos? ¿Qué nos impulsa a hacer scroll en la pantalla hasta que el contenido se vuelve un borrón sin sentido?

Probablemente el mismo motivo por el que hace 100 años se pasaban hojas de revista de forma compulsiva o por el que hace 50 hacíamos zapping sin parar. La cantidad de información a la que estamos sometidos a diario no ha hecho sino aumentar desde hace siglos. Como resultado, nuestro cerebro ha activado un ‘modo de piloto automático’ al que cada vez recurrimos con frecuencia.

Uno de los motivos por los que estamos saturados de información es porque el entorno digital fomenta un tipo de conducta orientada a extraer tiempo de los usuarios. Plataformas de vídeo, redes sociales, blogs, periódicos. Todos se han desplazado hacia la economía de la atención. Lo que ya iniciase la radio hace décadas y luego copiase la televisión, persigue que estemos siempre atentos.

El resultado de miles de impactos intentando desatar nuestra concentración en un producto en lugar de el de la competencia ha logrado el resultado opuesto: somos incapaces de concentrarnos y hemos adquirido hábitos poco saludables que nos hacen saltar de un asunto a otro sin llegar a estar nunca satisfechos. La culpa es de la dopamina, y la economía de la atención lo sabe.

Quizá por dejadez o falta de espíritu comercial, este blog es una excepción, pero si uno se desplaza hacia cualquier periodico o red social podrá observar los constantes reclamos de atención. Las webs se optimizan de forma tal que buscan que el usuario pase más tiempo en ella. Se diseñan rutas de linkbuilding para que se siga navegando, artículos relacionados que atrapen al lector.

Este recibe la liberación en el cerebro de dopamina, y la web nuevos datos en forma de cookie para extraer valor y venderlos al mejor postor, todo con el objetivo de seguir diseñando la tela de araña que el siguiente usuario leerá en diagonal. Intentamos escapar de esta red, pero caemos en la siguiente. Se trata del clásico problema de los comuneros: todos tratan de extraer el máximo número de datos sin entender que el tiempo de atención es finito.

El resultado es la fragmentación cerebral. Doce segundos, nueve segundos, cinco segundos. Somos una sociedad permanentemente insatisfecha, y Bruno Patino ha sabido plasmarlo en su volumen La civilización de la memoria de pez. Con una mirada de añoranza, Patino observa cómo internet ha ido hundiéndose en un sistema donde la economía de la atención lo abarca todo.

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