Él, por tanto, no es ninguno de los seres y sin embargo, es todos los seres: no es ninguno de los seres, porque todos los seres vienen después de Él; es todos los seres, porque todos proceden de Él

Enéadas VI, 7,32

Rodeado de sombras, alucinaciones propias, ideaciones congestionadas, sesgos de realidad difusa, de tantas incomprensiones como formaciones estelares ocupan el cielo nocturno. Así me siento en demasiadas ocasiones, he de confesarlo.

A estas alturas de mi vida, aún no he conseguido comprender a las personas, al menos en todo su ser, ni describirme a mi mismo, ni tan siquiera, aunque solo fuera parcialmente, dirimir el misterio del universo.

Las personas nacen, sufren y mueren, son vilipendiadas, desmembradas, so juzgadas y reprimidas en un eterno ciclo de opresión cosmológica en torno a mí, codo con codo, frente contra frente. Yo mismo me siento como un extraño ser, afrentado y caído en tierra, en la superficie de un mundo líquido y libidinoso en el que ningún ser humano se ve capacitado para tomar conciencia del profundo horror en el que vivimos.

¿Sería esta la tesitura existencial en la que Plotino, diecisiete siglos antes, se encontrara? Los rasgos más hondos del sistema metafísico y psicológico que nos sostienen brotan del ser de los hombres.

¿Pero qué es el ser, qué son los hombres, de qué naturaleza están compuestos, hacia qué clase de infinitos o de abismos se dirigen?, cabría preguntarse.

Sabemos que Plotino nació en la ciudad egipcia de Licópolis, que durante al menos once años, fue discípulo de Amonio, filósofo alejandrino, considerado el fundador del neoplatonismo y que en el año 244 funda la escuela de Roma, en la que se dedica a la enseñanza oral de la filosofía.

Diecisiete siglos antes de que llegáramos nosotros, los hombres y mujeres del siglo XXI, Plotino ya se planteó las cuestiones más profundas de la existencia humana, revitalizando el platonismo y llevando a la práctica una nueva fundamentación en sentido estricto de la metafísica clásica.

Una de las cosas que más me llaman la atención de Plotino es su justificación de la existencia del mal en el mundo, su sentido, su papel, su carácter y su verdad, si es que éste fuera detentador de alguna. La justificación plotiniana del mal nos viene a decir que éste es una sombra, una penumbra necesaria para que la luz se pueda desplegar en toda su extensión, con toda su potencia esclarecedora, proverbialmente iluminadora de las conciencias de todos los hombres.

¿Qué sería del bien sin la constante presencia del mal?, ¿ dónde se vería reflejado?, ¿con quién se confrontaría? He aquí la cuestión, la pregunta entre las preguntas, el por qué del mal.

El neoplatonismo profesado por Plotino es de continuo insinuante, quiere llamar nuestra atención sobre las diferentes vertientes del mal, ententido como metafísica, y sobre todo, sobre sus causas y fuerzas iniciales.

Plotino define la materia como penuria, privación y ausencia de bien. Ella es el extremo de la realidad, una carencia de formas definidas, de belleza y de luz auténticas :

«¿Será mala la materia por participar en el bien?

No, sino por esto: porque está falta de bien, pues en efecto, no lo tiene. Porque lo que está falto de una cosa pero tiene otra, podría quizá ser intermedio entre lo bueno y lo malo, si es igual en ambas direcciones. 

Pero lo que no tiene nada porque está en penuria, mejor dicho, por ser penuria, forzosamente será malo. Porque no es verdad que la mentira sea penuria de riqueza pero no de fortaleza, sino que es penuria de sabiduría, penuria de virtud, de belleza, de fortaleza, de conformación, de forma, de cualidad. Entonces, ¿cómo no ha de ser deforme? «

Enéadas, II, 4, 16

Llegados a este punto crucial, yo creo que el filósofo no habla de oídas, los cantos de sirena no van con él, Plotino, por contra, ha debido de experimentar en propia carne las carencias de la materia, de lo material, del materialismo.

Los seres humanos somos en gran medida, escuálida y superficial materia, y, por tanto, las propias experiencias personales son campo abonado para el discernimiento e investigaciones filosóficas.

No sé por qué, pero últimamente las personas me defraudan más de lo debido, me dejan vacío, me reportan una demoledora sensación de soledad e indefensión. Si son materia, la mayor parte de ellos sólo te ofrecen materia astillada, y no una materia cualquiera, lo que te ofrendan es una depreciación de su propio ser, te muestran, inconscientes de ello, su decadencia y su caída.

La visión que Plotino tenía en cuanto a la materia, le indujo a abalanzarse sobre el otro extremo de la realidad, y como buen neoplatónico, atravesó inerme los siempre brumosos territorios de las ideas, de lo etérico, de lo no alcanzable con los sentidos, de aquello que es imposible de apreciar y experimentar de manera positiva o con métodos estrictamente científicos.

La preocupación por el alma y su continua transmigración a través de los diferentes universos, visibles e invisibles, ocupó gran parte de su pensamiento y quehaceres filosóficos.

«Tras la procesión de los seres hay un camino de regreso al principio, porque todo ser ama a su progenitor y desea volver a él» ( V 1,6)

En el sentir de Plotino la realidad existente parte de una «unidad inicial», y, que en diversas hipóstasis o sustancias individuales se va expandiendo, y al mismo tiempo, perdiendo su genuina forma, su verdad y su destino. El alma constituiría esa única sustancia capaz de vincularnos nuevamente con el mundo inteligible, con el «Uno».

Hay que tener en cuenta, que la eternidad del mundo es un rasgo esencial de la concepción griega del universo y de la vida, ergo, de aquí se puede deducir que el alma es un compuesto eterno, no sensible, que se escapa a toda experimentación y comprensión.

«Nos queda, pues, el divino Platón, el cual, en muchos pasajes de sus diálogos ha dicho muchas cosas y muy bellas acerca del alma y de su venida, así que tenemos la esperanza de obtener de él algún esclarecimiento. 

¿Qué dice, pues, este filósofo? Algo está muy claro: que no dice en todos los pasajes lo mismo… Reprueba la unión del alma con el cuerpo y dice que está encadenada y sepultada en él… 

En el Fedro atribuye su caída a la pérdida de las alas… Y, según todos estos pasajes, la entrada del alma en el cuerpo es algo reprobable. Pero, hablando en el Timeo del universo sensible, hace el elogio del mundo y dice que es «un dios bienaventurado» y que el alma es un don de la bondad del Demiurgo, destinada a introducir la inteligencia en el universo»

Enéadas, IV, 8,1

Y a todo esto, ¿quién de nosotros no se ha sentido alguna vez atrapado en su cuerpo, en un mundo que no es el suyo, en un mundo que detesta, que aborrece por violento, por cruel e insensato?

¿Quién de entre nosotros no ha experimentado en alguna ocasión asco o escrúpulos por su condición de animalidad, por su corporalidad no elegida?

Todos nosotros, que hemos sido educados y entrenados para la superficialidad, que no estamos adaptados ni acostumbrados a mirar en el interior de las cosas y de los seres, y que por consiguiente, no las conocemos en absoluto, perseguimos tan sólo lo externo, lo pueril, lo banal, y desconocemos que la interioridad, la riqueza interior de todo lo que existe, es lo que nos mueve, lo que promueve todo avance y expansión hacia la luz.

La noche siempre es más oscura antes del amanecer. Plotino es el filósofo del alma, el filósofo de la claridad interior, pero también de la esperanza.

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