Imagina por un instante uno de esos momentos que más vértigo pueden dar. Sales de la consulta médica con malas noticias: te queda poco tiempo de vida. Años, meses, días. La cantidad no importa. Te queda poco y solo puedes pensar en un asunto: en todo lo que te perderás por no estar aquí cuando te hayas ido.

no tengo tiempo para todo

Deja de imaginar. Incluso si te quedan por delante muchas décadas de vida, pongamos siete, tu tiempo es limitado y jamás podrás abarcar ni una ínfima parte de todo lo que está ocurriendo en el planeta. La generación de conocimiento científico, de cultura o de noticias crece demasiado rápido.

En diciembre de 2014 YouTube confirmaba que cada minuto del día se subían a su plataforma 300 horas de contenido único. En julio de 2015 habían aumentado a 400 horas por cada minuto. En mayo de 2019 se alcanzó un nuevo hito: 500 horas de vídeo por minuto. Si en 2007 una persona podía elegir ver un 0,28% del contenido en tiempo real, en 2019 apenas rozaba el 0,0033%. Y bajando.

Algo parecido, aunque sin una tendencia tan acuciada, ocurría con el sector de los libros editados en España. En 2018 se publicaban cada año más de 80000 libros. Un lector que leyera un libro por semana, no apto para todos los públicos, apenas rozaría el 0,06% de ellos. En estas cifras no aparece la autopublicación.

Exactamente lo mismo ocurría con el cine. Hacia 2017 se estrenaban en las salas de cine algo más de 600 películas anuales. A un espectador que fuese cada día al cine le faltarían más de 200 días al año. Lo mismo se puede aplicar a la publicación de revistas, estudios científicos o contenido de otras redes sociales.

Ni siquiera importa demasiado que nos centremos en un campo de estudio específico y aparentemente reducido. La expansión de este siempre será más rápida que nuestra capacidad para leer, que por mucho que pueda ser mejorada tiene un límite innegable. Y eso contando con un presupuesto de I+D+i limitado.

Tampoco importa el tema literario que se busque leer o la tipología super concreta de películas que ver, descartando el resto: el número de libros y películas del tema que te gusta no ha dejado de crecer en los últimos años y, considerando que hayas absorbido todo lo pasado, seguirás en números rojos.

Tampoco deja de ser relevante todo lo que te perderás en materia educativa, de derechos ciudadanos, de cambios sociales o de tecnología. Pocos días después de la muerte de cualquiera de los lectores aparecerá una nueva tecnología o una mejora sustancial en miles de campos.

Porque no importa el día que sea, los desarrollos científicos y la innovación, aunque lenta, ni para ni frena. Tampoco frena la producción de leyes, que de hecho alcanzó las 900 leyes en 2017 solo en España. Seguir el ritmo de la actualidad se está volviendo cada vez más difícil, incluso en sectores específicos.

Llegados a este punto es importante plantear la toma de contacto con la realidad como una imposibilidad. No importa cuántos esfuerzos realicemos. Si estudiamos un idioma, nos dejamos otros diez mayoritarios. De priorizar cinco periódicos heterogéneos, queda fuera el grueso de la información.

No queda otra que rendirse y disfrutar del camino, abandonar la frustración por no poder llegar a todo y colocar los pies en el suelo. Admitir que llegar a todo es imposible y que es normal no tener tiempo. Este es finito, la producción de realidad es exponencial, y el punto de corte hace décadas que fue superado. Llegarás hasta donde puedas, y todo lo demás te lo perderás.

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