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Era un niño de ocho años como todos los demás: le gustaban los helados, correr detrás de las mariposas y jugar con su hermano. Pero los remolinos del tiempo le llevaron a ser testigo de la vorágine bélica que asoló el mundo entero, la Segunda Guerra Mundial. Era el 1 de septiembre de 1939 y su nombre, Michal Skibinski. Nada volvería a ser como antes.

«Ha venido a verme mi niñera» fue la última frase de la vieja normalidad a la que el chiquillo polaco estaba bien acostumbrado. La escribió en su infantil cuaderno escolar, un diario que se ha convertido actualmente en un celebrado documento histórico que, bajo el título He visto un pájaro carpintero, narra la tragedia por la que atravesaron millones de personas. Pero, lógicamente, con la inocencia de los ojos de un niño.

Lejos de dramatizar el horror de la contienda, las anotaciones de Skibinski muestran un realismo absoluto en cuanto a la descripción de la invasión alemana en territorio polaco. «Ha empezado la guerra» fue la firma de un chaval que separó de forma radical el mundo anterior al 1 de septiembre de 1939 -los paseos por Varsovia, la tómbola, el fútbol- de lo que vino a traducirse en el mayor acontecimiento que marcó a Europa para las siguientes décadas. A fin de cuentas, todo el universo infantil de Michal quedó irremediablemente atrás.

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Notas como «he estado en el río con mi hermano y mi maestra» o «ha llegado una niña a la pensión en la que estoy viviendo» cambian por completo su matiz divertido o anecdótico. A partir del 2 de septiembre, los desplazamientos, las visitas de familiares y los conflictos de todo tipo se alojan en la retina del muchacho, en el ojo del huracán.

«Han tirado una bomba cerca de nuestra casa», «Varsovia lucha con valentía», «Un avión inglés ha arrojado tres bombas al ejército alemán» definen las frases que muestran la nueva cara de la vida; de hecho, fueron las últimas escritas por su autor, testimonios directos -al fin y al cabo- de un chico que pasó de la candidez e ingenuidad al terror en cuestión de días. «Probablemente valga la pena citarlas porque reflejan el estado de ánimo y las esperanzas que había en la sociedad», declara el actual sacerdote retirado de 89 años.

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Con todo, Skibinski fue superando los años de la ocupación nazi como buenamente pudo aunque fue sujeto de mucha suerte siendo alemán por parte de padre. «Solamente» tuvo que enfrentarse a la desnutrición protagonista de aquella época para, avanzado el tiempo, ser consciente de la falta de libertad que supuso la posterior Polonia comunista. Una trayectoria que, a su parecer, no ha llegado a buen puerto: «No quiero comentar nada sore la Polonia de hoy. Estamos tan espantosamente divididos como sociedad que cada frase podría ayudar a profundizar esa división». Una realidad en la que no cabe ningún asomo de inocencia.

«Que mi cuaderno se haya publicado ahora supone para mí una gran alegría», comenta el polaco al ver su obra ilustrada con los dibujos de Ala Bankroft, seudónimo artístico de Helena Stiasny, alumna de la Facultad Gráfica de la Academia de Bellas Artes de Varsovia. Además, en 2020 ha recibido una mención en la Feria de Bolonia, la más importante en el universo del mundo ilustrado, como mejor ópera prima. He visto un pájaro carpintero también se ha traducido a varios idiomas, entre ellos al español -de la mano de Katarzyna Moloniewicz y Abel Murcia- en la editorial Fulgencio Pimentel.

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