Panzer VI Tiger de Krupp.

En el primer artículo de esta serie hablamos sobre algunas empresas que tras ayudar de manera estrecha al III Reich, lograron sobrevivir a su relación con el régimen nazi y prosperar hasta nuestros días. Tanto es así, que pocos consumidores de hoy día somos conscientes de su pasado turbulento. Hoy continuaremos con nuestra prospección histórica, sacando a colación de algunas de ellas que se quedaron en el tintero en el artículo anterior.

Si no lo leíste, puedes hacerlo aquí.

Para ahondar un poco más, destacaremos también alguna compañía fuera del ámbito occidental. También hemos añadido una con un papel curioso, pero que no simpatizó ni de lejos con la causa nazi. Sin más dilación, comencemos.

Foto de cuando los pilotos de Kawasaki no iban a ras de suelo.

Kawasaki

Esta empresa fue toda una heroína para los nipones a principios del siglo XX. Protagonista de la modernización del país impulsada durante el reinado del emperador Meiji Tennō con tal de evitar que la nación, aún sumida en un ambiente casi feudal, fuera colonizada por las potencias occidentales. En este contexto, la corporación de Shozo Kawasaki desarrolló el primer motor de vapor de Japón, fabricado en sus propios astilleros en Tokyo. De esta manera contribuyeron a la expansión de la Armada Imperial Japonesa, que décadas más tarde se adueñaría del Pacífico. Para complementar el poderío naval, Kawasaki también se lanzó hacia la industria aeronáutica, dando vida al bombardero bimotor Ki-48, y al Caza Tipo 3, una moderna máquina con el motor en V y refrigeración líquida.

Derrotado el Imperio del Sol Naciente, Kawasaki abandonó la industria militar. Solo por unos años, pues a día de hoy, aunque todos conocemos esta marca debido a sus motocicletas, la verdad es que Kawasaki Heavy Industries es una de las mayores corporaciones siderometalúrgicas a nivel mundial. Entre sus actividades actuales encontramos un amplio abanico de productos: aviones civiles, de entrenamiento y transporte; submarinos, misiles, trenes de alta velocidad, buques de transporte, e incluso robótica y sistemas de ingeniería aeroespacial.

Yamaha

Es conocido el origen de esta marca. Su símbolo, los tres diapasones entrelazados, delatan que nació como un fabricante de instrumentos musicales. Pocos años antes de la Guerra del Pacífico, el arte de Yamaha para trabajar y pulir la madera no pasó desapercibido para los militares. De esta manera, se le encargó el diseño de las hélices para los aviones del ejército imperial. Yamaha no tardó en fabricarlas en metal. Ante el buen resultado, tuvo demanda de otras pequeñas piezas para el ensamblaje de los aviones.

Al finalizar la guerra, utilizaron la experiencia ganada trabajando el metal para centrar la producción en la automoción ligera. Como no, también volvieron a la manufacturación de instrumentos.

Coco Chanel con Gunther von Dincklage saludando a Hitler.

Coco Chanel

La exitosa diseñadora francesa acumuló fama y fortuna durante los Bellos y Dorados años 20. Cuando la guerra volvió a Europa, cerró tiendas y talleres de costura, dejando en la calle a miles de empleadas. “No es tiempo para la moda”, afirmó. Con la Francia ocupada por los alemanes, destapó su antisemitismo, homofobia y anticomunismo. No dudó en darle el brazo al régimen nazi. Siendo esta una afirmación literal, pues tuvo una relación con el general de la inteligencia alemana Hans Günther von Dincklage. Con ayuda de los nazis, y justificándose por las pérdidas que tuvo durante la guerra el breve tiempo que Francia estuvo en contienda, se apropió de bienes inmuebles propiedad de judíos, alegando que ellos los “habían abandonado legalmente”. También arrebató la parte correspondiente de su negocio a sus socios judíos, los hermanos Wertheimer. Por su implicación con las infraestructuras del régimen, y siendo investigada por su posible función de espionaje para el Reich, fue condenada a pagar la suma de 100.000 Marcos.

Nestlé

Puede ser que el chocolate esté visto a día de hoy como una glotonería innecesaria, pero desde los tiempos de la conquista de América, se reconoce su valor estratégico y militar. En palabras de Hernán Cortés, “una sola taza fortalece tanto al soldado que puede caminar todo el día sin necesidad de tomar ningún otro alimento”.

Hitler evidentemente lo sabía. Era un alimento fácil de transportar, de alto valor energético y proporcionaba un punto añadido a la moral debido a la teobromina, que estimula el sistema nervioso central y produce una sensación de bienestar. Con tantas características beneficiosas, era imposible no plantearse el tener garantizado un suministro de chocolate para las tropas. Más, en un conflicto a gran escala.

Hitler designó esta tarea a Nestlé, como trato de favor por haber financiado la creación del NSDAP. La compañía, para cumplir su cometido, compró prisioneros en los campos de concentración a precio muy competitivo, llenando así sus factorías con mano de obra a precio súper reducido.

Nestlé, para resarcirse, contribuyó hace dos décadas con 14’7 millones de dólares para un fondo común junto con otras empresas para indemnizar a las víctimas.

Mars Incorporated

La chocolatera estadounidense también tuvo su papel durante la guerra. Al inicio de la contienda, la compañía Hershey’s Co. Era la encargada de proveer a las tropas americanas del preciado oro marrón. El coronel Paul Logan, encargó una tableta de chocolate de unas medidas y peso determinados y que fuera resistente al calor. Logan, como última especificación, añadió que no debía de tener muy buen sabor. Así como a “patata hervida”, para evitar que los soldados engulleran más de su ración pertinente. Consiguió el efecto contrario, los hombres no querían ni ver el infernal chocolate de Hershey’s. De hecho preferían pasar hambre antes que hincarle bocado.

Ahí fue cuando el señor Forrest Mars, que ya era un reputado chocolatero, entró en acción. En su visita a España durante la Guerra Civil, observó a los milicianos comer onzas de chocolate recubiertas con azúcar, para evitar que se derritieran. Así, Mars Inc. creó sus populares grajeas recubiertas M&M’s. Poco a poco los M&M’s fueron desbancando al chocolate de Hershey’s entre las filas. Resistían el calor con mayor eficacia y aportaban más energía al venir azucarados. Hecho que también influyó en el sabor, y en la aceptación por parte de las tropas. De buen grado, cada soldado llevaba en el bolsillo su tubo de cartón repleto de M&M’s. Como toda la producción se destinó al ejército, la población no tuvo acceso a este snack hasta pasado el año 1945.

Krupp

Hoy en día Krupp forma parte del conglomerado siderúrgico Thyssen-Krupp, una de las compañías más importantes a nivel europeo en su sector. Producen, entre otras cosas, piezas para automoción, maquinaria agrícola, elevadores y escaleras mecánicas. Alguien observador habrá visto su logo el ascensor de su propio bloque.

Sin embargo, estamos ante uno de los casos más sonados de colaboracionismo nazi. Tanto es así, que el dirigente de Industrias Krupp durante el III Reich, Gustav von Bohlen (que se acogió al apellido Krupp al casarse con la heredera del imperio empresarial), llegó a ser imputado en Nüremberg por crímenes de guerra. Pudo escurrir el bulto debido a su avanzada edad y demencia. Su hijo Alfried cargó con toda la culpa, condenado a doce años de prisión y desposeído de todos sus bienes y fortuna hasta que el gobierno de ocupación estadounidense le concedió la amnistía cuando había cumplido tres años de condena. La única condición fue repartir la fortuna entre todos los hermanos Krupp y renunciar a la fabricación de armas.

La familia Krupp tenía enlaces con el gobierno alemán desde tiempos del Káiser Guillermo II. Así fue como durante la Gran Guerra ya se encargaron del suministro de armamento pesado para los imperios centrales. Cañones de largo alcance, rieles, e incluso submarinos llevaban el sello de la dinastía del Ruhr.

Tras la derrota, vinieron tiempos duros para Krupp. Francia prohibió que se dedicaran a la industria militar. Como consecuencia, el patrimonio familiar descendió un 75%.

Todo cambió con Hitler. Aunque Gustav al principio se mostró escéptico con el NDSAP, no tardó en cogerle cariño al Führer. Alfried por su parte, abrazó el nazismo desde que supo de su existencia. Demostrándose un cariño mutuo, Hitler siempre mimó a Krupp, haciéndole protagonista de su programa de rearme secreto. La empresa volvió así a sus viejos tiempos de gloria.

Una vez con la guerra entre manos, Krupp se apropió de diversas factorías en países ocupados. Entre ellas, la fábrica de Skoda en la actual República Checa. También se agenció el control de varias minas en Ucrania y Rusia, de donde se abastecería de materia prima. Por estas acciones, fue acusado de saqueo. Para llenar esas fábricas, Krupp se sirvió de población civil de los países capturados, y como no, de esclavos alquilados a la SS a precio “amigo”. Se estima que en total pasaron por sus fábricas unas 100.000 personas a trabajos forzados. De ellas, tan solo sobrevivieron 30.000. Krupp obligó a estos operarios sometidos a condiciones extremas a ensamblar obuses; cañones de artillería como el destacado “Cañón de París”, capaz de disparar a 120km; y las bestias de la Wehrmacht, los Panzer VI Tiger.

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