La “determinación genética” no duda, ni los sentidos dudan. Por ejemplo: si huele físicamente “a algo” es que huele “a algo”. Y ese sentir-sentimiento lo transmite el olfato al cerebro de una manera implacable, “tal como se siente”, con prioridad a una evocación cultural. Ni un acto reflejo duda jamás, ni aun “tu consecuente observar o tu atender el peligro próximo”. Es decir, tu vigilia en la realidad por tu supervivencia no duda. Ahí, porque sencillamente no existe, no es necesaria la duda.

Además, cualquier animal (primariamente) no duda, sino reacciona ante hechos de agresividad y de convivencia, y ya sabe de forma objetiva cuáles son (sin dudarlos).  Cuando un animal bebe agua, no duda de que bebe agua. Digamos, con seriedad, que todo ser vivo solo da una respuesta a cómo es el medio. Y, que tal respuesta, nunca duda en cómo es el medio. Esto es, “el medio se lo ha aprehendido por funcionar él también como medio”,  pues él es componente del medio (y por eso “lo sabe”),  no más.

Entonces, ¿qué duda?

Los seres humanos han evolucionado hacia una dicotomía gnoseológica.  Por causa de un interés social o por un interés de trascendencia, prejuzgando muchos aspectos de su realidad misma. En claro, formando prejuicios que le sirven socialmente, que le interesan. Así, conlleva un prejuicio y, por defenderlo, ha de dudar por obligado en cuanto que, la duda, sólo lo puede hacer y justificar.

Veamos como se creó la duda:

Se dudó de que un ser humano fuese solo un ser humano y, por ello, se consideró algo más, se consideró un dios…, ¡ya se creó el prejuicio y la duda junto al prejuicio! A partir de ahí ya todo no es lo que es, sino es algo más y se sumaron prejuicios y prejuicios hasta formar un entramado de prejuicios con sus correspondientes dudas (el dudar que eso sea eso o aquello sea aquello).

Objetivamente, este procedimiento, es un desequilibrio con respecto a lo natural o con respecto al medio pero, a tal extremo ha llegado, que gran parte de la ciencia está contaminada o es ya “acientífica”; sobre todo la que es institucional o corporativa. Sí, seamos serios, no nos engañemos, la esencia de lo científico es el solo demostrar y nada más, el reconocer (como prueba racional) “lo demostrado sea quien sea”, y ¡jamás! por otra condición. ¡Claro!, eso lo hace el científico ya sea por presión de distinción, ya sea por… un corporativismo. Aunque por supuesto ése corporativismo se puede añadir a la prioridad antedicha, pero solo cuando ya se cumple rigurosamente ésa prioridad.

Entiéndase, la determinación irracional (en una mentalidad) en el concebirse el conocimiento o lo racional radica en que, con tantos prejuicios, “se duda que la realidad sea la realidad”. Y, así,  todo ya es erróneo o “ya todo es válido”.

Lo explicaré mejor: Los seres humanos (en sociedad) han evolucionado solo porque cada uno (tú, ése o aquél) tiene unos intereses que se proyectan hacia todo y hacia los demás. Pero, ésos, le crean una dependencia de desconfianza crónica en la totalidad de sus decisiones:  él te ama “a condición de”, él te apoya “a condición de”, él te sigue “a condición de”, etc., con una gran elaboración de dudas y de sospechas (porque su decisión sea segura, ya que hay una búsqueda obsesiva de la seguridad) únicamente por defender a ultranza sus intereses. Y es eso una “tendencia egosocial” adquirida, en repetidas veces, a través de las costumbres del prejuicio y a través de valores erróneos del proselitismo y, por tal, siempre maniqueos en “ése es de los míos” o “de los no míos”.

Sí, la especie humana es la única que compite por y para la desconfianza; o sea, desconfía desmedidamente siempre por antinatura (pues desconfía hasta de su propia “natura”).

Bueno, Galileo hizo exactamente lo contrario, “salirse de ese corporativismo seudo-racional” y ya atender solo a lo que se demuestra sea de quien sea, como un aparcar todos los intereses del ego o sociales y, al momento, verificar (nada más que con reglas racionales) que aquello es aquello. Sí, las cosas como son, por unas diferencias efectuadas.

La razón te obliga (porque es tu y su naturaleza) a concebir que tú eres un ser humano y ése también es un ser humano. Aunque ya, con trucos, puedes guiarte por intereses prejuzgadores (en vez de aparcarlos) para… desequilibrar casi totalmente lo que eres. Además, la razón te conduce a no dudar (o a no confundirte irresponsablemente) mientras estés solo conducida-consecuente por ella. ¡Sí!, y nunca por otras fuerzas para seguir un natural camino.

Por ejemplo: un bebé jamás de los jamases duda de sus padres. Sí, más tarde única y objetivamente empezará a dudar cuando ya esté de verdad presionado por prejuicios sociales (o por confusiones sociales). ¡Exacto! Las cosas como son.

Y añado, por último, que la capacidad racional tendrá enfrente eso, o sea, a los prejuicios como un obstáculo extrarracional (como un añadido inesperado, forzado o ya no natural) y, mientras se ejercite día tras día, ha de evitarlos (claro, dudándolos, y con una “duda solo racional”).

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