Este artículo ha sido co-escrito con Elena Pérez Elena, investigadora de la Universidad Autónoma de Madrid.

Invitados por Alianza Editorial y sumergidos en esta pandemia mundial, nos reunimos de forma virtual con el autor Amin Maalouf para charlar sobre su nueva novela, Nuestros inesperados hermanos. Una buena oportunidad para hablar sobre la situación actual que, parafraseando al autor, ha quebrado la normalidad.

«En otros tiempos yo viajaba a España, hacía una pequeña gira, me encontraba con la prensa…Pero ahora creo que todos nos estamos acostumbrado a nuevas maneras de hacer. Y nos preguntamos si estos cambios van a ser provisionales o no. Yo no estoy seguro de que la nueva normalidad sea igual que la anterior. El mundo después del 2020 no va a ser igual que el de antes

En Nuestros inesperados hermanos, Maalouf relata una distopía en forma de alegoría con un fuerte componente reflexivo del devenir de la humanidad con el que, inevitablemente, no podemos dejar de hacer una fuerte analogía con la actualidad.

Alec, dibujante de mediana edad, y Ève, novelista de un mítico éxito editorial, son los únicos habitantes de un islote diminuto de la costa atlántica. Se evitan, hasta el día en que una inexplicable avería de todos los medios de comunicación les fuerza a salir de su celosa soledad. ¿Qué está pasando? ¿Ha sufrido un cataclismo el planeta tras las amenazas continuas de un conflicto nuclear y de atentados terroristas a gran escala? ¿Qué ha ocurrido en las islas cercanas, en la costa, en el resto del país, en el resto del planeta? 

Narrado en primera persona, en un tono reflexivo en el que predomina la sensatez característica del autor, Maalouf apela al despertar de la humanidad ante un amenazante naufragio de las civilizaciones, al que nos ve abocados sin posibilidad de auxilio y salvación. Escrito en forma de diario dividido en cuatro libretas (tituladas Nieblas, Claridades, Amarres y Eclipses), la voz del protagonista, un dibujante que vive aislado en la tranquila y pausada isla de Antioquía a la que se encuentra unido por su historia familiar, impregna las páginas con sus reflexiones, pensamientos e incertidumbres.

La narración atrapa al lector desde la primera página: a través de un tono directo, ágil e íntimo nos adentra en un diario que hace, asimismo, de registro de un acontecimiento extraordinario, anómalo, que va a suponer un punto y aparte (rogando que no punto final) para la historia de la humanidad: evitar un cataclismo nuclear.

Maalouf nos presenta los personajes: el dibujante y narrador interno de la historia a través de su diario, Ève, escritora eclipsada y sepultada por el éxito de su primera novela, que junto al dibujante son los únicos habitantes de la isla; Moro, amigo jurista del narrador que se relaciona y trabaja con las altas esferas de Washington y que le filtra información de la crisis que se está viviendo y Agamenón, “el batelero”, que se encarga de cruzar “El Paso” y que vigila la subida y bajada de las mareas para que nadie sea arrastrado por el mar. Un cóctel de personajes que desde el principio se insertan en un tablero de ajedrez donde hay un “nosotros” y un “vosotros” claramente delimitado, una guerra de intereses entre grandes potencias como Estados Unidos, Rusia, China, India, Europa… que se enfrentan directa o indirectamente, unos para retirar otros para salvaguardar las reservas de uranio, plutonio y bombas nucleares. El «mariscal» Sardar Sardarov es en apariencia el enemigo común, el villano de la historia, el objetivo a eliminar: la amenaza.

Sin embargo, en esta guerra de intereses, se dibuja claramente un tercer frente al que mirar: “ellos”, herederos del esplendor histórico, social y cultural de la Antigua Grecia, portadores del bien, de la sensatez, irrumpen como los supuestos salvadores de la humanidad, del cataclismo nuclear, del desafío entre naciones, de la amenaza del mariscal. Este inesperado “nuevo” jugador del tablero, rompe las reglas establecidas, quiebra la hegemónica y desigual relación entre ese “nosotros” y “vosotros”. El dibujante es quien nos irá descubriendo mediante su diario quienes son ese “ellos” y en qué consiste esa salvación.

Maalouf, nuevamente, parece que se haya adelantado a los acontecimientos históricos. Libro escrito antes de la presente pandemia, pone el énfasis en la necesidad de reflexionar el mundo en el que vivimos y en el que verdaderamente deseamos que se transforme. El autor subraya la importancia del “registro”, de la salvaguarda de la memoria, ante un acontecimiento inédito e inesperado, nunca antes vivido. Dejar constancia por escrito de los errores del pasado, de su consecuente presente, para repensar el devenir de las sociedades que habitan un mundo compartido y que se está yendo a pique. Maalouf, en esta obra, circunscribe la salvación a un “ellos”, a un actor externo: la respuesta a los grandes interrogantes de la historia de la humanidad en esta ficción viene acompañados por una reminiscencia del mundo clásico griego, de su alabado esplendor, sus grandes figuras y la espera de un renacimiento. Sin hacerlo explícito, el autor, con esta obra, nos alienta a pensar, a imaginar, cómo podríamos salvar a nuestras sociedades y, para ello, nos recuerda, por un lado, la importancia de la tierra, la pertenencia y el arraigo, pero, por otro, como por encima de todo debe primar una hermandad compartida y la unión entre diferentes.

Durante la presentación, preguntamos al autor si cree que esta pausa (la pandemia), este reto científico, pero muy especialmente humanitario, va a repercutir en su futura producción. ¿Piensa que esta situación va a contribuir a ese naufragio de las civilizaciones, marcando más la diferencia entre ese «nosotros» frente al «vosotros», especialmente en el caso de los países árables? A lo que el autor responde:

«Cuando hablo de naufragio no me refiero al fin del mundo. Creo que hay una vida antes del naufragio y después. Ahora nos encontramos en el durante. No voy a ocultar que desde hace meses estoy constantemente reflexionando sobre cómo puede ser el mundo post-naufragio y cómo debería ser. Esto es un aviso que la historia nos da, y si seguimos en la andadura en que estamos ahora mismo, avanzamos hacia confrontaciones y crisis infinitas. Necesitamos repensar el mundo, reconstruir relaciones entre los distintos elementos que componen la humanidad. El mundo árabe, del que yo procedo, seguramente necesita repensarse, el país más poderoso del mundo, los Estados Unidos, necesitan repensar su democracia. ¿Qué son los medios de comunicación en estos días? Yo crecí en una casa de periodistas y he visto la evolución entre el momento en que había grandes empresas de comunicación y el momento en que una persona desde su habitación puede llegar a tantas personas como el New York Times. Y no sabemos cómo afrontar eso, necesitamos pensar cómo nos relacionamos con todo esto que sucede.»

Amin Maalouf, nacido en 1949, natural de Beirut, ciudadano del mundo y nacionalizado francés, es uno de los escritores que en la actualidad mejor ha sabido observar, y narrar, el complejo prisma que se encuentra entre las lindes Oriente-Occidente. Novelista, ensayista y periodista, cuya prosa ágil y envolvente destaca por la sensatez de sus palabras, ha sido traducido a más de cuarenta idiomas. Miembro de la Academia Francesa y distinguido con numerosos e importantes premios, es autor, entre otras obras, de novelas como Los jardines de luz (1991), León el Africano (1986) o Samarcanda (1988) y de ensayos imprescindibles en toda buena biblioteca para reflexionar y comprender el mundo en que vivimos, véase El desajuste del mundo (2009), Identidades asesinas (1998) o El naufragio de las civilizaciones (2019). En su producción literaria el autor ha sido capaz de aunar las perspectivas y vivencias fruto de sus experiencias a lo largo y ancho del globo, predominando el entendimiento e identificación de la “otredad” en su discurso narrativo y ensayístico.

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