Equipo de expedición de El mundo perdido, con el profesor Challenger en medio (Fuente).

A menudo artistas, actores, escritores, músicos, etc., son encasillados con alguna de sus obras, cuando el éxito les sobrepasa. Un indudable ejemplo fue Arthur Conan Doyle, que vivió gran parte de su vida a la sombra de Sherlock Holmes e incluso, en algún momento, llegó a comportarse como él. Sin embargo, no es ningún secreto que el escritor pasó gran parte de su carrera literaria tratando de distanciarse de su creación más conocida e incluso llegó a referirse al célebre detective como «una maldición». Pero no sintió ese rechazo por todos sus personajes y alguno hubo que se ganó un hueco en su corazón.

Doyle sentía especial afecto hacia el profesor Challenger, el científico y explorador que descubrió una tierra olvidada de dinosaurios en El mundo perdido, la obra que inspiró Jurassic Park, publicada por entregas en la revista Strand en abril de 1912. Sí, tal vez este personaje, testarudo e irascible, no era el típico héroe al uso, pero hay anotaciones manuscritas que demuestran de que fue concebido como alter ego de su creador y, de alguna manera, representaba el contrapunto perfecto para la personalidad analítica de Sherlock Holmes. A diferencia de Holmes, Challenger se enfada con rapidez y se encuentra de luto profundo por la pérdida de su esposa, Jessie. Lo único que parecen compartir es un enorme ego. El experto en Conan Doyle Jon Lellenberg aseguró en The Guardian que la razón de esta simpatía era que el aventurero le conectaba con su lado más juvenil y que le parecía el más divertido de todos los personajes que había creado.

Conan Doyle caracterizado como el profesor Challenger (Fuente).

Pero la admiración por el personaje fue más allá: el escritor llegó a convencer a un grupo de amigos para que se disfrazaran y posaran en una fotografía, simulando el equipo de expedición de El mundo perdido, con Challenger en medio, que no podía ser otro más que el propio Conan Doyle. Y así aparecen, agrupados alrededor de una mesa, llena de objetos que dejan intuir la preparación de una expedición en busca de criaturas de la era jurásica. Doyle, caracterizado con una barba y unas cejas postizas, esperaba que la imagen diera a su historia un aire de autenticidad, pero el editor se negó a publicarla.

Así es como describe el periodista Ned Malone, narrador de El mundo perdido y futuro yerno de Challenger (una especie de Dr. Watson), al profesor: «Estoy seguro de que su sombrero de copa, si me hubiera atrevido a ponérmelo, se habría deslizado por completo sobre mí y descansado sobre mis hombros. Tenía la cara y la barba como un toro asirio; la primero florida, la segunda tan negra que casi se sospecha que es azul, en forma de pala y ondeando sobre su pecho».

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