Desde la antigüedad, astrónomos de todo el mundo han utilizado modelos del cielo para realizar cálculos. Gracias a la esfera armilar, los astrónomos comenzaron a tener un modelo físico para visualizar mejor las líneas de longitud y latitud celestes. Creadas de forma independiente en la antigua Grecia y la antigua China, estos artefactos consistían en anillos esféricos centrados en la Tierra o en el Sol. Durante los siglos XVI y XVII, estas herramientas de astronomía se fueron reduciendo hasta convertirse en esferas del tamaño de un anillo.

El Museo Británico tiene una colección de esferas armilares del tamaño de anillos muy bien elaboradas y detalladas. Construidas con diferentes bandas móviles, de dos a cinco, estas complejas piezas de joyería solo podían ser elaboradas por hábiles artesanos. La gracia está en que cuando permanecen cerradas, son idénticas a cualquier otro anillo normal y corriente, pero a cuando las bandas móviles se despliegan, aparece la esfera armilar en todo su esplendor.

Existían toda clase de decoraciones, desde los más simples hasta los que tenían inscripciones o signos del zodíaco a lo largo de las bandas. Durante el siglo XIX se pusieron muy de moda, como una forma de mostrar la educación de sus propietarios. Debido al material con que estaban hechos, solían desgastarse mucho con el uso, lo que explica que los pocos ejemplos que sobrevivan, como los que tiene el Museo Británico, sean tan valiosos.

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