Existe una curiosa tendencia en redes sociales desde 2017; cuando termina el año, la gente ha dado por quejarse diciendo que este ha sido el peor año de sus vidas. Más soberbiamente llegan al extremo de decir que ha sido el peor año de la Humanidad porque murieron ciertas celebridades, o porque tal y cual terremoto azotó alguna ciudad.

2020 no ha escapado de esa tendencia, con una mayor agravante, pues ha sido considerado por muchos internautas como el peor año hasta ahora.

No podemos negar el peso histórico y social que ha tenido el virus infame y nos ha obligado a permanecer enclaustrados y atemorizados la mayor parte del año, pero eso no significa que este sea el peor año que la Humanidad ha sufrido.

De acuerdo con el arqueólogo e historiador medieval de Universidad de Harvard, Michael McCormick, el peor año para nacer y tratar de sobrevivir fue el 536 D.C. Ese año se conjuntaron una serie de eventos desafortunados, que aislados habrían sido por sí mismos una afrenta a la vida humana en este planeta, pero al conjuntarse, lograron que un tercio de la población mundial pereciera, poniendo en riesgo nuestra especie como nunca antes (y nunca después, por supuesto).

Primero se formó una extraña neblina proveniente del norte de Europa y que cubrió gran parte de sus cielos, ocasionando que el sol estuviera oculto la mayor parte del tiempo. Esto ocasionó que las cosechas se malograran, que la temperatura general del planeta descendiera dos grados y una nevada azotara en China, lo cual desencadenó una hambruna de proporciones apocalípticas. Los países que reportaron daños por causa de estos fenómenos atmosféricos fueron China, Irlanda y el Imperio Bizantino, que dominaba muchas regiones en la época.

Hay evidencia de que los principales culpables de esta neblina, fueron un grupo de formaciones volcánicas que hicieron erupción en Islandia y ocasionaron un efecto dominó en varias naciones. Además, otro volcán, Ilopango, en América, también entró en actividad, lo cual ocasionó ceniza y oscuridad en las regiones aledañas.

Vamos a tratar de imaginar que el sol se oscurece de un día para otro y una de las principales fuentes de vitamina D para las personas, deja de estar disponible. Del mismo modo, al no recibir rayos del sol, las cosechas se malogran y las personas pierden el sustento; al paso de los meses la gente comienza a morir de hambre en las calles y en los campos, y si sobreviven, están aquejados de raquitismo, y en ese estado, son enviados a la guerra. Los pobres mueren de frío porque la temperatura ha descendido.

Ese mismo año, sabemos que el papa regente muere a diez meses de haber iniciado su mandato, gracias a los registros de la era. Y aunque la religión católica y cristiana parecía estar bien afianzada en Europa, los líderes religiosos no llegaban a acuerdos relacionadas con las minucias de la fe. Eso ocasionaba conflictos que alcanzaban al ámbito político. Por estas discusiones y la defensa de territorios para preservar la fe, varios pelotones fueron enviados a pelear a Cártago; dependiendo del lado en el que estuviera uno, significaba defender la ciudad y morir, o tratar de conquistarla y morir también. Tal y como lo anunciaban las predicciones bíblicas del Apocalipsis, tres cuartas partes de la población morirían ese año.

El año 536 fue ese año. Le tomó a la humanidad casi un siglo recuperarse satisfactoriamente del rezago económico y productivo que ocasionó ese año. Y eso que no hubo plagas ni terremotos.

Afortunadamente, este, no será el peor, aunque estamos presenciando el primer confinamiento masivo de la Humanidad, la inclusión del agua en la Bolsa de Valores y la muerte de montones de artistas y personajes sociales a causa del Coronavirus. No podemos quejarnos, porque aún nos queda el sol.

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