El estudio del cerebro está resultando una empresa bastante esquiva. Y es que nuestro cuerpo no ha evolucionado para facilitar su comprensión, sino para mantenernos vivos, algo que hace notablemente bien sin intervención consciente. Es más, en muchas de las ocasiones en las que hemos destapado el tarro para tratar de solucionar algunas deficiencias hemos llegado a complicar de forma evidente la situación.

una selva de sinopsis ignacio crespo resena

Esto es precisamente lo que le ocurrió a Henry Molaison, a quien para tratar de epilepsia le extirparon buena parte de sus lóbulos temporales (hipocampos incluidos), dando como resultado un varón incapaz de generar nuevos recuerdos. Trastear con el cerebro es complicado. Lo sé porque Ignacio Crespo me lo ha contado en su magnífico libro divulgativo ‘Una selva de sinapsis’ (2020).

Como viene siendo habitual en Ignacio, la pasión de este joven médico y divulgador por aprender se pone de manifiesto en todo lo que escribe. Desde su blog S de Stendhal, donde encontraremos algunas de sus colaboraciones, hasta este reciente libro, encontraremos fantásticos ejemplos de esto. De hecho, una de las primeras citas señaladas en mi volumen reza “la búsqueda del conocimiento merece la pena en sí misma”.

El autor entiende la adquisición de conocimiento de una forma tremendamente lúdica con la que muchos nos identificamos. Lo que, para muchos, aplicado al cerebro puede no tener sentido. Después de todo es un órgano gris (una vez muerto), blando, aislado y atrapado en una bóveda de hueso como lo definió David Eagleman en una de sus ponencias. ¿Qué puede haber de interesante ahí?

Una selva de sinapsis, de Ignacio Crespo imagen

Pero es que el cerebro es maravilloso y desconcertante. O quizá es maravilloso porque es desconcertante. En particular algunos aspectos del comportamiento de cerebros como el humano y el de otros animales de parentesco evolutivo cercano. Esta pasión por aprender, por estudiar y por comunicar se ve reflejada en todo el libro a través de una excelente estructura relativamente cronológica pero hilada por las categorías motricidad, sentidos, memoria, atención, emociones, inteligencia y consciencia.

Por supuesto, cada uno de estos enclaves conceptuales han edificado ramas enteras de conocimiento usando como ladrillos miles de libros. Sobre cada una de estas categorías podrían publicarse, y de hecho se ha hecho, bibliotecas enteras.

Pero esta lista de sustantivos no son verdades ni conceptos universales que dividen el encéfalo (que contiene el cerebro, el telencéfalo, el diencéfalo y otras estructuras divertidas que conforman nuestro yo), sino divisiones que nos ayudan con la tarea de aprender sobre el órgano que tenemos encerrado en el cráneo y a través del cual procesamos todo tipo de señales externas o enviamos órdenes internas.

El propio autor dice que “puede que estemos usando como guía una ilusión, algo irreal”. Y es que las divisiones que presuponemos en nuestro sistema nervioso central seguramente sean mucho menos drásticas de lo que a menudo se presupone.

Esta humildad y reconocimiento de nuestra propia ignorancia colectiva, así como de los errores médicos, científicos y pseudocientíficos del pasado (y su especulación futura), permea todo el volumen de Crespo. Y va con segundas, porque pocas veces tiene uno la oportunidad de leer a alguien tan abierto de miras o tan predispuesto a admitir que no lo sabemos todo.

Porque, ¿qué sabemos del comúnmente llamado cerebro? Como se puede leer en ‘Una selva de sinapsis’ es tan fascinante todo lo que sabemos de nuestra masa gris como todo lo que sabemos desconocer. A través de la figura de la mitológica hidra (animal al que le crecen dos cabezas por cada una que se corta), Crespo plantea el enorme reto científico que supone analizar el encéfalo.

A lo largo de ya unos cuantos siglos de historia, con foco en los dos últimos siglos de pensamiento científico propiamente dicho, hemos ido cortando cabezas de fe, de pseudociencia, errores metodológicos o teorías científicas incorrectas (que ha habido unas cuantas), pero a medida que vamos pelando las capas de la corteza gris van surgiendo nuevos retos.

¿Dónde está el yo? ¿Emerge la conciencia a partir de un número de neuronas? ¿Son otros animales inteligentes? ¿Mi vecino es consciente o solo un autómata? ¿Podríamos construir un replicante? ¿Es la consciencia un subproducto de la inteligencia? A medida que vamos postulando y refutando hipótesis, y construyendo nueva tecnología para estudiar el cerebro, se va despejando la bruma que desvela nuevas preguntas.

Y adelanto que no tenemos respuestas para las preguntas realizadas en el párrafo anterior. Ni en ‘Una selva de sinapsis’ ni en ningún otro libro escrito por la humanidad, porque es mucho lo que desconocemos, algo que queda patente por parte de Crespo, que destaca en todo momento todo aquello que sospechamos, creemos saber, sabemos con pinzas o podríamos saber mejor.

Si a la excelente calidad con la que está escrito el libro se añade un sentido del humor brillante con referencias que abarcan de Los Simpsons hasta Pokemon, pasando por Lewis Carroll o Philip K. Dick, terminamos con un excelente volumen que llevarnos a la cabeza.

Imágenes | Ignacio Crespo


El dispositivo de la fotografía es un BOOX Note Air (reseña). Este año leeré preferiblemente en este formato para ahorrar dinero (los eBook son más asequibles) y reducir mi impacto ambiental.

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