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Probablemente es difícil que no reconozcas su estética: tienen una cabeza cuadrada, con bordes redondeados, que ocupa casi la mitad de su altura, un total de unos dos centímetros y medio, ojos negros en forma de botón, sin pupilas, una nariz pequeña, sin boca, una postura neutra, y, lo más importante de todo, son adorables. Utilizando estas sencillas pautas de diseño, la empresa Funko, unión de las palabras inglesas «Fun» y «Company», ha logrado crear una franquicia que ha convertido en muñecos a personajes de películas, de televisión, de cómics, de videojuegos, de deportes y de cualquier manifestación de la cultura pop.

La historia de la compañía comienza en 1998, cuando un diseñador de camisetas y entusiasta de los juguetes llamado Mike Becker buscaba una hucha vintage que representara a la mascota del restaurante Big Boy. Al descubrir que el artículo que quería se vendía por cientos de dólares en eBay, pensó que podría producir su propia réplica en China por un precio bastante similar. Poco después, lanzó Funko desde su casa en Snohomish, junto a los artistas Rob Schwartz y Sean Wilkinson, vendiendo huchas y figuras de personajes populares como Dick Tracy, Popeye o, por supuesto, la mascota de los restaurantes de comida rápida Big Boy.

Aunque la idea de Becker pareció tener bastante éxito, este parecía más interesado en revivir sus marcas favoritas. En 2005 perdió su interés en la empresa y se la vendió a su amigo Brian Mariotti, que la relanzó en 2010, en la Comic-Con de San Diego, donde se presentó el prototipo en el que la compañía había estado trabajando: los primeros muñecos cabezones en la línea de la serie Pop! Estos representaban cuatro personajes clásicos de cómics DC: Linterna Verde, Batgirl y dos versiones de Batman.

Utilizando las tres grandes licencias de la compañía (DC, Marvel y Star Wars, propiedad de Lucasfilm), se pusieron a trabajar en lo que se convertiría en la línea Pop. Funko no tardó en conseguir 25 licencias más y también consiguió que su producto estuviera presente en nuevos puntos de venta, además de las típicas tiendas de cómics. La fiebre de los Funko Pop no tardó en estallar. Que los actores de Juego de Tronos posaran con la versión Funko de sus personajes fue el empujón definitivo. El prestigio cultural de la franquicia se disparó, permitiendo que su imperio se expandiera más todavía. Desde figuras funko pop de Disney hasta los funkos de Stranger Things, ¿qué marca podía resistirse a formar parte de eso?

Otra de las claves de su éxito ha sido la incorporación de franquicias nuevas e inesperadas. Porque no es difícil conseguir figuras de Marvel o de DC, pero solo Funko añadiría a su catálogo muñecos de El padrino o de The Rocky Horror Picture Show. Gracias a esa enorme variedad, que cubre los intereses de un amplio número de fanáticos, así como a sus precios bajos, cualquiera puede crear una buena colección de la noche a la mañana. Ya sean los X-Men, Breaking Bad, o Huckleberry Hound, si algo forma parte de la cultura pop, tarde o temprano Funko lo convertirá en uno de sus personajes. Eso es, precisamente, lo que ha hecho que la puerta del coleccionismo se abra para muchas personas que hasta ahora se habían mantenido ajenas a este mundo.

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