¿Es posible «ver» la música? Alrededor de una de cada cien personas tiene una habilidad semejante. Tal vez más, pues la mayoría de sujetos con esta capacidad no son conscientes de que perciben una realidad diferente. Si sueles «oler colores», o un sonido te hace sentir un tacto suave en la piel, sigue leyendo. Tal vez haya algún aspecto de tu psique que desconozcas.

La sinestesia (del griego sin, junto, y aísthesis, sensaciones) es una variación sensorial, lejos de patológica, envidiable. Al recibir un estímulo, al individuo sinésteta se le activa una vía sensorial adicional que a priori, no tiene nada que ver con el sentido principal por el que ha percibido dicha sensación.

No hablamos de que al escuchar una canción, por ejemplo, nos asalte un recuerdo, un momento vivido con esa banda sonora de fondo. En ese caso se trataría de una asociación cognitiva adquirida. De la misma manera que si durante la infancia los profesores de preescolar nos enseñaron los números, las letras, los días de la semana, y demás conocimientos básicos mediante cartulinas de colores y dibujos, es posible que aún a día de hoy cuando pensemos en «Lunes», lo proyectemos escrito en color morado. Un sinestésico no aprendió esta capacidad, de hecho, su mecanismo es bien diferente. El no percibirá el morado en su imaginación, si no que al verlo escrito siempre le otorgará el color aleatorio que le asignó su psique, aunque dicha palabra o letras estén escritas en negro.

La teoría más consensuada sobre su origen explica que el fenómeno surge a través de conexiones sinápticas cruzadas entre diferentes áreas sensoriales del cerebro creadas en la gestación. Durante el crecimiento, el organismo lleva a cabo una gran purga neuronal desechando en el camino cantidades ingentes de células nerviosas con el fin de economizar su existencia, respetando tan solo aquellas que son de utilidad. En una pequeña parte de la población, las conexiones responsables de la sinestesia consiguen permanecer. También se le atribuye un componente genético, aunque las investigaciones en este campo están aún a nivel demasiado embrionario como para que ningún experto se aventure a señalar como definitiva una causa o factores concretos. De la misma manera, también se forjó el supuesto de que las personas zurdas tienen más probabilidades de desarrollar sentidos cruzados, pero como en todo, es una hipótesis aún por contrastar.

El ejemplo más conocido de sinestesia es aquel que se da con la música y los colores. Lejos de que cada canción lleve a una imagen mental de un color simple, cada nota musical es asociada a una tonalidad en particular. El Do puede dibujar en su mente el color morado, el Fa corresponder al naranja… De esta manera, escuchar una melodía armoniosa puede llevarles a crear todo un espectáculo cromático en la psique.

Pero no es todo así. Cada sinésteta es diferente, de la misma manera que en cada individuo su pensamiento difiere del resto. Cualquier sentido puede cruzarse con otro, resultando así que un tacto áspero evoque a un sabor agrio en la boca; crear diferencias conceptuales, como percibir una secuencia lineal entre círculos; incluso un orgasmo puede pintarlo todo a su alrededor de un color u otro dependiendo de su intensidad.

A parte de disponer de la percepción de un entorno totalmente diferente, la sinestesia parece comportar otras ventajas, como una memoria envidiable y gran facilidad para las disciplinas artísticas. Nada extraño, pues ¿quién no pondría todo su empeño en la composición musical si a más de disfrutarla con los oídos, pudiera verla?

Comentarios

comentarios