El cambio climático es una certeza de la que ya no vamos a poder escapar. Hemos pasado demasiado tiempo discutiendo si era verdad o no, posponiendo la acción hasta el punto de que evitar el cambio climático ya no es posible. Lo que sí es posible es paliar algunos de sus efectos más perniciosos. No, todos no, pero sí algunos. Aún estamos a tiempo de enderezar el clima planetario. Al menos en parte, y al menos si empezamos ya.

‘Cómo evitar un desastre climático, Las soluciones que ya tenemos y los avances que aún necesitamos’ (2021), de Bill Gates, es un libro realmente interesante. No solo aborda el problema climático desde el punto de vista de algunas soluciones basadas en la tecnología, sino que también disecciona con bastante acierto la forma en que estamos contaminando la atmósfera de la Tierra:

  • 31% Fabricar elementos como cemento, acero o plástico
  • 27% Consumir energía eléctrica
  • 19% Cultivar plantas y criar animales
  • 16% Desplazar aviones, camiones, cargueros
  • 7% Climatizar hogares e industria

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Puede parecer una lista demasiado simple (hay muchas otras formas de ponderar el impacto que resulta en el cambio climático), pero la lista de Bill Gates es lo suficientemente compleja para desglosar cómo las actividades humanas intervienen en el problema, y lo suficientemente sencilla como para que resulte entendible para cualquier lector. Es un libro para todos los públicos, con excepción de los negacionistas climáticos.

Por supuesto, es importante destacar cómo todos estos temas han de ser abordados en paralelo. De nada serviría anclar a tierra todos los aviones del planeta (cuya contribución al cambio climático ronda el 3%, aproximadamente) sin solucionar el otro 97% del problema. Para ello, Bill sentencia que “en apenas unos años he llegado a tres conclusiones:

  1. Para evitar un desastre climático, tenemos que alcanzar las cero emisiones.
  2. Debemos aplicar las herramientas de las que ya disponemos, como las energías solar y eólica, de manera más rápida e inteligente.
  3. Debemos crear y comercializar tecnologías de vanguardia que nos ayuden a lograr nuestro objetivo.”

Externalidades negativas: no pagar la contaminación

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Uno de los puntos claves del libro es el problema de las externalidades negativas. En materia medioambiental una externalidad negativa es un impacto no deseado que quien lo provoca no asume. Por ejemplo, las personas que hacen uso de vehículos como turismos no asumen el coste sanitario de su movilidad, que en europa ronda los 1276 euros al año por persona, en su lugar, lo asume el estado o directamente el ciudadano que sufre una dolencia derivada.

Precisamente con la gasolina, Bill Gates señala que sus precios “no reflejan los daños que ocasionan, las maneras en que su extracción y quema contribuyen al cambio climático, la contaminación y la degradación medioambiental”. Y por supuesto la gasolina no es ni de lejos el único recurso que no rinde cuentas. Una agricultura insostenible, el urbanismo distribuido o la negativa a fabricar cemento de bajo impacto son elementos que tampoco sustentan su coste.

Para paliar este problema, Gates introduce el concepto de prima verde. Esta prima verde es la diferencia de coste entre un producto que implica la emisión de carbono y una alternativa que no lo haga. Por ejemplo, 10.000 euros es la prima verde si todos los coches térmicos costasen 18.000 euros y todos los eléctricos costasen 28.000 euros. Aunque nadie quiere pagarla.

Es aquí donde entran algunas de las soluciones del autor (a menudo demasiado enfocadas a nuevas innovaciones y no a resolver el problema subyacente): electrificar todo lo que se pueda; eliminar la generación energética contaminante; invertir en aquellos inventos que mejoren la eficiencia, aporten energía sin emisiones y  reduzcan el impacto de otros; generar presión política para que se aprueben leyes ambientales; o hacer un uso eficiente de los materiales. Para mi gusto, un plan demasiado abierto, ambiguo y muy poco definido. Parece que Bill Gates no quiere mojarse y tomar parte en el cambio.

Algunas críticas a Bill Gates (lo siento, Bill)

Aunque el libro es ameno, casi divertido y sin duda muy instructivo, lo que suma muchos puntos, existen cuatro preocupantes puntos que, simplemente, no parecen estar al nivel de Bill Gates.

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La falta de fuentes a lo largo del libro es continua. Hay algunas, aquí y allá, casi todas muy bien elegidas y fiables. Sin embargo, el grueso del libro, aunque coherente, lleno de lógica y (no me cabe duda) bastante documentado, está construido sobre la nada. No hay referencias. Es una lástima que un libro con tanto potencial base su credibilidad en la fe del lector, que puede elegir creer a Gates o no hacerlo, porque prácticamente todo lo que dice no es trazable. Indexar la información para que el lector verifique la información es, cuanto menos, deseable. Bill apenas lo hace. Un gran fallo.

En algunas ocasiones (pocas), el libro llama demasiado la atención debido a errores graves. Por ejemplo, Bill Gates confirma que “los trozos de plástico que flotan en el mar causan toda clase de problemas, entre ellos el envenenamiento de la vida marina. Sin embargo, no agravan el cambio climático”, algo que se sabe que no es cierto por lo menos desde 2018. Mucho tiempo atrás se sospechaba, pero ese año David Karl y su equipo demostraron que los plásticos, al degradarse, liberan metano, un gas de efecto invernadero. Como lo anterior, esta dejadez no parece que esté a la altura de Gates. ¿Qué ha fallado?

Un tercer punto crítico con el libro es debido al hecho de que Bill Gates no deja de hablar de Microsoft o de empresas en las que ha invertido dinero. A diferencia de él, yo no daré el nombre de estas compañías. Por muy ilusionado que esté con sus inversiones, parece poco honesto señalar como casos de éxito empresas de su posesión. Por desgracia, esta falta de modestia sí es propia de Bill, y es uno de sus defectos públicos más conocidos. Nada nuevo aquí.

Por último, es evidente que Gates es americano y que su libro no es capaz de desprenderse de la cultura del país. Así, “la posibilidad de desplazarse entre zonas rurales y urbanas es una forma de libertad personal”, casi un derecho divino al que ni Bill ni ningún americano que se precie está dispuesto a renunciar. En el libro se habla de algunas soluciones climáticas. Ninguna pasa por la reducción del número de carriles, compartir coche o abandonarlo. Tampoco por la apuesta por ciudades compactas, aunque en honor a la verdad se mencionan de pasada sus beneficios en materia de impacto ambiental. Es decir, Bill conoce perfectamente otras soluciones a los problemas climáticos, pero elige ignorarlas de forma deliberada. Eso quita mucha credibilidad y validez al libro, que acaba convertido solo en una solución tecnológica.

Pese a estas críticas, ‘Cómo evitar un desastre climático, Las soluciones que ya tenemos y los avances que aún necesitamos’ (2021), de Bill Gates, es un libro a tener en cuenta de cara a analizar algunas soluciones que harán falta, aunque no estén todas.


Con el objetivo de ahorrar en libros y reducir (un poco) mi impacto ambiental, este año leeré todos los libros que pueda en la tablet de la fotografía, una BOOX Note Air (reseña).

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