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Anna Gooding-Call ha escrito en Book Riot una maravillosa oda al libro de emergencias que merece la pena leer. Se le llama «libro de emergencias» al volumen de bolsillo, normalmente de pequeño tamaño, que llevamos a todas partes, metido en el bolso, en una mochila o en algún bolsillo del abrigo, y que sacamos en cualquier momento, en la sala de espera del médico, en la cola del banco, en el autobús, siempre que la situación lo requiera, para rellenar tiempos muertos con lectura, evitando el aburrimiento o conversaciones incómodas.

El tamaño no es lo único caracteriza al libro de emergencias. También su contenido se debe ajsutar a las circunstancias particulares de lectura. Lo ideal es un libro sobre el que hundir el diente que no te exija demasiado a cambio, algo corto pero concentrado, que te enganche pero no te impida seguir con lo que tienes entre manos cuando acaba la espera. Diez minutos de lectura y a lo siguiente. Suficiente como para no terminar la lectura mientras espera, para poder seguir teniendo ese libro de emergencias, por si acaso. No hay que tener ninguna prisa por devorarlos: buen buen libro de emergencias puede durarte incluso años.

Evidentemente, el relato corto es un formato que se ajusta a la perfección a lo que se requiere de este tipo de libros (la ciencia ficción, además, es un género que funciona especialmente bien). También, si se es un lector más osado, se puede probar suerte con la poesía. También es una opción más que recomendable utilizar como libro de emergencias cómics.

Para muchos, incluyendo a Anna Gooding-Call, las nuevas tecnologías han hecho que los libros de emergencia sean algo moribundo. Reflexionando sobre esto me doy cuenta de que es cierto que hace unos años iba con un libro a todas partes y con el tiempo he acabado perdiendo esa costumbre. Tal vez sea verdad que ahora, con los teléfonos inteligentes, preferimos matar los tiempos muertos consultando las redes sociales o leyendo las noticias, pero me niego a pensar que eso signifique el final de los libros de emergencia. Más bien, creo que estos se han visto obligados a transformarse y a adaptarse a los nuevos tiempos. Teniendo en cuenta que ya existen aplicaciones que tratan de ofrecer una lectura «de emergencia», quizá sea que este tipo de libros ahora tenga menos pinta de libros tradicionales y que los teléfonos inteligentes en lugar de representar su sentencia de muerte se hayan convertido en una especie de versión tecnológica.

No importa la forma que tengan: siempre que alguien recurra a la lectura para matar el tiempo tendrá un libro de emergencias entre las manos.

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