Portada de Ronda del Guinardó.

Hoy nos adentraremos en la Barcelona de la posguerra de la mano de Joan Marsé (1993 – 2020) y su novela corta, Ronda del Guinardó. Menos popular que su obra más exitosa, Últimas tardes con Teresa, muestra en pocas páginas lo que este escritor autodidacta era capaz de obrar. Publicada en 1984 de la mano de Plaza & Janés y ganadora del Premio Ciudad de Barcelona, en sus 128 páginas consigue trasladarnos al mísero ambiente de la década de los años cuarenta, cuando los habitantes del país malvivían entre runas e intentaban reconstruir su vida tras los fiascos del conflicto, sometidos al yugo del régimen.

El título no podía ser más acertado. Marsé no solo lo toma de la calle homónima de Barcelona, si no que la historia se desenvuelve durante un itinerario por dicho barrio. El protagonista, un inspector bienintencionado pero de ideología cuestionable, tratará de convencer a una pizpireta huérfana de catorce años llamada Rosita, para descender hasta la morgue del Hospital Clínico a identificar el cadáver del hombre que la violó dos años atrás.

Fotoretrato de Juan Marsé.

Ante la reticencia de Rosita a ir a ver un difunto, alegando que se encuentra demasiado atareada ya que los ingresos del orfanato dependen de su trabajo, y su reparo por presenciar el rostro del finado, el inspector deberá acompañarla en sus tareas y esperarla a lo largo y ancho del barrio. Con sus dotes para la observación, el protagonista atará cabos y comprobará que la chiquilla no es tan beata e inocente como aparenta en un principio, regalándonos alguna que otra bizarra escena.

Entre descampados, camiones destartalados, restos de bombardeos, tascas de barrio, grandes caserones desvencijados, y los variopintos pillastres y ganapanes de las calles, el autor consigue envolver al lector en una vívida atmósfera de podredumbre gracias a su rica narrativa, en la que con pocas palabras, en ocasiones, tiznadas con un poco de humor, consigue definir en la mente la imagen exacta que pretende.

Para finalizar, he aquí una pequeña muestra de la acidez de Marsé: […] vio al mallorquín acercarse de nuevo con paso decidido y un fajo de impresos en la mano. El flequillo cabalgaba sobre su frente con determinación de cretino. […].

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