Jaque al emperador de J.R. Barat.

Existen dos clases de escritores. Por una parte están los que se especializan en un género, los que desarrollan un estilo tan característico que son reconocibles con una sola línea de texto; y por otra, los escritores todoterreno, camaleónicos, que parecen no amedrentarse ante ningún género y acaban tocando todos los palos. Especialmente singulares son aquellos autores que, dentro de estos últimos, logran destacar en todo cuanto hacen. Una de esas rara avis sería J.R. Barat. De vocación poeta, Barat ha pasado por todos los géneros narrativos, desde la literatura juvenil a la novela histórica, pasando por el teatro, y en todos sus obras ha cosechado críticas elogiosas y premios.

Es por eso que acercarse a uno de sus libros es, en cierto modo, una apuesta sobre seguro, algo que vuelve a ocurrir una vez más con su nueva novela, Jaque al emperador. Ambientada en la España de la invasión napoleónica, la última obra de Barat hace algo que debería ser consustancial a la novela histórica: volver la vista atrás y revisar el discurso oficial que nos han contado una y otra vez con nuevos ojos, enmendándole la plana si fuera necesario. De esta forma, Barat rescata a una figura muy olvidada e incluso infravalorada por la historia, la del soldado, guerrillero y héroe José Romeu y Parras, situándolo en el centro del foco. Recordemos que este personaje, que se había ganado el aprecio de cuantos le trataron por su carismática personalidad y su sentido de la justicia, decidió sacrificar la tranquilidad y el bienestar de una vida acomodada para alistarse en el ejército y luchar por la libertad de la nación.

Jaque al emperador responde a la máxima a la que debería aspirar toda novela histórica: se percibe un meticuloso proceso de documentación pero, al mismo tiempo, la ficción no se deja encorsetar por ella, sino que se filtra, como un buen caldo, por los resquicios que hay en la historia. La reconstrucción de la vida de José Romeu es completa, de principio a fin, perfilando una psicología compleja, viva, que a pesar de su fachada de héroe valeroso y noble, también muestra sus fisuras, sus dudas, haciendo que lo sintamos humano. Junto a él aparece un rico acompañamiento de personajes, representantes de todas las clases sociales, campesinos, soldados, generales, gentes de la iglesia, y también cobardes, traidores, víctimas y verdugos. Es cierto que, con la vista puesta siempre en Romeu y en su círculo más cercano, muchos de los personajes se retratan con pinceladas breves, sometidos siempre a la incertidumbre de la guerra de no saber si vivirán para ver amanecer el nuevo día, pero a pesar de eso en ningún momento se tiene la sensación de que sean planos o estén desdibujados.

El grueso de la novela se extiende en detalles sobre la contienda napoleónica, llena de avances y retrocesos, de triunfos y derrotas, alegrías y decepciones. Algo que hay que agradecer a Barat es que no haya romantizado la guerra; más bien al contrario, esta aparece descrita con toda su desaforada crueldad. A lo largo de páginas y más páginas comprobados hasta qué punto de vileza es capaz de llegar el ser humano cuando se encuentra en un contexto bélico. El autor no se no suprime ni suaviza esos episodios sanguinarios porque, al fin y al cabo, forman parte de la historia y sin ellos no podríamos entender los acontecimientos de la misma manera. Ahora bien, Jaque al emperador es mucho más que solo batallas, lo que es de agradecer porque, como dijo Ken Follet en una entrevista, las novelas históricas pueden llegar a ser aburridas si solo hablan de reyes o de batallas.

En cuanto al estilo, se deja entrever que bajo el novelista hay un poeta, pero sin llegar a hacer ostentación de ello. La prosa de Jaque al emperador es elegante, sin caer en el empalago, su léxico es preciso, y de vez en cuando depara alguna agradable sorpresa, una sola palabra, una metáfora o una imagen, que no deja de agradecerse y que hace que la historia se disfrute más todavía.

El 5 de mayo de este año se cumplen doscientos años de la muerte de Napoleón Bonaparte y Jaque al emperador es un magnífico ejercicio de memoria histórica, de una parte de la historia que quizá no se recuerda lo suficiente, pero que sin duda es fundamental para comprender el presente (en ella se encuentra, por ejemplo, el germen de las dos Españas). Novelas como las de Barat nos recuerdan que la finalidad de la historia es iluminar el presente, ayudarnos a entenderlo, y comprobar, en definitiva, que hoy en día tenemos comportamientos similares a los que se tenían hace siglos, que seguimos amando, luchando o temiendo de la misma forma en la que se hacía entonces. Se suele decir que volver la vista atrás, hacia la historia, puede ayudarnos a aprender para a no repetir los errores del pasado, pero por encima de eso, sirve para comprender la condición humana, nuestra esencia, aquí y ahora. Es importante rescatar a figuras olvidadas como la de José Romeu pero no es menos importante entender qué lleva a una persona a sacrificar su vida por valores como la libertad o la justicia.

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