Los embajadores de Henry James.

Los embajadores está considerada como una de las obras maestras del último período de Henry James. En el prefacio de la Edición Nueva York, el autor proclamó que era la mejor de sus novelas, un punto de vista con el que coincidió buena parte de la crítica. Eso no ha impedido que un error bastante importante y necesariamente evidente se mantuviera en la novela durante casi cinco décadas.

Para poner en antecedentes, hay que empezar diciendo que la historia de la publicación de esta novela es algo compleja. Escrita entre octubre de 1900 y julio de 1901, en un primer momento James no encontró un editor que quisiera publicarla, por lo que no aparecería hasta 1903, por entregas, en la revista NAR, una publicación en la que se tuvieron que omitir diversos pasajes, que incluían tres capítulos enteros. Para las versiones en libro, James utilizó las pruebas de la versión por entregas, pero como no contaba con dos copias, las versiones que manejaron las editoriales de Londres y Nueva York fueron distintas, lo que explica las diferencias textuales entre las ediciones.

En 1950 un estudiante de Stanford llamado Robert E. Young se dio cuenta de que los capítulos 28 y 29 estaban en el orden inverso. El capítulo 28, en el que Lambert Strether informa a Maria Gostrey de su conversación con Chad Newsome en la noche anterior, precede a la conversación misma que se relata en el capítulo 29. Sólo cuando las posiciones de los capítulos 28 y 29 se invierten, argumentó Young, la cronología tiene sentido. James pasó por alto esta inversión de capítulos no una sino dos veces, cuando revisó las pruebas de la novela para Harper y en 1908 cuando lo hizo para Scribner´s. En realidad, los capítulos se habían impreso en el orden correcto en la edición británica, publicada antes que la estadounidense, Pero todas las ediciones posteriores, tanto estadounidenses como británicas, utilizaron el orden incorrecto, hasta que Young señaló el error.

En un artículo publicado ese mismo año por la revista American Literature, Young explicaba el error, achacándolo al estilo de escritura de James. «Que James poseía muchas virtudes como novelista es indiscutible; sin embargo, este descubrimiento parece añadir peso al argumento de que el estilo de escritura que afectó en sus últimas novelas no es una de ellas. De hecho, debe haber algo radicalmente erróneo en un estilo de escritura que ha logrado disimular un error de esta magnitud durante tantos años ante la mirada inquisitiva de innumerables lectores, editores, editores, críticos e incluso del propio autor», concluyó Young.

Como es lógico, estas acusaciones no agradaron a muchos de los fanáticos de James, que trataron de defenderlo. A la cabeza de todos ellos está el académico Jerome McGann, que en 1992 argumentó que James podría haber sido consciente de que los capítulos tenían ese orden y que lo habría permitido porque eso era lo que el escritor quería. Según McGann, las discrepancias cronológicas se deben a que al comienzo del capítulo 28 (de la edición de Harper) se dice que describirá una conversación que ocurrirá en el futuro y que el «esa noche», al comienzo del capítulo 29, no se refiere a la noche que se acaba de describir en el capítulo 28, sino a la anterior.

No parece que muchas personas compren el argumento de McGann, por lo que el consenso entre la mayor parte de editores sigue siendo el de publicar la novela en el orden propuesto por Young, entendiendo que los capítulos estaban desordenados y que James nunca se dio cuenta. La opción postmoderna es dejar que sea el propio lector quien decida el orden en que hay que leer esos capítulos.

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