Recorte de prensa.

En 1995 Roger Powell tenía 46 años y vivía en las calles de Londres, después de arruinarse al tratar de emprender un negocio de taxis. Ese mismo año, por un inesperado giro del destino, se convirtió en una obra de arte.

Todo empezó cuando el artista y director de cine Tony Kaye decidió exponer a un indigente en la Galería Saatchi como si fuera una obra de arte y Roger Powell se cruzó en su camino. Así fue como Powell acabó sentado en un rincón de la galería, como una obra más. Y como una obra más, también estaba en venta. Junto a Powell había un cartel en el que se explicaba que era una obra de arte humana y se indicaba que el precio de venta era de mil libras.

Nadie parecía dispuesto a comprar a Powell y durante los siguientes dos años y medio Kaye continuó exhibiéndolo en otras galerías y museos. Powell se paseaba por los museos con una camiseta que decía: «En venta, Roger, por Tony Kaye, cuatro millones de libras». El precio, evidentemente, se había inflado bastante. A cambio de pasearse convertido en obra de arte, Kaye le daba a Powell una asignación semanal.

Finalmente, cuando Powell dejó de ser obra de arte, perdió el contacto con Kaye. Después de que muriera en 2002, Kaye pagó su cremación y se hizo cargo de sus cenizas. Kaye dijo en ese momento que pretendía usar las cenizas de Powell para hacer una pintura que se titulara Hombre sin hogar muerto.

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