Prototipo de máquina de lectura de Ross Saunders.

Los modernistas estaban obsesionados con las ultimísimas novedades, y la tecnología no era una excepción. En alguna ocasión incluso llegaron a desarrollar su arte en función de ella. Ahora bien, dejando a un lado el mundo artístico, ¿algún modernista enfocó su creatividad para desarrollar su faceta de inventor? Pues sí. No fueron muchos, pero los hubo. El profesor de la Universidad de Oxford Brookes, Eric White, escribió sobre ellos en su libro Reading Machines in the Modernist Transatlantic Avant-Gardes, Technology and the Everyday.

Uno de los más recordados es Bob Brown, que es conocido como el padre de los libros electrónicos al idear, en 1915, una «máquina de lectura», mientras escribía poesía imaginista y negociaba acciones en Greenwich Village. Su invención combinó una forma temprana de tecnología de microfilm con un nuevo tipo de escritura que él llamó ‘readies’. El resultado fue un único flujo de texto extravagante, en la línea de Botones blandos de Gertrude Stein. Bob retomó su invención a finales de la década de 1920, cuando él y su mujer, Rose, que también jugó un papel fundamental en la invención, se establecieron en el enclave de expatriados de Cagnes-sur-mer, en Francia. En 1929 invitaron a algunos de sus amigos modernistas , como la propia Stein, Alfred Kreymborg, Ezra Pound y William Carlos Williams a que escribir algunas muestras para su prototipo tecnológico.

Además de los textos de 45 escritores, la antología resultante, publicada en 1931 bajo el título de Readies for Bob Brown´s Machine, incluía una foto del prototipo de máquina de lectura, construida por el pintor surrealista estadounidense Ross Saunders, en verano de ese mismo año. Sin embargo, las circunstancias que se derivaron de la Gran Depresión aparentemente hicieron que el proyecto de Bob Brown cayera en el olvido.

Pero los Brown le volvieron a dar vida a finales de 1932, después de regresar a Estados Unidos debido a que se habían arruinado en la Depresión. El resultado se llegó a describir como una máquina compacta, que funcionaba con baterías, y que utilizaba un sistema de vidrio esmerilado para ampliar el texto. La prima de Bob, Clare Brackett, que dirigía la Compañía Nacional de Productos de Máquinas en Detroit, le dio a Rose un prototipo semifuncional con electromecánica funcional, pero Rose aún necesitó perfeccionar la parte óptica. Junto con el litógrafo Hugo Knudsen produjeron una preparación micrográfica utilizando una película de nitrato estándar de 35 mm y un elaborado método de composición fotográfica. La primera obra elegida fue Cándido de Voltaire, por su crítica al gobierno colonial, algo con lo que Rose estaba de acuerdo.

Los Brown viajaron con su máquina de lectura durante la década de 1930, hasta que terminaron trabajando la facultad de Commonwealth College en la zona rural de Arkansas, donde crearon el Museo del Cambio Social, que exponía los nefastos efectos del capitalismo industrial. Desde allí, los Brown organizaron viajes a la Unión Soviética entre 1935 y 1936, intentando llevar su máquina de lectura al Museo Politécnico de Moscú, aunque al final no lo consiguieron.

Desde finales de la década de 1930, trataron de buscar sin éxito la colaboración de varias empresas de microfilm, pero a principios de la década de 1940, en un viaje a América del Sur, perdieron la máquina. Después de que Rose muriera de una enfermedad repentina en Brasil, en 1952, Bob regresó a Estados Unidos y se volvió a casar. A partir de ese momento deja de trabajar en la máquina de leer, seguramente porque sentía que ese proyecto le pertenecía a su difunta esposa tanto como a él.

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