Imagen del regreso de Nellie Bly a Jersey

   Cuando La vuelta al mundo en ochenta días fue publicada por entregas entre el 7 de noviembre y el 22 de diciembre de 1872 en el diario Le Temps, el mundo entero quedó, a partes iguales, fascinado por la historia e intrigado ante la posibilidad de que pudiera hacerse realidad. En 1888, la periodista Nellie Bly ‒seudónimo de Elizabeth Jane Cochrane‒ propuso a su diario, el New York World, la idea de hacer realidad ella misma el viaje de Phileas Fogg, dando por primera vez la vuelta al mundo en ochenta días. Para mantener el interés, el diario organizó una especie de concurso en el que pedía a sus lectores que calcularan el tiempo exacto que tardaría en completar el trayecto, ofreciendo como premio un viaje por Europa. Pero es que ahí no queda la cosa. La propuesta de Bly llegó hasta la redacción del Nueva York Cosmopolitan y este diario decidió pagarle el viaje a una de sus reporteras, Elizabeth Bisland, para que venciera a Bly dando la vuelta al mundo por el camino opuesto.

Tablero del juego de mesa que hicieron con el viaje de Nellie Bly

   Un año más tarde, el 14 de noviembre de 1889, a las 9:40 a.m., Bly tomó el buque de vapor Augusta Victoria, de la línea Hamburgo-América y comenzó su viaje. Como equipaje tenía el vestido que llevaba puesto, un grueso abrigo, varias mudas de ropa interior, una pequeña bolsa de viaje con artículos de aseo, y bolsito atado al cuello con un presupuesto total de 200 libras para todo el viaje. Con todo eso, Bly pasó por Inglaterra, por Francia ‒donde tuvo ocasión de entrevistarse con Jules Verne, en Amiens‒, por Brindisi, por el Canal de Suez, por Colombo ‒en Sri Lanka‒, por el Estrecho de Penang en Malasia y el Estrecho de Singapur, por Hong Kong y por Japón. Durante su viaje la periodista utilizó sobre todo buques de vapor y redes de ferrocarril, que en ocasiones le provocaron algún que otro retraso, sobre todo en el tramo asiático, pero que le dio la oportunidad de vivir insólitas aventuras, como la visita a una colonia de leprosos en China o la compra de un mono en Singapur. Bly pudo mandar informes de sus progresos de viaje gracias a las redes de cable submarino y al telégrafo eléctrico, aunque en las expediciones más remotas las noticias tardaron en llegar.

Caja del juego de mesa que hicieron con el viaje de Nellie Bly

  Como consecuencia del mal tiempo durante su travesía por el Pacífico, Bly llegó a San Francisco a bordo del White Star liner Oceanic el 21 de enero, con dos días de retraso. Sin embargo, pudo alquilar un tren privado, por lo que llegó de vuelta a Nueva Jersey el 25 de enero de 1890, a las 3:51 p.m., setenta y dos días y seis horas más tarde de haber emprendido su viaje. En ese momento, Bisland seguía dando la vuelta al mundo, puesto que, al igual que Bly, había perdido una conexión y tuvo que viajar en una embarcación antigua y lenta en lugar de utilizar la rápida que había previsto. Fruto de todo su viaje, Bly escribió una crónica titulada La vuelta al mundo en setenta y dos días, en un evidente guiño a la novela de Jules Verne. Sobre esta apasionante carrera Matthew Goodman escribió un libro llamado Ochenta días. La gran carrera de Elizabeth Bisland y Nelly Bly, la vuelta al mundo que hizo historia, en el que narra la historia con todo lujo de detalles.

   Después de que Bly consiguiera dar la vuelta al mundo en setenta y dos días, varios fueron los intentos por batir este récord. En 1890 George Francis Train, el excéntrico magnate en el que Jules Verne probablemente se inspiró para escribir La vuelta al mundo en ochenta días, completó su tercer viaje alrededor del mundo en poco más de 67 días. Tenía entonces 61 años. Pero es que dos años más tarde volvió a repetir el viaje ‒sería ya el cuarto y último‒ en solo 60 días. Años más tarde, en 1913, Andre Jaeger-Schmidt, Henry Frederick y John Henry Mears consiguieron fulminar la mejor marca, dando la vuelta al mundo en menos de 36 días.

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