El verano de su vida (y adelanto ya que este título no hace justicia a la inmensa obra ante la que me he encontrado) de Thomas von Steinaecker y Barbara Yelin, es un relato amargamente dulce. El verano como excusa, pero el otoño de la vida como tema central. Una anciana, los recuerdos, la soledad, la vida y la muerte en un cómic tan corto como intenso:

Gerda se asoma a la ventana de la residencia de ancianos y mira las estrellas. Durante mucho tiempo ha aplazado la pregunta, ahora busca una respuesta: ¿ha tenido una vida feliz? Y mientras trata de hacer frente a la vida cotidiana en la residencia, piensa en su juventud, en los años sesenta; en su entusiasmo por una materia en la que se la miraba con recelo por ser mujer, la astrofísica; en la difícil elección que tuvo que hacer entonces, aquel verano de su vida: entre su amor por Peter y una carrera en el extranjero…

El verano de su vida toma como punto de partida los recuerdos que se agolpan en el crepúsculo, cuando la muerte se va acercando. Una anciana repasa su vida a golpe de momentos, de sensaciones, los errores, los aciertos, y lleva de la mano al lector en una combinación de tiempo presente y pasado. Además es algo que visualmente se encuentra impresionantemente bien reflejado: en algunas escenas ambos tiempos se juntan, de tal modo que tenemos a Gerda, la protagonista, bajo un árbol observando cómo, en la luz de la ventana de una casa, ella misma y su joven marido disfrutan de la noche veraniega. Una alegoría de la no linealidad de los recuerdos, del movimiento de los sentimientos, que ataca precisamente donde los autores quieren que el lector sufra: en la vacuidad del tiempo.

Si bien la narración usa diálogos inconexos, muy bien escritos pero carentes de un verdadero peso narrativo (escenas cotidianas, diálogos banales), es en el aprovechamiento de los silencios donde el guion se hace grande, del mismo modo que el dibujo arrolla como una marejada y lleva el peso de la narración. El color parece combinar el pastel con la acuarela, con una gran predominancia de los verdes y azules (colores que en estas técnicas pictóricas destacan de forma sobresaliente).

La composición de las páginas es ecléctica: a veces toma un estilo más clásico, pero a menudo se mueve entre composiciones bastante más atrevidas, usando viñetas redondas, grandes espacios en blanco. El diseño de los personajes es elegante y destilan inocencia. En la arquitectura de los escenarios es donde el dibujo echa el resto, con unas páginas llenas de detalles, hermosas y repletas de vida.

La lectura de El verano de su vida (ya lo he dicho, no me gusta este título) es intensa, pero bella. Deja con un buen sabor de boca. Más que como un cuento, es como un poema. O, mejor, una canción. Nos lleva a través de las imágenes centrales de la vida. ¿Y cómo se recuerda la vida? ¿Recuerdas lo bueno, lo malo, las cosas que parecían no tener importancia y ahora, en los momentos finales, adquieren toda? Quizás se componga de todo eso al mismo tiempo, al menos esa es la impresión que tiene uno tras leer esta obra. Sus autores han compuesto una obra llena de corazón, de belleza, y esto se refleja en todos los aspectos que, en concordancia, reman a favor de una historia lena de dulzura.

Es un cómic perfecto para adentrarse en la lectura de tebeos (para aquellos que no lo hayan hecho todavía), porque cuenta con la fuerza narrativa de la buena literatura. En la contracubierta se puede leer que esta es la primera colaboración de ambos autores. Han sacado algo muy bueno de ello, espero que repitan.

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