Jan Jansz van de Velde (aproximadamente 1650).

Aunque los bodegones, como género pictórico independiente, no son frecuentes hasta el Renacimiento, ya desde la la antigüedad era habitual incluir flores, frutas y otro tipo de alimentos en general ‒además de cráneos‒ en pinturas religiosas o en retratos, generalmente con una intención simbólica, para señalar la mortalidad o la fugacidad de la vida, según el tópico vanitas vanitatem. Ya en la pintura holandesa del siglo XVII ningún elemento es seleccionado al azar. Todos tienen una gran carga alegórica y sirven para expresar diferentes temas morales y cristianos. Un ejemplo muy curioso, que esconde un fascinante significado, es el níspero, que era considerada como la prostituta del frutero.

Adriaen Coorte (entre 1696 y 1705).

Los nísperos se venían cultivando desde la antigüedad, pero no se hicieron populares hasta el siglo XVII. Es una fruta un tanto extraña, cuyo sabor está a medio camino entre la manzana asada y el membrillo y que tiene una cáscara gruesa con un color que va del rojo intenso al bronce. Aunque lo que llevó a esta fruta a convertirse en prostituta son sus condiciones de maduración. Los nísperos no son comestibles hasta que no han empezado a pudrirse. Este detalle llamó la atención de los artistas holandeses del siglo XVII, que supieron aprovechar el potencial simbólico de una fruta que comienza a pudrirse antes de madurar. Y no fueron los únicos: en la literatura los nísperos también tienen un valor simbólico en autores como Chaucer, Shakespeare o D.H. Lawrence, entre otros.

Pero volviendo al barroco holandés, una fruta que se podría antes de madurar era la manera perfecta de representar la decadencia de la pureza. Y de ahí que la utilizaran en sus pinturas como símbolo de la prostitución, de la falta de sentido común y de la moral en descomposición.

Adriaen Coorte (1687)

Por ejemplo, en el cuadro de Adriaen Coorte vemos dos nísperos bajo un racimo de uvas y una mariposa púrpura revoloteando por encima. Si entendemos que las uvas simbolizan a Cristo ‒como guiño al vino que Jesús dio a sus discípulos en la última cena‒ y que la mariposa, que proviene de oruga, significa la transformación o salvación del alma, entendemos que la naturaleza muerta de Coorte tiene un mensaje moral importante: a los jugosos nísperos, prostitutas y otras almas impuras, se les ofrece un camino de redención a través de Cristo.

Jacob Marrel (entre 1670 y 1680).

Así mismo, en la pintura de Jacob Marrel, vemos cómo un caracol elige sabiamente ir hacia las uvas cristianas y alejarse de la tentación de los pecaminosos nísperos.

Martinus Nellius (finales del siglo XVII).

Otra representación del tema la observamos en el lienzo de Martinus Nellius. En él, los nísperos se han situado junto a jugosos membrillos, que son símbolo del matrimonio y de la fertilidad ‒ya dijo Plinio que un trozo de membrillo podía formar otro árbol siempre y cuando se plantara, así que esta fruta se ha asociado con la fertilidad, así como con la inmortalidad espiritual‒. Por tanto, el cuadro nos pone en la tesitura de tener que elegir el camino del membrillo, y lograr la gracia eterna a través del matrimonio y la reproducción, o el del níspero, que es el de la prostitución y la depravación espiritual. Y por si el mensaje era demasiado sutil, el artista además colocó una talla de mujer con los pechos al descubierto para sostener la mesa.

Dirck van Baburen (1622).

Los nísperos además los encontramos en otro género popular en el arte holandés del barroco: las escenas de burdel. En este tipo de pinturas se suelen representar a jóvenes y hermosas prostitutas, acompañadas de una señora mayor, tentando a jóvenes caballeros de buenas familias. De hecho, es curioso que donde más encontremos este tipo de pinturas sea precisamente en los hogares de las familias acomodadas y respetables, ya que su función principal era transmitir un mensaje moral. Para los jóvenes que podrían ser potenciales clientes, para que no se convirtieran en víctimas de la depravación, y para las jóvenes, que podían interpretar a la señora vieja y fea como un espejo en el que pueden verse las consecuencias del pecado. Al igual que el vanitas vanitatem, donde vemos cráneos, frutas podridas y flores marchitas, este tipo de pinturas también recuerdan la fugacidad de la vida y la naturaleza pasajera de la juventud. Ese es, además de advertir contra la prostitución y otros vicios, el propósito moralizante del níspero.

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