Todas las sociedades y civilizaciones que nos precedieron sufrieron algún que otro colapso que hizo imposible su continuidad. Y según el consenso de  todas las publicaciones sobre colapsología, en no muchas décadas nuestra civilización sufrirá un colapso. Dentro de poco llegaremos a un nivel de consumo, gasto de energía, deuda, contaminación y pérdida de biodiversidad inasumibles.

No se trata de una profecía autocumplida ni un mensaje apocalíptico escrito en el letrero de una persona sin hogar vestida con una sábana blanca que anuncia el fin del mundo. La colapsología es una rama de estudio científico que busca esclarecer los motivos y cronología del colapso de la civilización industrial. Por si te lo estás preguntando: sí, es la tuya, vives en ella. Bienvenido al final.

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‘Colapsología’ (2015), de Pablo Servigne y Rahaël Stevens, es un libro ameno sobre lo que implica el colapso del modo en que vivimos. Pero que nadie se espere un futuro con la estética de Mad Max, que representa un tipo de colapso muy poco probable. La realidad es que nadie sabe por dónde el sistema hará ‘crac’, pero que hará ‘crac’ en algún momento es impepinable.

A nuestra civilización se le ha dado siempre mal determinar cómo será el futuro, y seguimos sin saberlo. Por contra, existen elementos altamente predecibles y altamente ajustados a la realidad, como es World3 (Standard run), que indica cómo entre 2020 y 2040 la producción de alimentos llegará a su máximo y caerá con fuerza. Le seguirá la población, la producción industrial y la contaminación.

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Hoy en día se conocen varias áreas fronteras cuyo cruce, por sí mismo, ya pueden desencadenar una reacción en cadena que lleve al colapso de la civilización actual. El cambio climático es probablemente la más conocida: sabemos que existe una temperatura a partir de la cual la civilización sufrirá grandes pérdidas de calidad de vida en el futuro cercano, empezando por la imposibilidad de generar cantidades crecientes de alimentos. Quizá ya la hayamos cruzado sin querer (no lo sabemos porque el sistema ‘Tierra’ es no lineal) especialmente teniendo en cuenta que la Tierra seguirá calentándose aunque dejemos de contaminar de inmediato.

Detener de golpe el uso de combustibles fósiles probablemente tampoco sea una buena idea. El sistema mundial depende de un delicadísimo equilibrio financiero y energético que tiene como base los hidrocarburos. De hecho, todas las energías, también las renovables, dependen en la actualidad de los combustibles fósiles. Están tan conectados que dejar de quemar petróleo haría imposible la transición ecológica. Quizá de haber empezado en 1970 habría sido viable aquello de no subir por encima del +1ºC preindustriales.

Aunque no importa mucho. Hay más pilares clave cuya destrucción casi aseguran la caída del actual imperio humano. Uno de los más endebles es la deuda: todo el sistema actual está montado sobre réditos futuros que exige un crecimiento exponencial evidentemente inviable. Llegará un momento, más bien próximo, en que la deuda contraída un año será imposible de devolver. Y entonces se caerá el castillo de naipes. Vamos a necesitar una creatividad contable de envergadura.

Como adelantaba, la colapsología dista mucho de ser humo catastrofista. La realidad es que podríamos sufrir un colapso lento que se extienda a lo largo de varios siglos de decadencia. Lo único que tenemos casi asegurado con los modelos, que hasta ahora se han cumplido a la perfección, es que solo en materia medioambiental existen catorce ‘elementos de inflexión climática’ a punto de ser cruzados en puntos de no retorno, o directamente atravesados tiempo atrás. Cada uno impacta negativamente en todos los demás. Vamos mal.

El punto positivo es que sabemos que vamos a caer. Y quizá tengamos suerte si lo hacemos con cierta delicadeza. Quizá, gracias al esfuerzo de casi todos los países del planeta, la transición del colapso sea tan gradual que ni siquiera percibiremos esa falta de calidad de vida. Al menos en los países ricos.

El punto negativo es que aunque sabemos que el colapso es cuestión de décadas, determinar sus consecuencias es completamente inviable. El sistema es demasiado complejo y cuenta con demasiadas variables como para establecer, a día de hoy, una cronología fiable.

Entonces, ¿hay algo que podemos hacer? Una idea fundamental y comprobada de la colapsología es la complejificación de los sistemas humanos. A más complejos e interconectados, menor resiliencia y más difícil resulta determinar cómo va a pasar lo que va a pasar. Lo que es seguro es que el cruce y colapso de cualquiera de los límites que ya hemos atravesado pueden desencadenar reacciones imprevistas cuyas consecuencias no conocemos.

Lo siento, me temo que es un libro trágicamente documentado y extremadamente fiable. No hay lugar para los hipotéticos en colapsología y todos los estudios y metaestudios señalan 2050 como un límite de difícil elusión. La única forma de paliar la caída es trabajar, de forma simultánea y acerada, en transición ecológica, reforma del sistema financiero, protección de la biodiversidad y aumento de la resiliencia local.

Por desgracia, recomiendo la lectura del libro. No solo no se ha quedado anticuado, sino que ha ido ganando vigencia con el tiempo, y es poco menos que un manual de paso a la acción. La poca para la que aún tenemos margen.


Con el objetivo de ahorrar en libros y reducir (un poco) mi impacto ambiental, este año leeré todos los libros que pueda en la tablet de la fotografía, una BOOX Note Air (reseña).

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