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«No hay mejor forma de ejercitar la imaginación que estudiar la ley, ningún poeta ha interpretado la naturaleza tan libremente como los abogados interpretan la verdad», decía Jean Giraudoux. El citado diplomático y dramaturgo francés ilustra de una excelente forma la relación entre derecho y literatura. Una relación que hoy en día todavía es desconocida para la gran mayoría del público, hasta para muchos estudiantes de derecho. Ejemplo de ello es que el derecho es visto sólo como el ordenamiento jurídico de un determinado país, y paralelamente se ve a los abogados como personas dueñas de una jerga llena de atavismos y sepultados de libros.

Nada más lejos de la realidad. El derecho es una ciencia con una identidad más rica y fascinante que los estereotipos y clichés que dominan la imaginación del público. No obstante, esas imágenes jocosas y satíricas al mismo tiempo tienen un asidero en la realidad. Mas para ello es necesario entender primero la relación a veces por asociación, a veces romántica, entre el derecho y la literatura.

Frecuentemente los jóvenes al finalizar media general, seleccionan una carrera universitaria que esté relacionada con sus talentos y asignaturas en las que lograron un aprendizaje significativo por ejemplo aquellos que están fascinados con las matemáticas escogieron profesiones como ingeniería, otros que están inclinados con la biología se identificaron con carreras relacionadas con las ciencias de la salud (enfermería, bioanálisis o medicina). Ahora, los que gustaban de literatura, historia y semejantes muchas veces se fueron por ciencias humanas como educación, periodismo o abogacía.

Posteriormente, muchos se decepcionan, ya que tienen que leer en efecto, y leer mucho, mas no les gusta trabajar en base a ello ni entienden a profundidad la relación entre derecho y literatura. No les gustaba leer de todo a final de cuentas, ya que sus hábitos de lectura solo se limitaban a libros de auto ayuda o best sellers.

Aunque en el mundo académico hay muchas líneas de investigación y autores consumados que reflexionan metódicamente sobre la convergencia entre derecho y literatura, de entre los cuales el más destacado es el belga Françõis Ost, esa relación es más profunda de lo que se puede creer y va más allá de que muchos juristas cuiden la ortografía, muchos profesores de derecho utilicen obras clásicas para explicar nociones básicas de derecho y los muchachos que sueñan con ser escritores sean abogados.

El punto de encuentro entre derecho y literatura es complejo de distinguir, nace partiendo de que el instrumento de trabajo del abogado es la palabra, y dependiendo del teórico, el derecho puede ser entendido como un lenguaje. Aunado a ello, muchos elementos literarios son utilizados como herramientas del día a día en el derecho, y puedo citar de memoria disciplinas como la hermenéutica, la argumentación, la retórica, la exégesis y el discurso.

La articulación del lenguaje es un requisito indispensable para la vida humana, más en el derecho cobra una importancia vital, ya que el abogado no solo precisa interpretar textos por medio de la hermenéutica y la exégesis, también necesita dominar el arte de la retórica y el discurso si tiene que hacer defensa oral, y para defender los intereses de su cliente debe construir una narrativa sustentando la posición de este. Esa narrativa no sólo se construye con argumentación, sino que requiere atender una serie de parámetros jurídicos y técnicos. Por ello el esfuerzo que lleva a cabo el abogado en cada proceso, sobre todo si es penal, es semejante de alguna forma al que emprende un escritor a la hora de comenzar un nuevo libro.

De la misma forma, el imaginario colectivo siempre asoció las leyes a las letras, hasta el punto que los abogados aún son conocidos en muchos ambientes como “letrados”, y como dije líneas atrás, muchos escritores, escogen la carrera jurídica para canalizar esa hipergrafia y la facilidad para crear y componer situaciones. El número de escritores abogados o abogados escritores es infinito, y es posible citar desde a los grandes como Balzac o Kafka, hasta los vendedores de best sellers como John Grisham, o iconos de las letras hispanas como Vargas Llosa.

Sin adentrarnos en profundidad en las investigaciones académicas del tema, los estudios interdisciplinarios entre derecho y la literatura han también inspirado a muchos otros investigadores, de entre los cuales podemos citar al español José Calvo Gonzalez, recientemente fallecido en el 2020, quién en vida fue catedrático de la Universidad de Málaga; y mucho mas antes, a dos grandes juristas americanos, John Wigmore y Benjamin Cardozo, este último fue juez de la Corte Suprema de los Estados Unidos.

Más los esfuerzos de Wigmore y Cardozo alimentaron posteriormente el surgimiento de un movimiento en la academia estadounidense que intenta imprimir al diálogo entre derecho y literatura padrones de estudio más científicos, de la mano con grandes académicos del derecho. Producto de esa nueva perspectiva, nacieron tres corrientes o enfoques: derecho en la literatura, derecho de la literatura y derecho como literatura.

Fue en 1970 que tomó forma el movimiento, con una denominación, “Law and literature”, que no deja margen a dudas, más es imprescindible recordar que este estudio interdisciplinario siempre ha estado presente en la academia y es más antiguo de lo que se cree, prueba de ello es la discusión antiquísima entre derecho positivo y derecho natural en base a la obra Antígona de Sófocles.

Aunque el derecho y la literatura se pueden vincular, generar reflexiones, disfrute y más, no hay que olvidar que muchos autores presentan diversos puntos de vista con respecto a la definición de estos vocablos por ejemplo algunos consideran que la literatura es un arte, otros la presentan sólo como un conjunto de obras.

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