Fryer caracterizado como Dr. Anónimo.

A principios de la década de los setenta la homosexualidad estaba incluida en el Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales como una enfermedad mental, una alteración de la personalidad sociópata. Las personas abiertamente homosexuales corrían el riesgo de ser socialmente excluidos y perder sus trabajo. Hacía años que diferentes voces se habían venido levantando para proclamar que ser gay no era una enfermedad, ni una patología, ni un mal funcionamiento de la mente o un trastorno de ningún tipo.

Una de esas voces, de las más singulares y definitivas, fue la de John Ercel Fryer, que en 1972 dio una conferencia que se consideró decisiva. Fryer había pasado por problemas sociales y laborales debido a su condición de homosexual, así que para evitar represalias apareció en el escenario con una máscara de goma (supuestamente era una máscara de Richard Nixon), una peluca, un traje bastante holgado, un voz alterada y un nombre falso, Dr. H. Anónimo, más tarde ampliado a Dr. Henry Anónimo. En ese momento Fryer estaba en la facultad de la Universidad de Temple y la posibilidad de perder su trabajo era real.

En su discurso, Fryer comenzó diciendo: «Soy homosexual. Soy psiquiatra». A continuación describió la situación de muchos psiquiatras homosexuales que se habían visto obligados a ocultar su condición sexual a sus colegas por miedo a la discriminación. También planteó cómo los psiquiatras homosexuales podrían desafiar con creatividad los prejuicios de su profesión sin necesidad de revelar su sexualidad, así como ayudar a los pacientes homosexuales a adaptarse a una sociedad que consideraba sus preferencias sexuales como una señal de psicopatología. Según parece, en la convención en la que Fryer dio su charla hubo más de cien psiquiatras homosexuales.

La homosexualidad fue eliminada del Manual de diagnóstico y estadística en 1973, un año después del discurso de Fryer. El Boletín de Filadelfia escribió que el discurso de Fryer fue un factor clave para persuadir a la comunidad psiquiátrica de tomar esta decisión. Años más, en 1985, el propio Fryer escribió que era «algo que tenía que hacerse». Según el doctor Jack Drescher, no deja de ser una ironía que un psiquiatra abiertamente homosexual tuviera que usar una máscara para proteger su carrera. Que alguien subiera a un escenario, a pesar de estar disfrazado, arriesgándose a perder su trabajo, no era poca cosa. «Incluso disfrazado», concluye Drescher, «fue algo muy valiente».

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