Las ciudades son el futuro de la humanidad. Especialmente las “ciudades de alta densidad y poca extensión”, en palabras del Banco Mundial durante el seminario ‘Ciudades inteligentes para todos’ de 2012. Hemos alcanzado un nivel poblacional y unos hábitos de consumo que nos empujan a vivir con el mínimo impacto ambiental y, como dice Huw Heywood, ese mínimo es urbano.

Sin embargo, Heywood también destaca que “la urbanización es la causa general del incremento de CO2”. ¿Cómo puede ser que la estructura que se promueve es una de las mayores causantes de contaminación ambiental hasta la fecha? La respuesta es simple pero sus principios complejos: urbanizar denso impacta mucho, pero impacta más ‘urbanizar mal’ (viviendas aisladas).

101 reglas basicas para edificios y ciudades sostenibles

En ‘101 reglas básicas para edificios y ciudades sostenibles’, Huw Heywood recopila toda la evidencia científica que disponíamos en 2015 (en los pocos años que nos separan esta bibliografía se ha consolidado) para determinar qué tipo de asentamientos humanos vamos a necesitar en el futuro para hacer frente a los retos del cambio climático y otras amenazas.

La respuesta a la pregunta de arriba, por cierto, es extraordinariamente compleja y se explica en el siguiente hilo, aunque se simplifica en que la energía incorporada (la necesaria para construir un edificio) es muy elevada: todo edificio cuesta ‘mucho’. Pero un edificio alto y denso cuesta menos. Y uno que dure mucho, menos aún. El problema es que a menudo se construye aislado (unifamiliar) o no se alcanza la vida útil de los edificios, sino que se echan abajo para construir otro.

La rehabilitación energética de los edificios es uno de los puntos que Heywood toca, apoyándose siempre en estudios consolidados. Y es que a menudo la mayor sostenibilidad se encuentra reformando un edificio ya construido. ‘Respetar los recursos globales’ (capítulo dos del libro) es clave, así como poner hincapié en los ‘Principios de la sostenibilidad’ (capítulo uno).

Heywood toca todas las escalas —interior de los edificios, las relaciones que se dan en el exterior, el ámbito urbano, regional, nacional y finalmente global— cuando habla de ciudades sostenibles. Y es que a nivel ambiental resulta imprescindible estudiar cada uno de estos niveles y sus interacciones. De nada sirve ser sostenible localmente si a nivel global se impacta gravemente.

En el capítulo tercero se habla sobre ‘Trabajar en armonía con la naturaleza’, tanto desde una perspectiva de evitar impacto sobre la biodiversidad, a la que las ciudades densas dejan más espacio; como desde el punto de vista de la resiliencia urbana a fenómenos climáticos adversos como el cambio climático. Pero no todo es cuestión de medio ambiente.

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Sin asentamientos confortables, por muy sostenible que sean, pocas personas querrán vivir en ellos. Es lo que ocurre con muchas actuales ciudades, que se perciben como poco humanas. ‘Proyectar para el bienestar de las personas’ (capítulo cuatro) es un prerrequisito para la sostenibilidad.

Por último, el autor toca en un quinto capítulo las ‘Estrategias para edificios y ciudades sostenibles’, una recopilación de su primer libro combinada con qué pasa más allá de la envolvente del edificio. Y, como aquel libro, ‘101 reglas básicas para edificios y ciudades sostenibles’.

Este libro es altamente recomendable para todo el mundo. Incluidos jóvenes que sepan leer. Las ilustraciones son tan intuitivas que a veces el breve texto que lo acompaña es una mera formalidad. Aun así, es instructivo. Y más enriquecedor aún es la parte posterior del libro, donde se amplía el temario y se recoge la bibliografía. Esta es perfecta para urbanistas y estudiantes.

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