Casa de Trotsky en la Ciudad de México. Extraído de Wikimedia.

El 21 de enero de 1924 fallecía, tras varios ataques, el líder de la URSS, Vladimir Lenin. Entre su legado, dejó un documento donde proponía cambios en la estructura de gobierno. Muy crítico, tanto con Stalin como con Trotsky, se mostraba más partidario del último que del primero, de quien pensaba que había acumulado una autoridad excesiva y que sería incapaz de manejarla con la suficiente mesura. El enfrentamiento entre ambos sucesores no tardó en llegar y, como bien es sabido, terminó con el ascenso de Stalin a líder soviético absoluto y el exilio de Trotsky.

Sin embargo, este no cesó nunca sus críticas hacia su enemigo, volviéndose cada vez más radicales con el tiempo. Posiblemente, este fue el motivo que impulsó al líder soviético a ordenar el asesinato de su rival, justo cuando se encontraba viviendo en México gracias a la ayuda de Diego Rivera y Frida Kahlo. Lo que no mucha gente sabe es que el asesino de tan ilustre personaje era español.

Piolet con el que fue asesinado León Trotsky, aquí expuesto en ‘Spy: The Secret World of Espionage’ en el Franklyn Institute de Filadelfia. Extraído de Wikimedia.

Ramón Mercader era un militante del Partido Socialista Unificado de Cataluña (PSUC) que combatió en la guerra civil española del lado republicano. Su madre, Caridad, también combatiente comunista, fue quien le convenció de que se uniera al NKVD, el antecesor de la KGB soviética, antes incluso de que terminara el conflicto. A mediados del año 1939 se inició la operación Pato, nombre en clave del operativo para asesinar a León Trotsky. La operación tenía dos vertientes: por un lado, la intervención del pintor mexicano David Alfaro Siqueiros, quien falló en su intento de ametrallar al político soviético; y por otro, la actuación de Caridad y Ramón Mercader.

Madre e hijo llegaron a México entre septiembre y octubre de 1939. Stalin puso en marcha el plan alternativo tras el fracaso de los pistoleros mexicanos. Mercader, bajo una identidad falsa, había estado recopilando información sobre Trotsky, en parte gracias a su relación con Sylvia Ageloff, trotskista convencida que terminaría siendo secretaria del revolucionario ruso. El anterior atentado fallido habían incrementado las medidas de vigilancia y seguridad del bolchevique, obligando a Ramón Mercader a modificar en incontables ocasiones sus planes. Finalmente, el 20 de agosto de 1940, consiguió su propósito.

La vanidad de Trotsky le terminó llevando a la tumba. El agente español consiguió acercarse al soviético valiéndose de ella, pues utilizó como excusa el mostrarle unos artículos que había escrito. Trotsky, aun con celo, accedió a corregírselos, quedando en verse a solas. A pesar de lo que se cree, Trotsky y Mercader no eran amigos, como así defiende el historiador catalán Eduard Puigventós, estudioso de la vida del espía español. Apenas mantuvieron un par de reuniones, de ahí que el revolucionario no terminara de fiarse de su asesino.

Tumba de Ramón Mercader en el cementerio de Kúntsevo (Moscú), reservado a Héroes de la Unión Soviética, bajo el nombre falso de Ramón Ivánovich López. Extraído de Wikimedia.

Como decimos, el 20 de agosto se reunieron ambos en la casa del político en Coyoacán. Tras una breve charla, aprovechando que Trotsky se giraba hacia la ventana para que la luz le ayudara a leer el texto, Ramón Mercader se sacó de la gabardina un piolet recortado y se lo clavó en el cráneo. Según el propio Mercader, el alarido sonó por toda la casa. Tras varios horas en coma, Trotsky falleció. Su asesino fue detenido y condenado a veinte años de prisión. En 1960, tras cumplir su condena, regresó a Moscú y llegó a convertirse en coronel de la KGB, recibiendo además la más alta condecoración como Héroe de la Unión Soviética.

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