Residencia de Estudiantes de Susanna Martín Segarra

Inspirada en la Institución Libre de Enseñanza de Francisco Giner de los Ríos, la Residencia de Estudiantes fue, desde su fundación en 1910 hasta 1936 el primer centro cultural de España y una de las experiencias más importantes en cuanto a creación e intercambio científico y artístico de la Europa de entreguerras. Su finalidad era la de complementar la enseñanza universitaria a través de un ambiente intelectual y de convivencia entre estudiantes, lo que dio como resultado un espacio abierto a la creación, al pensamiento y al diálogo interdisciplinar entre las las ciencias y las artes. No cabe duda de que esta institución acabó convirtiéndose en un foco de difusión de la modernidad en España y entre sus paredes se fraguaron algunas de las figuras más destacadas de la cultura española de la época, como Federico García Lorca, Salvador Dalí, Luis Buñuel, Manuel de Falla o Severo Ochoa. Además, entre los residentes y los visitantes asiduos se podrían mencionar nombres como los de Miguel de Unamuno, Alfonso Reyes, Manuel de Falla, Juan Ramón Jiménez, José Ortega y Gasset, Pedro Salinas, Blas Cabrera, Eugenio d’Ors o Rafael Alberti, por no hablar de los internacionales Albert Einstein, Paul Valéry, Marie Curie, Igor Stravinsky, Alexander Calder, Henri Bergson o Le Corbusier, entre muchos otros.

Una novela gráfica que desarrollara este universo prometía mucho. Y si a eso se le suma que esa novela aparece publicada bajo el renacido sello editorial de Bruguera, que ha sido recientemente relanzado por Penguin Random House, parecía inevitable que fuera uno de esos libros de los que hacen historia. Sin embargo, nada más lejos de la realidad. Tal vez sea porque después de todo lo dicho, uno se acerca al libro de Susanna Martín con las expectativas muy altas y, desgraciadamente, al abrirlo se descubre que hace aguas por muchas partes.

Diría que el título de la novela, Residencia de Estudiantes, es algo engañoso, pero la ilustración de la cubierta nos dice claramente qué es lo que vamos a encontrar dentro. En el diseño vemos a Federico García Lorca en primer plano, a todo color; detrás, algo alejados, están Dalí y Buñuel, ya sin color; y en el fondo vemos el perfil de la Residencia de Estudiantes. En el lateral encontramos las caras de una serie de personajes que van apareciendo en el libro, entre los que figuran Cernuda, Maruja Mallo, Margarita Manso o Margarita Xirgú, entre otros. El libro, en realidad, más que sobre la Residencia de Estudiantes trata sobre Federico García Lorca ‒no estaría de más, por tanto, que el título fuera más acorde al contenido‒. De hecho, de los dieciséis capítulos que tiene el libro, en todos está presente Lorca, aunque sea de pasada, mientras que la Residencia no aparece en todos, ya que algunos transcurren en Granada.

Lo que indica Susanna Martín al principio de la novela es que se ha escrito tanto sobre Lorca, sobre su vida y su muerte, y sobre lo lorquiano, que lo que ha querido aportar con esta obra es una visión sobre Federico, es decir, sobre el escritor antes de convertirse en la figura universal que acabó siendo. La autora sitúa ese periodo en su paso por la Residencia de Estudiantes, no solo como residente sino también invitado para dar conferencias, conciertos u otras actividades. En concreto, sitúa el final de Federico y el comienzo de Lorca cuando el autor viaja a Nueva York, lo que dará como resultado el libro que está considerado como su gran obra maestra, Poeta en Nueva York.

La idea en sí no es mala, lo que falla es su ejecución. Con capítulos muy breves, de cuatro a seis páginas, que nadie se espere un hilo conductor porque no lo hay, más allá del propio Lorca, ni siquiera dentro de un mismo capítulo. Más bien son, por momentos, escenas deslavazadas, como pinceladas, que al verlas todas juntas dan una sensación de conjunto. En otras ocasiones se convierte en una especie de documental sobre el poeta, en el que los personajes hablan a la cámara. Por último, hay un lirismo en toda la obra que a menudo lleva a recurrir a poemas del propio Lorca y los interpreta gráficamente ‒a mi parecer se abusa de este recurso, lo que hace que se pierda la sensación de novela gráfica‒.

Hay por tanto una selección de escenas de la vida de Federico, reinterpretadas en clave lírica, que no siempre están vinculadas a la Residencia. Una selección, por cierto, que salvo contadas excepciones tiende a caer en lo conocido. Tampoco se entiende que se le haya dedicado un capítulo a las Sinsombrero. Hubiera tenido más sentido si el libro realmente hubiera tratado sobre la Residencia, pero centrándose en Lorca, no aporta demasiado. Por otra parte, la autora no esconde en ningún momento su parcialidad, lo que hace poca justicia a la historia real. Así, vemos cómo la figura de Buñuel aparece reflejada en todas y cada una de sus apariciones de una forma bastante negativa ‒que no digo yo que fuera un angelito‒, mientras que con Dalí, al que prácticamente no se le da la palabra se muestra una extraña indulgencia.

Si a todo esto le añadimos que el apartado gráfico personalmente no me ha parecido demasiado atractivo, el resultado es una novela que aunque esté cargada de buenas intenciones, pasará sin pena ni gloria. Y es una auténtica pena teniendo en cuenta que el sello que está detrás es Bruguera. Han pasado ya más de un par de años desde que la editorial fuera relanzada y, más allá de algunas reediciones, su catálogo de novedades todavía deja mucho que desear a estas alturas. Esperemos que en un futuro se le ponga remedio y si bien sea casi imposible alcanzar el esplendor que tuvo en la segunda mitad del siglo XX, al menos se le dé a esta editorial una existencia digna.

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