Detalle del rollo medieval que muestra a Enrique VIII de Inglaterra inclinándose en una justa frente a su primera esposa, Catalina de Aragón (Fuente).

Aplazados desde el verano pasado debido a la pandemia, los Juegos Olímpicos han seguido adelante, esta vez en Tokio desde el 23 de julio. Esta competición forma parte de la historia moderna, con hitos como el de Jesse Owens en Berlín en 1936. Y al mismo tiempo, cuando pensamos en los Juegos Olímpicos también se nos viene a la cabeza la antigua Grecia. Ahora bien, es habitual que en esa línea temporal se sitúe un lapso en blanco de varios siglos, porque otro tópico en el que se suele caer es que los Juegos Olímpicos desaparecieron en la Edad Media, como ocurrió con muchas otras cosas en este período de la historia que suele considerarse como la «Edad Oscura». La realidad es que todo es mucho más complejo.

Los antiguos Juegos Olímpicos probablemente comenzaron en algún momento del siglo VIII a.C. Y se consolidaron en el siglo siguiente. Se convirtieron en parte de un circuito de festivales atléticos, los Juegos Panhelénicos, que incluían los Juegos Píticos, los Juegos Nemeos y los Juegos Ístmicos. Debido a la asociación de Olimpia con la veneración a Zeus, los Juegos Olímpicos atrajeron a mayor cantidad de gente y se convirtieron en el evento más importante del circuito. Incluso después de que los romanos conquistaran el Peloponeso, los Juegos continuaron ya que los propios romanos se convirtieron en organizadores y participantes, mejorando la infraestructura de los estadios y de lo edificios relacionados y ampliando el número de eventos.

Durante mucho tiempo, los historiadores culparon del final de los antiguos Juegos Olímpicos al surgimiento del cristianismo, ya que el evento se consideraba como un vestigio politeísta. Existe una investigación que ha demostrado que los Juegos Olímpicos continuaron a nivel regional, con atletas semiprofesionales al menos hasta después del siglo V d.C. A partir de ese momento, el declive económico hizo que el patrocinio, en su mayor parte privado, decayera y eso unido al cambio de los gustos culturales, debido sobre todo a la cristianización, hizo que los eventos deportivos dejaran de organizarse, salvo quizá en algunas ciudades grandes. Algunos juegos perduraron hasta principios del siglo VI. Pero aunque los Juegos Olímpicos como tales sí llegaran a su fin, las competiciones regionales se mantuvieron, con sustanciales cambios.

Mosaico de carreras de carros en la antigua Roma (Fuente).

En el Imperio Bizantino, eventos como las carreras de carros siguió siendo un deporte popular, al menos hasta el siglo XI. Un deporte que nada tendría que envidiar de los grandes acontecimientos deportivos de nuestra época: los seguidores llenaban estadios y vitoreaban a sus favoritos, mientras comían cualquier cosa comprada en algún puesto de comida. Además, aunque muchos morían en las carreras, los había que victoria tras victoria conseguían hacerse ricos y famosos. El papel que jugaban las carreras de carros en la política quedó demostrado cuando en el año 535 estalló un motín en el Hipódromo de Constantinopla al unirse los seguidores de las carreras y atacar a los guardias. Justiniano consideró la posibilidad de huir pero finalmente decidió quedarse, animado por su esposa Teodora, y ordenó al ejército que sofocara los disturbios, con un balance de unas treinta mil muertes.

En Occidente, en cambio, las carreras de carros no tardaron en dejar de practicarse, aunque a partir de la segunda mitad del siglo XI, los torneos de caballeros fueron el gran espectáculo. En su apogeo, entre los siglos XII y XVI, los participantes hacían giras por toda Europa, midiendo sus habilidades y poniéndolas a prueba frente a otros contrincantes. En estas competiciones, hombres armados y a caballo intentaban derribar a sus oponentes o bien luchaban a pie, para determinar quién era el mejor guerrero, mientras eran animados por una multitud entusiasta.

Es muy posible que estos eventos, al igual que los Juegos Olímpicos, fueran acompañados por ceremonias de apertura y cierre. Y también, al igual que los Juegos Olímpicos, la destreza y la habilidad de los participantes serían de suma importancia. Además, hay que pensar que no se trababan de simples ejercicios militares sino que se convertían en verdaderos espectáculos.

En el siglo XVIII los torneos acabaron extinguiéndose y a finales del XIX los Juegos Olímpicos reaparecieron gracias a una combinación de nacionalismo, que en aquel momento estaba extendiéndose por toda Europa, y a una redefinición de la masculinidad por parte de los hombres blancos que querían darle su sitio a la educación física. En 1896 se llevaron a cabo en Atenas y en 1900 en París. Los Juegos Olímpicos también han evolucionado desde aquellas primeras competiciones, aunque manteniéndose ya en la misma línea en que siguen en la actualidad. El deporte, al fin y al cabo, no deja de ser un reflejo del momento histórico en el que se practica, ya sea principios del siglo XX, principios del XXI o la Edad Media.

Fuente: Smithsonian.

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