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Ahora que ya estamos de lleno en el periodo estival, propongo cinco lecturas de las que se sale habiendo descubierto libros imprescindibles, que no pueden faltar. Acercarse a la lectura sin clichés, dejarse llevar por cada nuevo párrafo es un acto de descubrimiento por mucho que nos asuste el autor o el texto. Y es que a veces los libros asustan y basta con mencionar un título para que alguien diga “es un tostón” o “no lo comprendo” o “qué pereza da el leerlo”. Y explorar las relecturas con la misma mente abierta, a buen seguro nos alumbrará nuevos matices, detalles y sorpresas que no esperábamos. Son estos cinco libros, que podrían ser muchos más, que no gustan a todos pero que son imprescindibles. Siempre hay tiempo para leer y para releer.

1. Rayuela, de Julio Cortázar

Rayuela es una Biblia. Y escribo Biblia con Mayúscula como Maga porque en ella está casi todo lo que un buscador desea encontrar: conocimientos, ideas, situaciones, vivencias, problemas, nostalgias, recuerdos y todo lo relacionado con la metafísica de lo cotidiano. Los porqués que se preguntan la Maga, Oliveira, Talita, Gekrepten, Rocamadour y todos esos cronopios que buscan, persiguen y sobre todo juegan a vivir en un París habitado por el vértigo cotidiano de la existencia. Y el remedio a esa angustia tan moderna, tan actual en estos días cautivos, lo explica Cortázar al final del capítulo 143 con las siguientes palabras: “No tenía ninguna fe en que ocurriera lo que deseaba, y sabía que sin fe no ocurriría. Sabía que sin fe no ocurre nada de lo que debería ocurrir, y con fe casi siempre tampoco”.

2. El Quijote

Esta es, la novela de todas las novelas. Es, quizás, el canto a la libertad más profundo de la literatura. En cada sucesiva lectura de El Quijote, aparecen nuevos matices, nuevos puntos que nos dan una idea de lo que Cervantes echó tanto de menos en sus años de cautiverio en Argel: la libertad. Y es que sus protagonistas son libres en su imaginación pero esclavos de sus actos; caminan por las tierras de La Mancha buscando no otra cosa que a si mismos, su esencia. Son buscadores de esa ínsula, Arcadia, Toboso, Kibbbutz del deseo o como se llame, en esa primera y órfica road movie que bien pudiera ser objeto de una interpretación contemporánea en las manos de algún cineasta o escritor atrevido y sin tapujos. Ahí queda la idea, surgida no de otro libro sino de El Quijote.

3. El extranjero, de Albert Camus

Mersault mata a un Árabe y es ajusticiado. Su muerte tiene el mismo sinsentido que su vida, aburrida y monótona como la vida de cualquier ciudadano de cualquier ciudad europea. Mersault no da explicaciones, no rinde cuentas a nadie de su vida. Es un hombre libre, pero al mismo tiempo insolidario, desespiritualizado, un ser amoral y tal vez sin entusiasmo ni ambición. Un ser pasivo al que no le afecta ni la muerte de su propia madre, preso por sus rutinas, y ajusticiado en la guillotina. Pero libre al fin y al cabo.

4. Tres rosas amarillas, de Raymond Carver

Este fue el último libro de Carver y en él, continúa explotando todo aquello relacionado con la soledad y la convivencia; dos de sus mayores obsesiones. Y el escenario no es otro que las cotidianidades de unos personajes que existen no sin dificultades en esa Ámerica tan profunda y tan moderna, tan épica y tan estúpida a la vez. Estos relatos están poblados de seres que, como la pareja del cuadro de Edward Hopper summer evening, esperan callados en cualquier rincón. Seres nada sentimentales pero profundos. Seres frágiles como la misma Ámerica.

5. El corazón de las tinieblas, de Josph Conrad

Confieso que descubrí esta novela por la peli de Coppola. Tras verla, no me quedó otra opción que leer el libro. Y tuve aún un impacto mayor, aún más visual que la propia Apocalipsys now, al adentrarme en esas selvas, en sus leyes crueles pero no más brutales que el propio hombre, ese Marlow que todos llevamos dentro y que deseamos descubrir. Como dice Conrad:

“Mi tarea es la de haceros oír, la de haceros sentir, y, sobre todo, la de haceros ver, por medio del poder de la palabra escrita”.

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