Drácula de Bram Stoker, de Mike Mignola y Roy Thomas.

Ni que decir tiene que Mike Mignola es uno de los artistas de cómics más populares de los últimos treinta años, conocido por obras tan importantes como Gotham: Luz de gas, Odisea Cósmica y, por supuesto, Hellboy. Precisamente, Drácula de Bram Stoker fue su último proyecto antes del lanzamiento de Hellboy y fue publicado originalmente por Topp Comics como una adaptación a todo color de cuatro números de la película de Francis Ford Coppola de 1992, lanzada por Columbia Pictures. No ha estado disponible durante casi 25 años, a pesar de que es un libro que los fanáticos de Mignola han estado pidiendo durante mucho tiempo. Es por eso que este libro ha sido tan bien recibido.

Si bien es cierto que, dada la estrecha relación entre el libro y la película, ya que ambos parten del mismo guión, la obra de Mignola y Thomas no aporta ninguna novedad en lo que se refiere a la trama, tanto que casi podría pensarse que estamos leyendo una fotonovela. En ese sentido, el trabajo de Ray Thomas como guionista realmente no aporta demasiado al conjunto. Ahora bien, no es ese el motivo por el que debe llamarnos la atención la novela gráfica. A pesar de ser la misma historia, o precisamente por eso, no deja de ser curioso experimentarla en un formato diferente, lo que te permite prestarle atención a otros elementos.

Por ejemplo, frente a la sensualidad presente en la película (ya sabemos que la apuesta libre de Francis Ford Coppola va más por la línea del amor que del horror), en la novela gráfica se acentúa lo escalofriante alrededor del personaje de Drácula. De hecho, no se me ocurre un estilo mejor que el de Mignola para plasmar el terror gótico, con su uso de las sombras y del negro, creando espacios negativos que ayudan a acentuar las formas. No deja de ser fascinante ver cómo Mignola, en su estilo característico, consigue expresar tanto con un trabajo de línea muy limitado y con una sobrecarga de sombras a tinta. Es más, existen dos versiones de esta obra, una a blanco y negro y otra a color, a cargo de Mark Chiarello. Casi me atrevería a decir que la primera es mucho más interesante, porque permite admirar el trabajo de Mignola sin la distorsión del color.

La nueva versión de la obra incluye también unas páginas finales con los lápices originales de Mignola, previos al sombreado y al entintado, los que nos permite asistir, de alguna forma al proceso creativo, comprobando su nivel de detalle y la nitidez del trazo. Comparar estas páginas con sus versiones finales es casi tan interesante como leer la propia historia. En el volumen también se incorporan los diseños originales de Mignola para las cubiertas de la serie.

Tal vez este Drácula de Bram Stoker no sea un libro imprescindible para los fanáticos del vampiro. Al fin y al cabo, la película de Ford Coppola ya de por sí no es fiel al libro de Stoker y la novela gráfica supone una síntesis de esa adaptación. Algo así como la adaptación de una adaptación. Además, es muy probable que los seguidores de Drácula ya hayan visto la película en infinidad de ocasiones y les parezca una copia.

Sin embargo, sí me parece un volumen a tener en cuenta para los seguidores de Mignola, tanto que casi me atrevería a decir que se trata de una obra imprescindible en una biblioteca de este artista. El volumen no permite disfrutar del estilo artístico de Mignola, mucho más detallado, antes de su evolución en la épica Hellboy, que va simplificándose con el tiempo. Además, teniendo en cuenta la antigüedad de la película, no es descabellado pensar que muchos de los lectores del libro no la hayan visto. De esta manera, el libro no solo sería una proeza artística sino un impulso que nos lleve hasta una película que, pese a ver tenido algunas críticas bastante duras, forma parte ya de la historia del cine.

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