Moby Dick es mi novela favorita. Con esta premisa, sentarme ante una lectura como la adaptación realizada por Bill Sienkiewicz y editada por Astiberri es a un tiempo sencillo y difícil. ¿Estará a la altura? ¿Se tratará de una mera revisión visual de un texto que yo considero magnífico? Los argumentos hablan por sí solos: una portada bizarra, extraña, que usa una composición entre el cielo, el mar, el barco y la ballena con la cara de Ahab superpuesta. Una declaración de intenciones, si me preguntan.

Aquí la sinopsis de la editorial:

La obsesiva y enloquecida lucha del capitán Ahab contra la gran ballena blanca no solo es un clásico de la literatura, sino también uno de los últimos grandes mitos del imaginario contemporáneo. Bill Sienkiewicz, aquí en la cúspide de su evolución artística, exalta su aliento épico y simbólico pintando un descenso hacia el abismo donde heroísmo y locura acaban confundiéndose irremediablemente y transmitiendo con viveza la oscura tragedia que se produce cuando, para vencer al mal, se sucumbe ante el mismo mal.

El grafista estadounidense, con sus composiciones en tonos especialmente oscuros, explota a la perfección el aspecto angustioso de la obra y, en particular, la locura asesina del capitán Ahab, sin olvidar la inmensidad del océano y su furia cuando se desata. Por supuesto, los retratos de la tripulación del Pequod son extremadamente fieles a la esencia de cada personaje, lo que nos permite redescubrir las inmensas cualidades literarias de la obra original.

La adaptación realizada por Bill Sienkiewicz se publicó originalmente hace ya tres décadas. Moby Dick hace casi doscientos años. La obsesión del capitán Ahab por la ballena blanca es un tema universal: como lo es la lucha del hombre con la naturaleza, la maldad del corazón humano, el sentimiento de venganza y las múltiples referencias bíblicas que manejaba Herman Melville (quien, por cierto, murió en el olvido y llegó a decir de su novela “He escrito un libro malvado y ahora me siento inmaculado como el cordero”). Los temas siguen siendo universales, y Moby Dick ha estremecido los corazones de los lectores durante muchas generaciones.

Sí, incluso con todas las explicaciones sobre ballenas y barcos.

A la hora de adaptar una obra inmemorial al cómic, siempre solemos encontrarnos con problemas. El principal, que la novela y el cómic son lenguajes muy diferentes. Para seguir, hay que encontrar un estilo gráfico acorde con el tono de la prosa original. En esto, Bill Sienkiewicz ha dado en el clavo absoluto. No solo el estilo gráfico del autor ganador del premio Jack Kirby es una locura que capta exactamente el tono oscuro y malvado del libro. Recuerda mucho al bueno de Dave McKean, que usa el dibujo a modo de collage, colores oscuros, composiciones alegóricas que emulan la narración casi victoriana de la obra original. El autor toma frases literales del libro, pero también adapta muchas otras: todos los momentos claves del libro están presentes y representados con una calidad visual pasmosa. La primera aparición de la ballena se presenta con un splash impresionante; Ahab es un personaje oscuro, temible, envuelto en sombras y cuya presencia se alarga por todas las páginas. Las viñetas a veces son invisibles y la página se convierte en una sucesión de imágenes unidas por el color; mientras que en otras páginas son apenas finos hilos que parecen cuerdas colgantes en el castillo de proa. Todo en la lectura de este Moby Dick emula al Moby Dick original, y esta es quizás su mayor virtud.

Aunque no lo es todo.

Este Moby Dick se puede leer como una aproximación bastante fidedigna para aquellos lectores que no quieren leer la novela (craso error): incluso se atreve a incluir algunos de los tratados sobre ballenas y partes del barco, de una forma amena y visualmente didáctica. En muy pocas páginas (apenas 45) se condensa el viaje del Pequod y la obsesión de Ahab, y lo hace con una elegancia y virtuosismo de locura.

Hace tiempo pude leer la adaptación que hizo de este mismo relato el autor español José Ramón Sánchez (titulado Moby Dick y editado por Panini y Ediciones Valnera), en blanco y negro y con mucha calidad, pero que se trataba de una adaptación mucho más lineal. En sus páginas nos encontramos con una configuración de la página y las viñetas bastante clásica, un dibujo que juega al trazo de carboncillo, y que es muy fiel a la acción, pero no tanto a la narración.

Moby Dick de Bill Sienkiewicz comprende el tono de la obra original. Comprende la mezcla de locura, oscuridad y maldad que rodea las andaduras del Pequod, pone el foco en el reparto de personajes condenados por la locura de su capitán. Y lo hace a través de un lenguaje genuinamente visual, con páginas donde el color compone la narración, increpa al lector, confunde lo alegórico con lo real.

En fin, una lectura apasionante que, sin sustituir al original, sí se la recomiendo a quien tenga pereza por leer la absolutamente brillante Moby Dick.

Podéis leer un adelanto aquí.

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