John B. Calhoun (Fuente).

¿Cómo sería una utopía para ratones? Según el investigador y etólogo John Bumpass Calhoun, que desarrolló la mayor parte de su trabajo entre las décadas de 1950 y 1970, debería incluir comida ilimitada, múltiples niveles y pequeñas zonas aisladas para los roedores. Todo esto fue parte de los experimentos que Calhoun llevó a cabo para estudiar los efectos de la densidad de población en el comportamiento. Lo que empezó como un utópico paraíso de ratas no tardó en convertirse en un hacinado infierno fuera de control, que acabó colapsando con patrones de comportamiento alarmantemente siniestros.

En un temprano estudio de 1974 para la Universidad Johns Hopkins, Calhoun señaló que aunque en los 28 meses que duró el experimento cinco ratas hembras podrían producir una progenie sana de hasta cinco mil especímenes, la población nunca superó las doscientas ratas y se estabilizó en ciento cincuenta. Además, las ratas no estaban dispersas al azar sino que se organizaron en doce o trece colonias, de una docena de ratas cada una. Las conclusiones fueron que una docena es el número máximo de ratas que puede vivir en armonía en un grupo, sin que el estrés ni los efectos psicológicos nocivos rompan el grupo.

A principios de la década de 1960, el Instituto Nacional de Salud Mental adquirió una propiedad en las afueras de Poolesville, Maryland, donde Calhoun llevó a cabo su experimento más famoso, el que consistió en crear una utopía para ratones. Con comida, agua y materiales para construir los nidos ilimitados, sin la menor existencia de depredadores, la única amenaza era el límite de espacio. En un principio la población creció rápidamente, duplicándose cada 55 días. Llegó a 620 en el día 315, después de lo cual el crecimiento se redujo notablemente, duplicándose solo cada 145 días. El último nacimiento vivo se produjo en el día 600, lo que elevó la población total a 2200 ratones, aunque el espacio permitía albergar hasta 3840. Entre el día 315 y el 600 se produjo el colapso de la estructura social y del comportamiento social de los roedores. Las hembras comenzaron a expulsar a sus crías antes del destete o a abandonarlas directamente, cuando no las herían, mientras que los machos dominantes no trataban de defender su territorio ni a las hembras, ni tampoco se reproducían, sino que solo comían y dormían.

Experimento de Calhoun (Fuente).

A partir del día 600, la población disminuyó hasta prácticamente extinguirse. Las hembras dejaron de reproducirse y los machos perdieron el interés en ellas, centrándose solo en su propia supervivencia. Hubo núcleos de población más apartados que sobrevivieron, pero perdiendo por completo sus comportamientos sociales normales de forma permanente.

Este experimento se interpretó como una prueba de lo que podría suceder en un mundo superpoblado, cuando todo el espacio disponible está ocupado y todos los roles sociales cubiertos. Las tensiones experimentadas por los individuos tendrán como resultado un colapso en los comportamientos sociales, lo que finalmente acabará con la extinción de la población. Después de que Calhoun escribiera sus conclusiones en la Scientific American en 1962, el experimento se popularizó, debido sobre todo las reticencias que había en aquella época con respecto a las áreas urbanas superpobladas, que muchas veces se entendían como un entorno de decadencia moral. Una idea que se vio reforzada además desde la ciencia ficción.

Algunas de las interpretaciones modernas del trabajo de Calhoun son menos sombrías. Para el historiador médico Edmund Ramsden hay que partir de una idea que es bastante evidente: los seres humanos no son ratones. Si bien estos últimos no tienen modo de lidiar con el hacinamiento, los seres humanos han demostrado tener recursos. Ramdsen recuerda que otro investigador, Jonathan Freedman, se dedicó a estudiar el mismo tema con seres humanos y su trabajo llegó a conclusiones diferentes. La decadencia moral surgía no de la densidad de población sino de una interacción social excesiva, dice Ramsden. Además, continúa, no todas las ratas de Calhoun se volvieron locas, aquellas que lograron controlar el espacio llevaron una vida relativamente normal.

De cualquier modo, aunque los pronósticos de Calhoun para la raza humana en un contexto de superpoblación parecen bastante oscuros, hay que admitir que un solo estudio es insuficiente como para sacar conclusiones definitivas. De momento solo podemos consolarnos con eso.

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