Louis-Ferdinand Céline (Fuente).

Jean-Pierre Thibaudat, antiguo periodista cultural de un diario francés, entró con dos maletas en la oficina de Emmnanuel Pierrat, un abogado especializado en temas de propiedad intelectual. «Es grande», le dijo por teléfono antes de presentarse en su oficina el año pasado. En el interior de las maletas, Pierrat encontró un tesoro literario, uno de los mayores descubrimientos literarios jamás realizado en los últimos tiempos: los manuscritos perdidos de Louis-Ferdinand Céline.

Céline siempre sostuvo que los manuscritos habían sido robados de su apartamento de París después de que escapara a Alemania en 1944, tras el desembarco de Normandía, temiendo las represalias de los aliados por haber sido colaborador de los nazis. Según el escritor, los manuscritos quedaron en su apartamento de Motmartre, encima de un armario. Cuando regresó a Francia en 1951, después de recibir la anmistía, descubrió que habían deseaparecido.

Durante mucho tiempo Céline culpó a Oscar Rosembly, un vecino al que había contratado para llevar la contabilidad. Rosembly sabía que Céline era un gran escritor y que probablemente esos manuscritos eran valiosos. Sin embargo, cuando fue interrogado por la policía a causa de la demanda, Thibaudat negó haber oído hablar de Rosembly. Lo que sostuvo es que había recibido los manuscritos de una fuente que no quería identificar, alguien que sentía que aquellos documentos eran una carga y quería deshacerse de ellos. Los había mantenido en secreto durante quince años, porque les fueron entregados con la condición de que no los sacara a la luz hasta que no muriera la viuda de Céline, Lucette Destouches, para evitar que alguien abiertamente antisemita no se beneficiara de semejante tesoro, valorado probablemente en millones de euros. A Thibaudat le entregaron varios fajos de papeles, desordenados, y sujetados con pinzas de la ropa, que era como Céline solía organizar las hojas sueltas de su trabajo. Durante todos esos años, el periodista se dedicó a clasificar, descifrar y transcribir los documentos.

Después de décadas de investigaciones infructuosas, la mayoría de especialistas en Céline habían perdido la esperanza de encontrar los manuscritos, unas 6.000 páginas inéditas que incluían una versión completa de una novela que se editó de forma inacabada y otra completamente desconocida. Ahora, tras la muerte de Destouches en 2019, a los 107 años de edad, Thibaudat acudía a Pierrat con la esperanza de que los documentos pudieran pasar a formar parte del dominio público y que fueran accesibles a cualquier estudioso e investigador.

En cuanto se supo, el descubrimiento, por supuesto, no tardó en verse envuelto en la controversia. Los herederos de Céline presentaron una demanda contra Thibaudat, acusándolo de guardar bienes robados y exigiéndole la devolución inmediata de los manuscritos a sus legítimos propietarios. En junio de 2020, Thibaudat y Pierrat se reunieron con los herederos de Céline, François Gibault de 89 años y Véronique Chovin de 69, y estos no solo exigían la documentación sino una compensación económica por los años de ingresos perdidos. Si tenemos en cuenta que el manuscrito original de Viaje al fin de la noche, la novela más famosa de Céline, se vendió al estado francés por dos millones de euros, quince años de no explotar unos libros inéditos también podría suponer una perdida de millones de euros.

Tanto el descubrimiento como las acusaciones de robo desencadenaron un cierto malestar en Francia. A fin de cuentas, Céline fue, además de un gran novelista, un colaboracionista que envió a muchos judíos franceses a los campos de exterminio durante la Segunda Guerra Mundial. Para los franceses Céline significa un recordatorio del papel que jugó su país ante Alemania en tiempos de guerra.

En julio Thibaudat entregó los manuscritos por orden judicial y ya están en marcha las negociaciones con varias editoriales francesas. Teniendo en cuenta que la obra de Céline pasará a dominio público dentro de diez años, los herederos de Céline no se demorarán en explotar esos unos manuscritos que, probablemente, supongan un replanteamiento de lo que se pensaba que se sabía sobre el primer período literario del autor. La única preocupación que queda en el aire es que traten de manipularlos para ocultar la faceta de antisemita de Céline (en 2018 Duraffour consiguió que no se reeditaran los panfletos antisemitas del escritor). Algo que, por otra parte, no tendría demasiado sentido, teniendo en cuenta que el pasado antisemita de Céline está bien documentado y es sobradamente conocido.

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