“Ladrón de bicicletas” es una película italiana estrenada en 1948, dirigida por el prestigioso Vittorio de Sica y considerada un clásico del neorrealismo italiano. En este filme se narra la historia de Antonio, un personaje humilde en la Italia de posguerra tras la Segunda Guerra Mundial, quien sufre el robo de su bicicleta, objeto conseguido con grandes sacrificios e instrumento necesario para mantener su trabajo de fijador de carteles, perdiendo así sus posibilidades de traer sustento al hogar. En una época donde conseguir el trabajo más sencillo de todos es un éxito enorme, Antonio no puede permitirse perder su bicicleta y por ello, se propone recuperarla junto a su hijo Bruno, un tierno y sensible niño que madura a la fuerza.

Vittorio de Sica nos muestra a lo largo de la película que no hay grandes aventuras que vivir ni grandes causas por las que luchar sino simple y llanamente “lo cotidiano”: personas yendo y viniendo por las amplias calles de la ciudad o buscando trabajo en una época de crisis. “Lo cotidiano” de la posguerra se caracteriza por la (1) pobreza, (2) la desigualdad social, (3) la debilidad del Estado, (4) la desesperación y (5) la contradicción con las convicciones éticas y morales.

(1) ¿Acaso lo darías todo por una bicicleta? Antonio y su familia sí (véase la entrega de las sábanas a la casa de empeños con tal de recuperar la vieja bicicleta). Además, en el largometraje puede apreciarse numerosas veces como la posguerra afecta a los trabajadores, los cuales se encuentran en paro y no tienen el dinero suficiente como para que sus familias disfruten de nuevos electrodomésticos.

(2) La desigualdad entre ricos y pobres (véase la escena del restaurante entre Bruno y el niño rico) pero también la desigualdad entre los mismos pobres (la casa de Antonio es con diferencia mucho más grande que la del joven chico que supuestamente le roba la bicicleta ya que en una sola habitación duerme toda su familia).

(3) La guerra siempre deja a los Estados exhaustos en todos los sentidos, lo que hace de ellos entidades débiles a las que sus propios ciudadanos no pueden acudir por su ineficacia, pasividad, incapacidad o debilidad. En la película esto se muestra en la falta de obras públicas (tema mencionado por un sindicalista) o la falta de interés y medios por parte de la policía ante la denuncia de Antonio para buscar su bicicleta.

(4) Como buen ciudadano, Antonio recurre a la policía, a sus amigos y a su propia iniciativa; pero terminará yendo a ver a la (falsa) vidente para que le aconseje, una mujer cuyos consejos al principio de la película consideraba estúpidos, innecesarios y propios de engañabobos.

(5) La pregunta que el espectador podría hacerse es la siguiente: ¿Hasta qué punto se puede exigir a los individuos participar en una sociedad con un alto código moral si viven en condiciones de pobreza extrema? En este sentido es muy ilustrativa la escena en la que Antonio encuentra al supuesto ladrón, el cual es más pobre y desgraciado que él y está dispuesto a hacer lo que sea con tal de salir adelante, o la escena en la que el propio Antonio trata de robar una bicicleta a otra persona en vano y casi le detienen. No obstante, una de las luces que no nos hace perder la esperanza es el propietario de la bicicleta que intenta robar Antonio, quien, al ver a Bruno llorar, entiende la situación de desesperación de ambos y les deja marchar.

El neorrealismo muestra un mundo en el que los pobres, para subsistir, tienen que robarse entre ellos. “Ladrón de bicicletas” es una historia simple, el pan de cada día de la gente pobre, obra que impacta, que obliga a hacerse preguntas y a descifrar las complejas realidades a las que se enfrentan los desempleados y los marginados. Su final es simple: los que siempre ríen, reirán; y los que siempre lloran, llorarán.

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