La gentrificación es un fenómeno complejo que ocurre cuando las personas que habitan en un determinado espacio urbano son expulsadas para, en su lugar, trasplantar a otras personas diferentes con más dinero. Este proceso se realiza por fases u olas, y las personas que a menudo gentrifican un barrio y expulsan a las familias que allí vivían no se dan cuenta de que ellos serán los próximos en ser pataleados hasta la salida. La gentrificación es una centrifugadora humana.

First We Take Manhattan‘ (2016), de Álvaro Ardura, arquitecto, y Daniel Sorano, doctor en sociología, es un magnífico libro sobre los diferentes procesos o fases de la gentrificación, y las enormes dificultades que surgen cuando incluso cuando se trata de frenar o impedir, se promueve. ¿Cuáles son estas fases? Según los autores, la mayoría de gentrificaciones suceden en un marco de abandono, estigmatización, regeneración y mercantilización, aunque a veces hay alguna más, o idas y venidas.

First we take Manhattan

El abandono aparece cuando la administración, generalmente de forma proactiva, reduce los servicios públicos disponibles en un área. Abandona lo público no solo en materia de atención sanitaria o educativa. Abandona el cuidado de los parques, no recoge la basura, expulsa a los vecinos que aún pueden huir y luego señala la zona como deprimida al haber aumentado la concentración de pobres.

Es en ese momento, y a veces incluso un poco antes, cuando aparecen las etiquetas y la estigmatización. También surgen explicaciones sencillas y estúpidas como el señalar a las víctimas de la falta de servicios ser los causantes de sus problemas. Una política que no es nueva y que se lleva enunciando desde hace al menos doscientos años. Bajo este paradigma falso, claro, hay que intervenir para «solucionarlo».

La intervención de las administraciones a las consecuencias de su propia retirada suelen hablar de regeneración urbana, pero en realidad se trata de expulsión. Expulsión del pobre, al que no se erradica sino que se desplaza. A medida que la zona se va volviendo interesante, a menudo con varias olas de artistas que gentrifican el barrio, este se va encareciendo y atrayendo a perfiles con más dinero.

El ambiente se vuelve entonces propicio para la mercantilización del barrio, para extraer su máxima plusvalía al vender viviendas compradas a precio de saldo por auténticas millonadas. ¿Los ganadores? Los culpables. Precisamente las empresas y políticos que destruyeron el barrio en un inicio y usaron la tragedia humana como combustible para sus negocios. El sufrimiento humano es un mercado fantástico.

Altamente documentado, el libro funciona como una bofetada de realidad para quienes buscan entender qué ocurre para que un barrio se gentrifique. La crueldad de la realidad es aún más incisiva, porque a menudo la propia lucha anti-gentrificación es la chispa que desata su incendio. La ‘destrucción creativa’ (el proceso de destruir para crear, o sobreescribir) usa con frecuencia actores interesados en la defensa del barrio tal y como está. A veces son los ocupantes originales. Otras las primeras olas de gentrificación.

No deja de ser gracioso que sean los primeros gentrificadores, tras haber expulsado a los vecinos ‘de toda la vida’ sean los que se manifiesten en defensa del barrio al que han expulsado. Lidiar contra la gentrificación, que parece seguir un proceso cíclico pero artificial de destrucción y creación, es complicado. Las ventajas de vivir en un centro sin procesos industriales ha hecho que se demande. Y donde algo se demanda y no se protege, el mercado le pone precio. ¿No puedes pagarlo? Mala suerte.

First We Take Manhattan‘ es un libro imprescindible para entender el daño causado a quienes no se quieren ir de una ubicación (o a quien no puede hacerlo) y a descubrir a quién empuña el arma homicida. A través de sus exquisitas explicaciones y su alta documentación, Álvaro Ardura y Daniel Sorano sintetizan los problemas de este fenómeno urbano, así como esbozan algunas de las soluciones más prometedoras.


Con el objetivo de ahorrar en libros y reducir (un poco) mi impacto ambiental, este año leeré todos los libros que pueda en la tablet de la fotografía, una BOOX Note Air (reseña).

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