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Una de las innovaciones más importantes en correos a principios del siglo XX fue la decisión de permitir enviar paquetes grandes. El correo postal supuso una drástica ampliación del alcance de las empresas de reparto a las comunidades rurales más pequeñas y aisladas de Estados Unidos. Cuando el Servicio Postal de Paquetes de la Oficia de Correos comenzó oficialmente el 1 de enero de 1913, el nuevo servicio permitió que millones de estadounidenses pudieran acceder a todo tipo de bienes y servicios. Uno de los más insólitos, sin duda, fue la posibilidad de que los padres enviaran a sus hijos por correo.

Apenas unas semanas después de que el servicio de correo postal se iniciara, una pareja de Ohio llamada Jesse y Mathilda Beagle enviaron por correo a su hijo de ocho meses, James, a su abuela, que vivía a pocos kilómetros de distancia. El niño apenas pesaba cinco kilos, que era el límite de peso para ese tipo de envíos, y le costó a sus padres quince centavos (aunque lo aseguraron por cincuenta dólares). La historia no tardó en llegar a los periódicos y durante los siguientes años, de vez en cuando, otros padres seguían el ejemplo, sobre todo a través de rutas rurales.

Otro caso famoso ocurrió el 19 de febrero de 1914, cuando una niña de cuatro años llamada Charlotte May Pierstorff fue enviada por correo en tren, desde su casa en Grangeville, Idaho, a la casa de sus abuelos, a unos ciento quince kilómetros. Tan legendaria fue esta historia que incluso se convirtió en un libro para niños, Mailing May. Por suerte, la pequeña May no fue simplemente metida en un saco de lona, junto con el resto de paquetes, sino que viajó como otro pasajero más del tren, acompañada por la prima de su madre, que trabajaba como empleada del servicio de correo ferroviario y que probablemente ejerció su influencia para conseguir que los funcionarios locales permitieran enviar a una niña junto con el correo. Se cree que May fue enviada bajo la tarifa de un pollo, y esto, probablemente, era mucho más barato que el billete de tren.

En los años siguientes esto continuó ocurriendo de vez en cuando, gracias a los trabajadores de correos que permitían que pasara. Finalmente, el 14 de junio de 1913, varios periódicos, incluyendo el Washington Post, el New York Times y Los Angeles Times, publicaron artículos en los que se decía que la administración de correos había decretado oficialmente que ya no se podía volver a enviar a niños por correo y a partir de ahí el goteo fue cesando poco a poco.

La práctica de enviar a niños por correo puede verse como una incompetencia o como una negligencia por parte de los carteros, pero más bien habría que plantearlo como un ejemplo de cuánto dependían las comunidades rurales de los trabajadores postales y cuánto confiaban en ellos. Hay que tener en cuenta que esos trabajadores eran los únicos que se desplazaban hasta las zonas más remotas y que eran los únicos vínculos de comunicación entre esas zonas y las más pobladas.

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