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¿Qué crea exactamente el lugar ideal para escuchar música clásica? ¿Qué hace que el Wiener Musikverein de Viena sea universalmente aclamado? Es fundamental una buena acústica.

Ahora bien, ¿qué es una buena acústica? Según el director de orquesta británico Adrian Boult, la sala ideal es aquella en la que un sonido no muy agradable es recibido por el público como algo muy hermoso. En un concierto al aire libre, por ejemplo, el sonido se percibe como algo delgado y distante. Lo que falta son las paredes y el techo, que proporcionan miles de reflejos del sonido. Este rebota y reverbera por toda la sala y, por tanto, llega a los oyentes desde muchas direcciones diferentes y se esparce en el tiempo. Es precisamente esta reverberación la que hace que el sonido se enriquezca y, con el diseño adecuado, te hace sentir envuelto por el sonido.

Para ello, es necesario deshacerse del ruido no deseado y permitir así que el sonido sea claro y que proporcione reverberación y envolvencia. La insonorización es, sin duda, una buena opción, aunque implica la instalación de paneles acústicos, de espumas de aislamiento y de materiales que absorban el ruido. Partiendo de mediciones acústicas para ajustarse a las necesidades concretas, otra alternativa mucho más sencilla para mejorar la calidad sonora son las cortinas acústicas, que están hechas de un tipo de tela de alta densidad que absorbe el sonido exterior, lo que permite convertir cualquier habitación en el espacio acústico perfecto.

Los ingenieros acústicos lo saben y por eso los salones con forma de caja de zapatos son buenos lugares para conciertos, que es lo que ocurre con el Musikverein de Viena. Las paredes también se utilizan para controlar la acústica, de forma que las superficies duras reflejan el sonido mientras que las blandas lo adsorben. Las superficies ásperas también se pueden usar para dispersar el sonido en todas las direcciones, algo que podría usarse para eliminar los ecos que distraerían la atención.

Es importante dejar fuera a los sonidos del mundo exterior, que podrían ingresar a través del aire, propiciado por la estructura del edificio mismo. El Bridgewater Hall de Manchester, por ejemplo, está montado sobre resortes para ayudar a reducir el sonido estructural del tráfico y de los tranvías. Y la mayoría de las salas de conciertos modernas están rodeadas por un espacio de aire para evitar que los sonidos del mundo exterior entren en la sala y distraigan la atención de la música.

«Los científicos han encontrado evidencias de que estamos programados para percibir y disfrutar de la música, así como para vincularnos entre nosotros a través de ella», dijo Daniel Müllensiefen, profesor de psicología musical en el Goldsmiths College de la Universidad de Londres. «Esto explica por qué la música es una parte omnipresente de la experiencia humana, lo que respalda la teoría de que tiene una función muy importante en nuestras vidas». Disfrutada con la calidad adecuada, tiene un poder indudable para mejorar nuestro estado de ánimo, nuestra productividad o nuestras relaciones personales. Es por eso que es importante no descuidar el espacio donde tiene lugar este acto.

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