Durante los últimos años se ha hablado mucho de las adicciones a internet o, más específicamente, a alguno de sus contenidos. Estas adicciones conducturales, como puedan ser la adicción a videojuegos específicos, a juegos de azar, a las redes sociales, a la compra online o al visionado de vídeos, son un elemento de distracción de nuestro día a día. Y, por tanto, ‘roban’ tiempo de otras actividades o impiden que nos concentremos. ¿La adicción a internet, está erradicando el hábito de la lectura?

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A finales de 2021 Ben Wadji publicaba ‘Is internet addiction eradicating the habit of reading?’, título que he robado y traducido para esta publicación, aludiendo a su incapacidad para concentrarse al leer. “Me encontré con síntomas de abstinencia, principalmente la necesidad de abrir la computadora portátil y buscar algo en Google”, confiesa a los lectores, y se pregunta, como ya lo hizo James Williams en ‘Clics contra la humanidad’ (2021), “¿Cómo podemos recuperar nuestra capacidad de concentración?”. ¿Podemos?

Observo el historial del navegador. Hoy he abierto 159 páginas de Twitter. Es evidente que me han distraído. También es cierto que hace horas que he alcanzado mis objetivos económicos, o que el año pasado leí un libro por semana incluso usando esta red social de forma casi compulsiva. ¿Me habrá afectado? ¿Podría haber leído más? Para algunos, la única forma de concentrarse es no tener acceso a internet, señala Ben Wadji en su artículo. Eso sin duda ayudaría, en parte.

Pero también dificultaría enormemente la lectura de buena parte del contenido. Dice el ‘Barómetro de Hábitos de Lectura y Compra de Libros en España 2020’ que los españoles leen cada vez más. Incluso pese a internet, el porcentaje de personas que leen por ocio ha crecido del 57 % en 2010 al 64 % en 2020 en un crecimiento continuado desde que se tienen registros. La gente lee cada vez más, no menos. Además, los no lectores han cáido también desde que hay registros.

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Quizá la clave esté en lo que Ben Wadji llama ‘tomar conciencia’ (becoming conscious). James Williams aludía a ello con metáforas de focos y luz, y Amber Case llamaba ‘ser consciente’ (be aware). Algo para nada fácil cuando hablamos de adicciones y distracciones. Tratar internet como una droga en potencia es la aproximación que toma Ben Wadji. Con estrategias como “planificar las tareas en línea antes de abrir internet” busca un uso más consciente de la red.

No es fácil concentrarse en un libro cuando el teléfono no deja de sonar, cuando siempre hay un estímulo que satisfacer. Sin embargo, no parece que el hábito de leer se haya visto perjudicado por las adicciones online, a menos que haya frenado la adopción del hábito de la lectura. Claro, que esto es un entorno puramente hipotético. Sí se sabe que hoy se lee más que nunca, y también que hay más adictos a internet que nunca.

Quizá una de las claves, y esto da la vuelta a la tortilla, está en el hecho de que la adicción a internet es el hábito de lectura en muchos casos. La gente lee tuits y artículos a diario, y consume contenido ‘leíble’ de todo tipo, como pueda ser cómics, videojuegos con texto u otros formatos. No parece que la gente esté dejando de leer. Sí que los hábitos de lectura están cambiando. Leer de forma compulsiva quizá no sea excelente para comprender o retener el texto, aunque ese es otro tema.

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