El zodiaco a menudo se asocia a contextos dudosos. En general, se tiende a relativizar su valor cultural y se pone en cuestión su innegable papel dentro del desarrollo de la identidad occidental. A pesar de que en la cultura popular vinculamos el horóscopo para el autoconocimiento y la predicción del futuro con lo sobrenatural (con todo el debate que ello suscita), su valor antropológico es innegable. Su simbología ha estado en nuestro ADN desde el inicio de los tiempos, de una manera u otra. Además ha configurado un lenguaje recurrente en la historia del arte. Una de las pinturas más importantes de Leonardo Da Vinci, La última cena, se construye sobre la iconografía de la cábala y desarrolla su discurso a partir de la representación de los signos del zodiaco representados en los propios personajes.

La distribución de los elementos y personajes denota que la cábala no era en absoluto desconocida para Leonardo. Según el estudioso Mario Bussagli, la conceptualización aglutina una perfecta síntesis esotérica de diversas disciplinas asociadas. Además, incide en la importancia del rostro de Jesús, para el que el pintor invirtió más de diez años y sobre el que creó cientos de bocetos. La representación de las doce regiones astrológicas, han sido reconocidas e identificadas desde hace siglos y vinculadas directamente con los personajes que integran la escena.

La última cena de Leonardo, hunde sus raíces en las profundidades de la Antigüedad, en el culto a la mesa como punto de apoyo a la alimentación física y espiritual. A continuación, analizamos este emblema atemporal que, además de narrar uno de los episodios más importantes de la historia, también constituye uno de los resúmenes esotéricos más completos de Occidente.

Primera tríada

Simón

Sus rasgos fisionómicos evocan a la representación de Aries: Una frente pronunciada se une a una barba puntiaguda y a un perfil craneal afilado. Además, por otro lado, podemos ver que Simón mantiene un lenguaje corporal que denota energía, brusquedad y que le correlaciona con el perfil astrológico de Marte.

Desde un punto de vista puramente humano, Da Vinci logró hacer una representación precisa de los rasgos personales de Simón como personaje histórico. En realidad, a lo largo de toda su vida, manifestó un carácter férreo y su camino estuvo condicionado fuertemente por la guerra hasta el punto de dirigir la guerrilla de una secta Palestina contra el Imperio Romano. Simón, perdió la vida en plena lucha.

Tadeo

La densidad y el peso de su lenguaje corporal refleja la energía de Tauro. Esta queda, además, de manifiesto en una apariencia maciza, una fisonomía que evoca el ralentí, la reflexión (podemos encontrarle en una calurosa discusión). En la versión original, poseía una cabellera abundante y encanecida. Está emparentado con Venus.

Mateo

La agilidad y la elegancia definen su postura y su correspondencia analógica con Géminis queda de manifiesto en la posición que ocupan sus brazos (en dirección opuesta a su mirada) representan la contradicción y la dualidad (en la iconografía del zodiaco se suele componer de gemelos). Además, su impronta humana queda, como consecuencia, regida por Mercurio, algo que agrega un brillo juvenil e inteligente.

Segunda tríada

Felipe

El cuarto comensal representa al cuarto signo del Zodíaco que representa la transición entre la primavera y el verano. En una posición inclinada y con la manos evocando la forma de la constelación del Cangrejo, el rostro de Felipe presenta una forma esférica pronunciada y en su cuello podemos ver la forma de una media luna proyectada por su sombra. Cáncer es gobernado en cierto modo por la Luna y desde la antigüedad se le ha relacionado con este satélite.

Santiago el Mayor

Su vestuario presenta a nivel cromático visibles matices áureos, en referencia al Sol, donde se ubica la dimensión astrológica de Leo. Cada anochecer, después de muerto, inicia su travesía hacia el oeste para ocultarse tras los santuarios celtas, romanos y neolíticos de Santiago de Compostela. Este enclave se ha convertido en un punto de tránsito para los peregrinos, que hacen sus recorridos hacia el Gran Muerto desde, al menos, inicios del II milenio a. C.

Desde un punto de vista iconográfico, podemos ver en la fisonomía de Santiago una melena densa y cálida, en clara referencia al león. Además, su complexión es de tipo apolínea y su energía denota cierta tendencia a la dominación y a asumir el control.

Tomás

Su postura, especialmente, la posición de sus dedos, presenta una clara analogía con el símbolo de Virgo y, en consecuencia, con su planeta regente, Mercurio.

Jesucristo

Constituye el punto central y es el eje compositivo del cuadro. Tal y como ocurre con el Sol, Jesucristo se convierte en el centro de nuestro particular sistema solar y a partir de una postura relajada y abierta para dar, manifiesta la ecuanimidad y la perfección que está por encima de la especie humana. El punto central exacto del círculo imaginario en el que se integra se ubica en su ojo derecho, y esto no es casualidad. El ojo derecho se ha considerado a lo largo de la historia el orificio más espiritual del ser humano.

Aunque la posición de sus brazos es equilibrada y configura una estructura triangular (probablemente simbolizando la trinidad y los tres aspectos fundamentales del Logos platónico), sus palmas se ubican en posiciones antagónicas. Mientras que su palma derecha está hacia arriba, su palma izquierda se posiciona hacia abajo. Ambas podrían hacer una clara referencia a su predisposición divina a dar al ser humano, pero también recibir el mensaje de Dios. En consecuencia, la plena aceptación del destino independientemente de lo que ello conlleve a su existencia humana.

Jesús, acaba de pronunciar sus tristes y oscuras palabras y Da Vinci ha captado el momento en el que su mirada está perdida, vacía, en un punto no determinado que nos habla de serena pero triste resignación y del dolor que experimenta su alma al contemplar la vulnerabilidad del ser humano.

Tercera tríada

Juan

Libra se simboliza con una balanza y, podemos ver en Juan, una clara orientación hacia el lado izquierdo del espectador como indicio de un mal augurio. Con un aspecto venusiano y una apariencia marcadamente femenina, denota una alta fragilidad, como si el propio conocimiento del movimiento de la balanza, claramente desfavorable a Jesucristo, le arrastrarse a la dimensión humana y le alejase irremediablemente del Mesías.

Judas

Dándonos la espalda (también metafóricamente), acerca su mano tensa y nerviosa, como una garra, que, más allá de representar el símbolo de un escorpión en honor a su signo, Escorpio, refleja una violencia contenida, la agresividad de Marte. Además, su rostro presenta una nariz aguileña, propia de ave rapaz y unos ojos casi cerrados, como si se negase a ver la luz y a esconderse de las miradas. Dentro de su tensión (apretando entre su puño un pequeño bolso del que se desprenden monedas, la cuantía que ha percibido por traicionar a Jesús) puede percibirse cierto desafío que, finalmente, se desborda haciendo caer el salero y reforzando la idea de que se avecina una desgracia.

Pedro

En él podemos ver fácilmente el arquetípico Sagitario, dominado por el influjo de Júpiter, el rey de los Dioses, razón por la que se le cederá el papel de guarda y custodio de las llaves de la Iglesia en el cielo y en la tierra. Da Vinci lo representa de perfil, emulando su constelación e integrando cierto dinamismo y contraste en la composición. Su mano derecha se revuelve, sibilina, para aferrarse a un cuchillo, mientras su mano izquierda se posa cerca del rostro del desdichado Juan y envolviendo literalmente el espacio sagrado de Judas.

Cuarta tríada

Andrés

Es el primer astro del cuarto grupo que, por situarse en el área izquierda se revela como la oscuridad hacia la que el destino ha condenado a la humanidad. Representando a Capricornio, su cuerpo se revela tenso, vulnerable, mostrando las palmas de las manos en señal de rendición. De alguna manera, parece abrir la puerta a la desgracia que ya está aquí y avanza penetrando en las profundidades de las tinieblas, hacia el gélido invierno del ser humano y en perfecta armonía con su planeta regente, Saturno.

Santiago el menor

Sin éxito, trata de alcanzar con cierta desesperanza el hombre de Pedro, para evitar la detonación de su ira. Con la otra mano, se aferra a Andrés, apoyando su peso en su hombro, en representación de la fragilidad a la que le induce su incapacidad para comprender el cariz que están tomando los acontecimientos. Según la visión de Da Vinci, Santiago el Menor, también queda regido por Saturno.

Bartolomé

Bajo el influjo de Piscis, adquiere la forma de Sagitario y podemos percibir movimiento en su posición, como si se viera arrastrado a interceder en lo que parece ser el inicio de una sombría disputa. No obstante, frente a su energía patente también podemos captar cierta indecisión y, en el fondo, algo nos dice que no pasará a la acción y quedará congelado como un observador incapaz de obrar.

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