La afición por la lectura se encuentra en una grave crisis, dice la Fundación GSR en el informe ‘Jóvenes y lectura: Estudio cualitativo y propuestas’, del Laboratorio Contemporáneo de Fomento de la Lectura. Aunque las series históricas apuntan a que la evolución general de los hábitos lectores ha sido claramente ascendente, hay varias divergencias importantes:

  1. Riesgo de que los jóvenes construyan una percepción pobre y anticuada sobre el papel de la lectura en sus vidas.
  2. Competencia de otras ofertas para ocupar el tiempo personal disponible es muy eficaz a la hora de definir ofertas de ocio atractivos.

Según la Fundación GSR, hay un manifiesto “debilitamiento de la relación con la lectura por placer en la adolescencia”, franja de edad en la que se pierden lectores que luego no se recuperan en la edad adulta. Los lectores infantiles se convierten en lectores de webs y blogs o de redes sociales, y luego resulta complicado que retomen la relación con la literatura. ¿Cuáles son las claves?

jovenes y lectura

No cabe duda de que las pantallas ejercen una influencia importante en los hábitos de lectura que, además, funciona de dos formas diferentes: por un lado, abren nuevas experiencias a los adolescentes, muchas de las cuales les permiten dar con otros formatos de lectura; y por otro las continuas notificaciones les distraen en exceso y facilitan el abandono de la lectura. La opinión mayoritaria es que el uso de la tecnología está provocando cierto alejamiento a la lectura.

También es muy importante para el joven la relación de las personas cercanas con los libros. Familiares y amigos ejercen una presión enorme sobre los hábitos de lectura, tanto a favor como en contra. Casi todos los lectores habituales concluyen que “la culpa” de sus hábitos positivos han sido de personas de confianza que les han transmitido el amor por la lectura.

Llama la atención que la pandemia mundial ha propiciado un aumento del índice de lectura entre los jóvenes, principalmente como modo de evasión ante el hartazgo del confinamiento. La lectura ha sido más una vía de escape que una preferencia.

Según FGSR, el perfil del usuario juvenil es el de una mujer joven interesada casi siempre por las mismas secciones, y que suele acudir a comprar sola. El público juvenil acude muy a menudo a la librería y suelen ir con una idea muy clara de qué buscan. La mayoría de las interacciones con el librero se deben a que no localizan el volumen que buscan. Generalmente, obras en español. “En todos los casos, se advierte que aquellas familias que han acudido de forma habitual a estos espacios culturales suelen generar futuros usuarios”. Es un punto importante.

¿Qué conclusiones se obtienen del estudio?

Uno de los puntos más relevantes de la publicación de la Fundación GSR es que han separado sus conclusiones según entornos. (También merece la pena echar un vistazo a los resultados por grupos focales, mucho más amplios). Entre estos entornos se destacan:

Familia. Es la variable por excelencia en hábitos de lectura. Hay una correlación casi perfecta entre familias cuyos miembros son lectores y la normalidad con la que los adolescentes leen.

Escuela. Llama mucho la atención cómo hay consenso absoluto: al cánon literario del sistema educativo «se le atribuye la capacidad de disuadir de la práctica de la lectura». Los adolescentes no quieren leer libros que no les dicen nada, menos aún obligados.

Biblioteca pública. Es interesante descubrir cómo quienes perciben “cierta irrelevancia de los servicios públicos de lectura” ven la biblioteca pública como “un almacén con libros”; lo que a su vez les disuade de acudir y descubrir el espacio. Para muchas personas, la biblioteca pública es un “lugar de encuentro”, “una oportunidad para socializar” y “un refugio”.

Lo digital. Los móviles son una gran alternativa de ocio. Pero, al tiempo, “lo digital (y los dispositivos que lo canalizan) también es percibido como una variable coadyuvante para la lectura”.

Círculo de amistades. El joven lector puede ser considerado un “friki” y el círculo de amistades puede convertirse en un elemento que fomenta la ocultación de la lectura. Al tiempo, puede convertirse en un elemento de unión y afinidad.

El confinamiento. El confinamiento de 2020 aportó mucho tiempo para leer, pero es desde el aburrimiento desde doned se ha encontrado la biblioteca familiar.

La forma en que enseñamos y transmitimos la literatura es clave a la ahora de formar nuevos hábitos relacionados con los libros. Algo de lo que, por otro lado, ya se tenía constancia.

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