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El poder terapéutico de la palabra escrita, tanto desde la lectura como desde la escritura, está más que demostrado. Prueba de ello son conceptos como los de literapia y biblioterapia, cuya efectividad está comprobada por diferentes estudios. El poder curativo de la palabra va más allá de la salud mental y, bien utilizado, es capaz de aportar beneficios también al cuerpo. Sin embargo, cuando se habla de la facultad curativa de la literatura, la poesía es probablemente el género en el que menos se piensa, tal vez porque siempre se le ha considerado el menos asequible. Pero como dijo la poetisa turca Maram al-Masri, «la poesía debe ser accesible a todo el mundo porque es un lujo del alma».

Precisamente interesados en la efectividad que tiene la poesía para combatir la soledad, particularmente durante el período inicial de aislamiento de la pandemia de Covid-19, David Haosen Xiang y Alisha Moon Yi escribieron un artículo en el 2020 en el Journal of Medical Humanities, explicando su experiencia dirigiendo talleres de poesía. Xiang y Yi, entonces estudiantes de la Escuela de Medicina de Harvard y la Universidad de Harvard respectivamente, exponen una serie de estudios que muestran los beneficios de leer, escribir y escuchar poesía para la salud. Ambos señalan cómo se ha demostrado la capacidad de la poesía para combatir el estrés y los síntomas de depresión, además de reducir el dolor, tanto crónico como después de una cirugía, y mejorar el estado de ánimo, la memoria y el rendimiento laboral.

Otro estudio, este de 2021, publicado por la Academia Estadounidense de Pediatría mostraba cómo 44 niños hospitalizados, a los que se animó a leer y escribir poesía, vieron reducidos el miedo, la tristeza, la ira, la preocupación y la fatiga. La poesía fue una distracción del estrés y una oportunidad para la autorreflexión, concluyeron los investigadores.

El poder de la poesía para brindar consuelo y mejorar el estado de ánimo durante períodos de estrés, trauma y dolor parece tener mucho que ver con la perspectiva. Como dispositivo creativo, los poemas ralentizan nuestra reacción a una experiencia y pueden alterar nuestra percepción de ella, de forma que nos ayudan a encontrar nuevos ángulos desde los que afrontarla. Así mismo, puede fortalecer nuestro sentido de identidad y conectarnos con las experiencias de los demás, fomentando nuestra empatía.

«La naturaleza abstracta de la poesía puede hacer que sea más fácil observar de cerca las experiencias dolorosas, que pueden parecer demasiado amenazantes para abordarlas de manera directa y literal», escribió Linda Wasmer Andrews en un artículo sobre la práctica de la terapia de poesía en Psychology Today. Es más, también puede provocar respuestas emocionales determinadas. En un estudio de 2017, los investigadores evaluaron las respuestas psicofisiológicas de 27 personas al escuchar poesía en voz alta. Esas respuestas físicas estaban conectadas con el área de detección de recompensas del cerebro, se explicaba en el estudio.

Al fin y al cabo, como escribió el también poeta francés Joseph Roux, «la poesía es la verdad con su ropa de los domingos».

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