“Esta ella erguida. Sus pies pequeños y desnudos, blancos como la plata, se reflejan en el negro espejo de mármol debajo de ella. Su cabello, medio suelto para el tocado de noche al salir del salón de baile, se enrolla entre una lluvia de brillantes, circundando su clásica cabeza en rizos parecidos a los del jacinto. Un ropaje blanco como la nieve y tenue como la gasa parece ser la única envoltura de su delicado cuerpo…”

La cita, Edgar Allan Poe.

La sonámbula (1871) es un cuadro pintado por el prerrafaelita John Everett Millais (1829/1896). En él vemos a una joven que viste un níveo camisón blanco, con su melena suelta, camina descalza al borde de un acantilado, bajo la pálida luz de la luna, mil peligros la acechan, está a merced de cualquiera…, aislada completamente de todo, lo que la hace más vulnerable ante el peligro sobre todo si tiene que ver con la lujuria.

En la época victoriana gustaba mucho los temas relacionados con lo sobrenatural y lo fantasmagórico, solo tenemos que fijarnos en la cantidad de cuentos de los llamados góticos que se escribían, los sonámbulos entraban en la categoría de sobrenatural pues se encontraban a camino entre el mundo de los vivos y los muertos, si a eso se le sumaba como el caso que nos ocupa que la protagonista de tal sonambulismo era una joven inocente y virginal el tema adquiría tintes eróticos muy difícil de entender en los tiempos que corre y que sin embargo en época victoriana era el paradigma de la sensualidad.

El erotismo tal y como se entendía en aquel siglo estaba íntimamente ligado a la muerte y el sueño, el gran Edgar Allan Poe unos años antes nos hacía unas magníficas descripciones de ese concepto de amor en cuentos como “Ligeia”, “ Morella” o “ Berenice” , donde además las protagonistas eran mujeres, que parecían provenir de otro mundo, un mundo irreal y misterioso como la chica del cuadro y que tanto despertaba la imaginación de los señores en aquellos años.

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